¿Desde qué año trabaja en África?
Desde el 2008 estoy radicado en Johannesburgo y soy corresponsal de France 24 entre otros medios, en los cuales abordo temas como la migración, el conflicto y la realidad política de la región y temas culturales. He colaborado en medios como The Sunday Times, Semana, El Malpensante, entre otros.
Y en el ámbito de la gestión cultural, ¿qué proyectos ha emprendido para la colaboración cultural entre África y Colombia?
En 2011 gestioné la gira de Sidestepper por Sudáfrica y la presentación de la banda de rock surafricana Black Jacks en Rock Al Parque. Posteriormente, también impulsé la gira de Bomba Estéreo y La 33 por África, así como la participación de sellos discográficos colombianos independientes como Llorona Records en los festivales y encuentros en África.
¿Qué ha sido lo más difícil de esta gestión cultural en el Sur Global?
Luchar contra los prejuicios y la desinformación de lado y lado del Atlántico. Hace algunos años, tanto en Sudáfrica como Colombia no conocíamos de las escenas culturales de cada país. Por ello, con un grupo de colombianos que trabajamos en África decidimos emprender la fundación Otro Sur e hicimos la primera muestra de cine colombiano en Sudáfrica, con películas como “La gente de la Universal”, “Retratos en un mar de mentiras” y “Los colores de la montaña” –estas últimas son películas que narran experiencias del conflicto con creatividad, profundidad y dignidad- y encontramos una gran receptividad entre los asistentes, así como un profundo interés por conocer mucho más de nuestro país. Después de eso, quisimos repetir el experimento, entonces decidimos hacer una muestra de cine africano, pero en Colombia, y ahora, cinco años después, la Muestra Itinerante de Cine Africano (MUICA) cierra su tercera edición.
Háblenos un poco más del interés de los colombianos por África…
En nuestro país hay un profundo interés por los orígenes, y no sólo por parte de los afrocolombianos, sino también de la academia, de los artistas, de los intelectuales. MUICA ha sido un éxito en las ciudades en las cuales ha tenido lugar como Cali, Buenaventura, Cartagena y Bogotá. Tenemos mucho que aprender de cooperación cultural en el Sur-Global. Sin embargo, en Colombia tenemos muy poco acceso a la voz de los artistas y autores africanos. En nuestros medios de comunicación hay muy poca información de primera mano desde una perspectiva africana.
Cuéntenos un poco más sobre las proyecciones en Buenaventura…
Nosotros tratamos de que la MUICA sea como un recipiente que sirva como centro de reflexión, que sirva de puente para que exista una colaboración en el Sur Global. La curaduría que realizamos se especializa en que se relacione con los temas de la realidad colombiana y se construya un diálogo. Este año tenemos un documental llamado Silas, que aborda la vida de un activista liberiano que tiene que luchar contra las transnacionales, la minería ilegal y extractiva, la corrupción, si se quiere, un retrato clarísimo de lo que está sucediendo en algunas partes de Colombia. Cuando proyectamos esta película en Buenaventura tuvimos un conversatorio con líderes locales, y algunos de ellos habían trabajado con Temístocles Machado, esto generó una relación de identidad muy valiosa.
¿Qué lecciones nos deja el fin del apartheid para la reconciliación de los colombianos?
Si bien el apartheid acabó sobre el papel, y el Congreso Nacional Africano (CNA) subió al poder, las diferencias económicas no han cambiado. La mayor parte de la población vive en la pobreza, y Sudáfrica, luego de 25 años de la llegada de la democracia sigue presentando exclusión. Las figuras de antaño, que eran claves para la credibilidad del proceso de transformación han ido desapareciendo. Y el país de Mandela, pasó de conocerse como la nación del arcoíris a la nación de la protesta por la carencia de servicios públicos básicos en gran parte del país. El fin del apartheid representa un nuevo camino que está lleno de esperanza, pero también lleno de obstáculos, algo muy similar a la situación actual de Colombia. La lección es que, aunque exista un acuerdo sobre el papel, se requiere un esfuerzo enorme de todos los sectores, políticos y sociales, para poder avanzar hacia una nueva etapa.
¿Por qué la fundación eligió el cine como la herramienta para construir estos puentes culturales en el Sur-Global?
Porque el cine usa otras herramientas artísticas como la música y la fotografía. Además, el cine es una expresión cultural que nos permite tener una perspectiva muy subjetiva, a través del cine se puede identificar las voces de los realizadores africanos. La selección de obras ofrece un panorama general de África que no pretende abarcar todo el continente, sino que quiere abrir una ventana a su gran diversidad de realidades.
¿Qué fue lo más innovador y satisfactorio de la muestra que cierra esta semana?
El cierre incluye tres largometrajes de ficción que han sido muy bien acogidos por el público. Uno de ellos es Historia de nuestras vidas (Stories of our lives), película LGBTI de Kenia, en la que participó uno de nuestros invitados, Sunny Dolat, quien impartió algunos talleres durante la presentación del evento. Otra película es el primer largometraje del músico y productor de Ghana ´Blitz The Ambassador`, llamada “El entierro de kojo”, considerada por The New Yorker como uno de los mejores estrenos del año, y que tuvimos la oportunidad de presentar por primera vez en Colombia. Y por supuesto, Five Fingers For Marseilles, una película que tomó 10 años en su rodaje, y que a través de una historia de vaqueros hace una mirada a la sudáfrica postapartheid. Complementando las proyecciones, tuvimos paneles y debates con invitados locales y africanos que comparan el contenido de las películas con el contexto colombiano. Este diálogo es parte escencial de la MUICA. Igualmente, la exposición fotográfica Angola Cinemas y la muestra de realidad virtual New Dimensions (de realizadores de Ghana, Kenia y Senegal), enriquecen el horizonte sobre la creatividad de artistas africanos en nuestro país.