Su mejor inversión.
La casa donde vivo. Mis amigos ayudaron a pagarla.
¿Qué tan malgeniado es?
Tengo carácter, que no es lo mismo que mal carácter.
¿Qué quería ser cuando niño?
Beisbolista profesional en E.U.
La crónica que mejor le quedó.
Se titula Isabella Gossaín Ricci Abdallah. Es el único ser humano que tiene doble letra en cada uno de los nombres, tiene 22 años y es mi hija.
Una buena historia.
La resurrección de Lázaro, tal como está contada en el Evangelio de San Juan. Me hubiera gustado cubrir esa noticia.
Su primera noticia.
La noche de 1970 cuando el presidente Lleras mandó a los colombianos a dormir.
Su mentor.
Le debo tanto a tanta gente en la vida, cada día de mi vida encuentro tantas manos tendidas, que si debo mencionar a uno, que sea José Salgar El Mono, mi primer jefe de redacción.
Un lugar de su casa para pensar.
El inodoro.
¿Qué libro está leyendo?
Ya no leo; ahora releo.
¿En Colombia ya se acabó el recreo?
Pero si está comenzando.
Su columnista de cabecera.
Alberto Aguirre, de Cromos.
Su primer negocio.
Y el último: cambiar ventajosamente una rana muerta por un trompo en buen estado.
Una chiva inolvidable.
Siete de la mañana de un jueves de octubre, en 1982: Atención. Gabriel García Márquez acaba de ganar el Premio Nobel.
¿Qué tan uribista es?
No soy uribista ni antiuribista: soy periodista.
¿Qué le da susto?
Los relámpagos.
¿Y qué le da gusto?
Resolver crucigramas.
Un olor.
El de la tierra caliente humedecida por la lluvia. Huele a pan.
La frase que describa su pueblo.
Una lengua de tierra con el río en un costado y el mar en el otro.
¿Pensó salirse del periodismo?
Sí, 142.865 veces.
El mejor periodista.
Si se tratara sólo de reflejar la realidad, el mejor periodista sería el espejo del baño.
¿Después de su profesión qué?
El mar y la luz eléctrica.
Una mujer despampanante.
Según el diccionario, despampanante es aquello que nos deja perplejos. En ese sentido, voto por Yidis Medina, de espaldas, disfrazada de Mata Hari, en la carátula de Soho. Perplejo es poquito.
Un viaje.
Odio viajar. Amo mi rutina. Detesto el avión. Soy aburrido. Soy un neurótico.
Un tema mal cubierto por el periodismo nacional.
La primeras liberaciones de secuestrados desde Villavicencio. Parecía la Vuelta a Colombia en bicicleta.
El mejor y el peor funcionario de este gobierno.
Sé que el peor es el Ministro de Agricultura. Contra lo que él y la gente creen, no es un clon de Uribe, sino una caricatura.
El día más feliz de su vida.
El día en que mi nieto aprendió a decir alcatraz.
La mejor página que ha leído.
La página de Antígona en que Sófocles describe el cadáver insepulto de Polinices.
¿Qué lo divierte?
La brisa, el sol, una sonrisa de mujer, oír cómo crece la hierba.
Una virtud que le faltó.
La paciencia.
Su pupilo.
Yo no me considero maestro de nadie. Sólo aspiro a no ser un mal ejemplo para nadie.
Un licor.
Whisky con hielo y mucha agua.
Una película.
Psicosis, de Alfred Hitchcock.
¿Es hábil para la tecnología?
Para eso soy torpe. Sé prender un televisor, pero no apagarlo.
Una fiesta de nunca acabar.
El gobierno de Uribe.
Un equipo de fútbol.
No soy aficionado al fútbol, sino al Junior.
Un vallenato.
Elegía por Jaime Molina de Rafael Escalona.
Su pasión oculta.
Aprender a tocar el acordeón vallenato. Nunca pude. Dios sabe cómo hace sus cosas.
La crisis binacional más grave que recuerda.
La de aquella fragata en el gobierno Barco. Virgen Santísima…
Un día de tensión profesional.
Todos los días, a las 4:00 a.m., cuando me levanto a trabajar.
¿Le cree a Yidis?
No, ni a Yidis ni a ninguno de ellos. He aprendido que un periodista no es más que un incrédulo bien informado.
¿A ‘Tasmania’?
Depende. ¿Estamos hablando de cuál de sus catorce versiones diferentes sobre un mismo tema?
Algo que nunca debió cambiar
No estoy seguro de que haber salido de San Bernardo del Viento para Bogotá haya sido buena idea. Hoy estaría criando ganado, con ocho hijos y una esposa que supiera cocinar, jugando billar y bebiendo cerveza.