¿Cómo comenzó la fundación?
Fue un esfuerzo de varios años acompañando a pacientes en el Instituto de Cancerología. Primero fui cercano al problema para reconocer las necesidades.
¿Qué lo llevó a emprender iniciativas sociales?
Soy de la época de los hippies, estaba en la búsqueda de un gran cambio en el mundo.
¿A qué lo llevó ese pensamiento?
uve la oportunidad de viajar a la India en busca de nuevas cosas. Allí se sembró una semilla en mí que me hizo preguntarme por qué suceden ciertas cosas.
¿En dónde encontró la respuesta a esas preguntas?
En las enseñanzas budistas. Entendí que estoy en el mundo porque seguramente hay muchas personas a las que debo ayudar.
¿De qué manera esa filosofía le ayuda a afrontar su día a día en la fundación?
El budismo es una de las enseñanzas menos materialistas. Permite entender que la inversión en aliviar el dolor del otro es realmente satisfactoria sin importar cuánto sea.
¿Cuál es la gran enseñanza que le ha dejado su práctica?
Que todos los momentos son pasajeros. Siempre tendremos que hacer planes para el futuro, pero nunca debemos apegarnos a ellos.
¿Qué es lo más importante dentro de una fundación?
Muchos creen que el amor y la pasión. Pero considero que antes está lo económico, pues sin ello es difícil sacar proyectos adelante.
¿Cómo inició su estadía en Colombia hace casi 40 años?
Rápidamente conseguí trabajo como jefe de ingeniería de una multinacional. Reconozco que lo logré porque era extranjero y no precisamente porque fuera más calificado que otros colombianos.
¿Por qué dejó su trabajo para crear la fundación?
Sentía que algo me hacía falta. En una de las empresas que manejaba había una señora que tenía una sobrina con cáncer. En alguna ocasión la acompañé a visitar a la niña, y entonces cambió mi vida. Comencé a acercarme a niños con esta enfermedad, hasta que sentí que lo que realmente quería hacer era dedicarme a ayudarlos.
¿Cuál es la filosofía de la fundación?
Buscamos generar el sentimiento de que la enfermedad es tan sólo una parte pequeña de la vida. No podemos dejar que lo sea todo.
¿En qué consisten las actividades que hacen los niños en la fundación?
Considero que no debemos ocupar 100% su tiempo para que no piensen en la enfermedad. Pero sí nos preocupamos porque su tiempo esté enfocado en la educación, que es lo que puede abrirles puertas para el futuro y los hace pensar en el valor que tienen como personas.
¿Qué es lo más difícil de su labor en la fundación?
Hay cosas aterradoras. Muchos de los niños que viven acá tienen situaciones familiares complicadas. Para algunos, el cáncer se convierte en descanso, porque los hace alejarse de lo que les atormenta.
¿Cómo llegan los niños a la fundación?
Son remitidos por el Instituto de Cancerología y algunos otros sitios que conocen nuestra labor.
¿Cómo evalúa la atención a enfermos de cáncer en Colombia?
Como en el resto del mundo, un desastre total. Sin embargo creo que recientemente se ha puesto más atención en facilitar los trámites para obtener un mejor tratamiento de la enfermedad.
¿Cómo se financia la fundación?
Desde el principio me mentalicé para que a estos niños no les faltara nada. Tenemos un personal grande y todos son contratados, así que los costos son altos. Afortunadamente hemos tenido éxito con el apoyo constante de empresas privadas, como la empresa de publicidad TBWA, que hace poco lanzó la campaña Rapador por Dharma.
Aparte de la fundación, ¿a qué más dedica su vida?
A mi familia, y cuando no estoy en la fundación apoyo a personas adultas enfermas de cáncer.
¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que le ha dejado esta experiencia?
Son muchos. La fundación es una caja de enseñanzas.