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Ecos de Colombiamoda

¿Qué tan conveniente resulta para la moda unir varias ferias bajo el mismo techo?

31 de julio de 2013 - 06:30 a. m.
Desfile de Silvia Tcherassi en Colombiamoda. / Nelson Sierra – El Espectador
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“Levantamos las losas negras del piso y las cambiamos a la terraza opuesta, donde estaban las blancas, de manera que quedara todo el piso oscuro, tal y como lo quería Haider Ackermann”, me explica Felipe Espinosa, el productor de 3cero2 encargado de acometer el exigente desfile que el diseñador francés realizó en Medellín el lunes 22 de julio, evento con el que se inauguró Colombiamoda 2013 a más de 70 metros de altura sobre la ciudad, en un ambiente marcado por la penumbra, el viento y el consiguiente misterio. Una noche sofisticada con modelos nacionales y la camaleónica Tina Swinton desfilando bajo el ritmo cadencioso y grave de Leonard Cohen.

La anécdota es relevante si se tiene en cuenta que el instituto Inexmoda invirtió US$500.000 de los $8.000 millones de pesos del costo general de la feria (financiados por la empresa privada y la Alcaldía de Medellín) para lograr que el diseñador que ocupa buena parte de los titulares de moda en el mundo detuviera la mirada en Colombia, país en el que nació hace cuarenta y un años. Y es que la azotea del edificio inteligente de EPM, muestra del empuje empresarial de los paisas, se convirtió por arte de magia y el esfuerzo silencioso de más de trescientas personas en el escenario que sirvió de pasarela para mostrar un resumen del trabajo realizado por el diseñador en los últimos diez años. Un año de intensas labores precedió a la muestra.

Ochocientas personas tuvimos la fortuna de presenciarlo y constatar en qué consiste la irreversible tuerca que tiene Ackermann entre sus manos: un estilo personalísimo basado en abordar la moda desde la emoción más honda. En otras palabras, es un Yves Saint Laurent del siglo XXI. Viajado por África como el legendario modisto francés, elegantísimo, profundo y vital como él. Ackermann no muestra fatiga ante la comparación por inevitable. Él mismo ha confesado que desde que inició sus estudios de diseño de moda en Bélgica soñó con el maestro. Quizá por eso se arremolina en un sillón de cuero y habla sobre sus viajes de infancia con sus padres adoptivos y cartógrafos por el norte del continente africano. Poco a poco, Ackermann devela algo de su método: que sobre todo utiliza sus piernas para trabajar, porque camina arriba y abajo en el estudio en París a donde nadie entra salvo su equipo más cercano; que siente que sus raíces son colombianas (oh, sorpresa, primera afirmación pública en ese sentido); que el amor es lo que guía sus acciones e intenciones; que la adrenalina posterior a un desfile es infernal. En definitiva, el acercamiento más íntimo a un verdadero “hombre de moda” como Ackermann fue posible gracias a su presencia en Colombiamoda 2013.

¿Cómo, entonces, explicar que convivieran la contundente fuerza de Haider Ackermann y la revelación de talentos jóvenes que dejan sin aliento con una propuesta comercial enorme, agitada y confusa como la que se vivió en buena parte del espacio del recinto ferial Plaza Mayor en Medellín? La respuesta no tiene que ver con la moda sino con los números.

Y es que la industria nacional, solamente considerada desde el punto de vista creativo, no tiene sino un futuro restallante. Basta haber apreciado el fabuloso desfile de Silvia Tcherassi en el Museo de Arte Moderno de Medellín, deslumbrante con sus mujeres épicas; apreciar a Renata Lozano y Carolina Sepúlveda con su moda “silenciosa” y llena de personalidad; constatar el apoyo que empresas como Falabella y Éxito están dando a los diseñadores colombianos, o dejarse sorprender por la capacidad e iniciativa de jóvenes y desconocidos talentos promovidos acertadamente desde la Colegiatura de Medellín o en la pasarela de El Cubo.

Pero este año la integración de “tres ferias en una”, como tanto se publicitó, dando cabida a Textiles 2 —una muestra de materias primas—, Moda para el Mundo —la presencia de la confección popular— y el resto del ensamblaje compuesto por patrocinadores y promotores de la industria de moda, junto a los vendedores de comida, logró algo inaudito en la luminosa ciudad de la primavera: aturdir por completo a la audiencia que iba, por lo menos, buscando moda, moda en el sentido de la disciplina que es. Ahí está la angustia, el afán. ¿Era necesario copar el espacio físico con stands de toda clase, no permitir un centímetro libre para gozar del espectáculo de las montañas del Valle de Aburrá y de la urbe que tanto se empeña en salir adelante? Las protestas del sindicato de Leonisa y las ofertas de rumbas con niñas escorts a las afueras del recinto de Colombiamoda, la constante promoción de pasta de dientes y los aeróbicos realizados en pleno calor del mediodía por abnegados jóvenes, le quitaban sabor a… ¿a qué veníamos?

Sin embargo, las cifras exhibidas por Inexmoda muestran desde luego el abnegado trabajo del equipo que lidera desde hace cinco años el presidente ejecutivo de la entidad, Carlos Eduardo Botero, y la musculatura de la industria en el país: US$250 millones en oportunidades de negocios, 65.000 visitantes, 1.788 compradores internacionales, 27 pasarelas inéditas, con la asistencia de más de 30.000 personas, y 15.000 asistentes a las conferencias en el Pabellón del Conocimiento Inexmoda-UPB.
Entonces, debido a este ingente esfuerzo, me permito la siguiente pregunta: ¿qué es lo que precisamos exactamente: un evento fisicoculturista o una muestra más sobria del poderío nacional en materia de moda, donde no sea necesario unir en simultánea a todos los atletas?

@sillaverde www.sentadaensusillaverde.com 

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