Llegó a los Estados Unidos sin un peso, huyendo de la inopia de la isla cubana, con sólo una valija llena de partituras y un inglés que no le permitía ni pedir permiso. Hoy, ocho años después, su nombre, Alfredo Rodríguez, es uno de los grandes referentes del latin jazz, no sólo en este país sino en el mundo entero.
Recién vuelve de una intensa gira por Asia, donde presentó su segundo disco, The Invasion Parade, un álbum lleno de la fuerza y el ecléctico sabor de la música afrocubana y el jazz que lo han hecho famoso, acompañados de sutiles toques electrónicos con invitados de lujo como la bajista y cantante estadounidense Esperanza Spalding, el bajista búlgaro Peter Slavov y el percusionista y cantante cubano Pedrito Martínez.
En Los Ángeles nos sentamos con este pianista, compositor y arreglista de 28 años, al que muchos consideran el Art Tatum del latin jazz, para hablar de su música, su obsesión con Cuba, el coraje de vivir en el exilio y, por supuesto, su nuevo disco, prensado bajo el prestigioso sello Mack Avenue, de su productor y mentor, Quincy Jones.
Lo obsesiona improvisar. ¿Cuál es la atracción de ese tipo de inspiración?
Nuestra vida cotidiana es un acto inconcluso de improvisación. Dejo que esa energía marque mi música casi como un lienzo en blanco, para dictar a partir de lo que siento allí, en el escenario, la interpretación precisa. Esto le da cabida a un arcoíris de colores y sonidos que de lo contrario serían imposibles de alcanzar en la estrechez del método y de las piezas musicales finitas. Así que trato de expresar en ese lenguaje quién es Alfredo Rodríguez y lo que tiene que decir con su música. El vértigo de la creación es la mejor inspiración.
Fue esto lo que sin duda le robó el sueño a Quincy Jones, uno de los productores más talentosos y míticos que tiene el mundo de la música.
Fue algo increíble. En 2006 viajé a Suiza invitado a tocar en uno de los festivales más importantes de jazz en el mundo entero, el Montreux Jazz Festival. Luego de mi concierto se acercaron para invitarme a una fiesta privada en la casa de uno de los fundadores del festival y allí me invitaron a tocar. En medio de todos estaba Quincy Jones. Al final se me acercó y me dijo: “Tenemos que trabajar juntos cuanto antes”, sin saber que yo vivía en Cuba y que por lo menos en ese instante era imposible. A mi regreso a La Habana comprendí que no podía dejar pasar la oportunidad. Le envié un mail diciéndole que allí estaría como fuese.
¿Fue más miedo o coraje lo que lo llevó a saltar la frontera entre México y Estados Unidos?
Fueron los dos, sin duda: fue un salto a lo desconocido. No sabía qué podía ocurrir si me atrapaban, que de hecho ocurrió. Una vez allí fue valentía, pues era muy difícil dejar atrás a la familia, los amigos, mi novia. Cuando se vive en un isla se sueña con salir, pero el día que lo haces realmente conoces su precio.
Ahora vive en Los Ángeles y viaja por todo el mundo, sin embargo, sus composiciones siguen teniendo un sabor cercano a Cuba y a sus raíces. ¿Es esta una forma de conciliarse con lo que dejó atrás cuando abandonó la isla?
A Cuba siempre la voy a llevar tatuada en la piel. Allí nací y viví por 23 años. Lo que soy viene de ese maravilloso lugar y sus vivencias. Soy un orgullo de mi sangre, mis raíces. Mi música siempre va llevar el color de la isla. Es un amor para toda la vida, aun cuando supe que tenía que dejarla para salir en busca de nuevos sonidos y nuevas culturas.
¿Por qué “el desfile de la invasión”? ¿A qué hace referencia el título de este segundo disco?
Se refiere a un carnaval que se toma cada año Santiago de Cuba, conmemorando la invasión del ejército de la liberación que marcó el final de la Guerra de Independencia cubana. Una fiesta en la que la gente se toma la calle con instrumentos y comienza a hacer música de forma colectiva, en señal de fiesta y liberación. Explosiva emoción: así es este disco, una invasión de colores y ritmos.
¿Cómo es eso de que el piano es un órgano infinito, con el cual lo puede hacer todo?
Bueno, pues he estado hablándole al oído desde que tengo seis años. La mayoría de mis días durante cuatro horas, religiosamente. Es mi mejor amigo, mi confidente, por no hablar del hecho de que el piano no es sólo un instrumento melódico, es multifacético, con él puedo hacer percusión y llevar cualquier tipo de ritmo. Es un instrumento completo e infinito.
¿Cuáles son los proyectos ahora?
Sigo con la promoción de The Invasión Parade durante la primera parte del verano, con una gira por toda Europa para luego volver a casa y cerrar la temporada en la Costa Oeste. También estaré presentando en el Festival de Música Clásica de Sun Valley mi nueva serie de música sinfónica, seguido por el nuevo material para el nuevo disco de mi trío y mi quinteto. Pero sin duda es un nuevo proyecto musical, que funde las raíces afrocubanas con música electrónica, la que me tendrá el verano y el resto del año trabajando.