La industria de los periódicos, nacida en el siglo XIX de la mano de la revolución industrial, se ha acabado. Los cambios tecnológicos y la crisis económica global amenazan su supervivencia si no afrontan una reforma a fondo. En este contexto, EL PAÍS se refunda y pone en marcha un gran cambio cultural para ganar en competitividad manteniendo su independencia. Así lo anunció el martes su consejero delegado, Juan Luis Cebrián, a la Redacción, durante una reunión en la que estuvieron presentes todos los directores que ha tenido el periódico desde su nacimiento, en 1976 (el propio Cebrián, Joaquín Estefanía, Jesús Ceberio y Javier Moreno), además del director general desde hace diez años, Pedro García Guillén.
“En cinco años, con toda seguridad existirán periódicos escritos. Dentro de 10, si se hacen las cosas precisas, a lo mejor, probablemente sí. En 15, no estoy seguro de que sigan existiendo tal y como los conocemos. Existirán si luchamos para que existan”, explicó Cebrián. Y para ello, la empresa ha diseñado “un nuevo modelo organizativo” que persigue modernizar la estructura de producción del diario y se materializará el próximo 1 de marzo. De esta manera, EL PAÍS se convertirá en una empresa de producción de contenidos de calidad para papel, Internet y teléfonos móviles. Para llevar a cabo este proceso Cebrián anunció la integración de las redacciones de papel y de Internet. Hasta ahora, los trabajadores de ELPAÍS.es están vinculados a Prisacom, empresa que agrupa las actividades en Internet de los medios de comunicación del Grupo PRISA. Esta nueva compañía estará compuesta por alrededor de 500 trabajadores.
La nueva organización supone la creación de otras dos empresas: una de ellas prestará servicios administrativos, tecnológicos, recursos humanos y distribución (en la que trabajarán 200 personas) y otra aglutinará el área de producción y asumirá tareas relacionadas con rotativas, papel, cierre y mantenimiento (con unos 150 empleados). Las tres empresas se ubicarán en edificios de la actual sede de EL PAÍS en Madrid. “Es un plan de supervivencia”, insistió Cebrián.
El diario se asegura así, según ha explicado Cebrián, “su presencia futura en el proceso de formación de la opinión pública y de construcción del universo cultural y socioeconómico que ha supuesto desde la Transición tanto en España como en Latinoamérica”. “Es la única forma viable para que dentro de 10 años siga existiendo, y para ayudar además a la supervivencia del resto de la prensa escrita”, ha añadido.
Este proceso se llevará a cabo sin una reducción de empleo y permitirá a la empresa ganar competitividad y garantizar su futuro en el contexto de una crisis que ‘puede dejar pequeña la depresión de los años 30’, según Cebrián. ‘La tasa de mortalidad de los periódicos es altísima. La fiesta ha terminado para todos y habrá que ser consecuentes. La crisis es coyuntural pero también hay que afrontar cambios estructurales en la prensa’ ha explicado Cebrián, y ‘un periódico con la influencia de EL PAÍS debe tener capacidad de reflexión’ y ‘no permanecer impasible porque está en juego el derecho a la información de los lectores’.