Este miércoles se inauguran en Cartagena el XV Congreso y Asamblea de la FIO, el encuentro iberoamericano de
¿En qué se raja el país en derechos humanos?
Todavía no hemos logrado convertir en realidad las disposiciones que hemos ido adoptando. Por ejemplo, no hemos avanzado suficiente en la implementación de la Ley de Infancia y Adolescencia. Sin haber sido reglamentada, ya se está proponiendo su modificación.
¿Qué es la FIO?
La Federación Iberoamericana de los Ombudsman es un foro de discusión que agrupa a los defensores del Pueblo de Iberoamérica. Propone articular metas comunes y formular iniciativas y recomendaciones para avanzar en la protección de los derechos.
¿Cómo lograr que estos encuentros trasciendan el campo de la discusión y se traduzcan en hechos reales?
Socializamos las recomendaciones que surgen de nuestros encuentros y señalamos a los Estados las responsabilidades que les corresponden.
¿Cuál es su mayor expectativa en la asamblea anual de la FIO?
Uno de los mayores retos es desarrollar una agenda común en los temas de seguridad ciudadana y en la problemática de los migrantes y del refugio como preocupaciones que afrontan nuestras sociedades.
¿Cuál es la población más vulnerable de Colombia?
Los desplazados por la violencia, nuestros pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y otros grupos sociales estigmatizados.
¿Qué es lo más difícil de ser Defensor del Pueblo?
Enfrentar las expectativas de la ciudadanía sin disponer de las herramientas institucionales que se requieren.
¿Y a usted quién lo defiende?
El pueblo y los usuarios de la Defensoría que a diario acuden a esta institución como la única instancia.
¿ Cree que el desplazamiento está siendo erradicado?
Ha disminuido la tendencia de los desplazamientos masivos, pero han aumentado los desplazamientos individuales.
¿Y qué va a pasar con el tema de los falsos positivos?
Es necesario que se identifique a los responsables con las pruebas correspondientes.
¿Cómo vamos en el tema de sindicalistas amenazados?
Hemos avanzado en las medidas de protección, aunque hace falta más presupuesto y hacer esfuerzos mayores que permitan combatir la impunidad.
¿Qué le gusta hacer cuando no está al frente de la Defensoría?
Tengo una inclinación irreprimible por leer libros y textos de historia y sucumbo a la fascinación de ediciones antiguas.
De no ser abogado, ¿qué le hubiese gustado ser?
Siempre quise ser abogado. Mi otra pasión es la historia y la lingüística. Entre otras, le he dedicado tiempo al estudio del pensamiento bolivariano, a la separación de Panamá y la historia de Venezuela, quizá por haber nacido en la zona de frontera.
El mejor momento del día.
Las 7:00 a.m., cuando desayuno con mi esposa, oigo la radio y leo los periódicos.
¿Que colecciona?
Desde mi adolescencia colecciono modelos de ajedrez que he logrado reunir de diversas nacionalidades y en distintos materiales como la cerámica, el bronce y el cristal; algunos me parecen obras de arte.
¿Qué le gustaría hacer cuando termine su labor como Defensor?
Continuar en la lucha por los derechos humanos en otros escenarios y darle continuidad a lo que he hecho siempre.