Con su insolente gusto por la belleza, un día el diseñador italiano Garavani Valentino sentenció que el rojo era “el color más hermoso que podía llevar de noche una mujer”. La frase bastó para que durante 45 años, ese tono encendido no sólo cobrara su impronta (Rojo Valentino), sino que además se convirtiera en el fiel asistente de los banquetes más selectos. Fue precisamente a ese delirio por el color carmín, al que le dijo adiós este miércoles durante su último desfile en la semana de la moda de París.
A sus 75 años, después de deslumbrar al mundo en repetidas ocasiones, Valentino, el millonario Valentino, deja las pasarelas, para ocuparse “de la jardinería” y empoderar la aguja en vestidos de la ópera y el ballet. La retirada de este grande entristece al mundo de la moda, sobre todo a esas consumidoras excelsas de sus vestidos vaporosos, femeninos y siempre románticos, entre las que se contaron desde Audrey Hepburn y Lyz Taylor, hasta Brooke Shields y Gwyneth Paltrow. Pero su partida deja además claro que son muy pocos –tal vez sólo Giorgio Armani y Karl Lagerfeld– los que quedan de la era dorada que precedió a estos tiempos de “moda globalizada”. Tiempos que el mismo Valentino define como de “una moda de alta comercialización dirigida por contables y ejecutivos de marketing”.
Con una fama cosechada desde Jackie Kennedy, que lo eligió para que le confeccionara el vestido con el que le daría el sí a Onassis, y con un emporio millonario que lo ha llevado a tener más de 49 boutiques en todo el mundo, Valentino predice que la moda será un negocio que de seguir así, irá hacia el fracaso. “Me aburre bastante seguir en un mundo que no me dice nada. Hay poca creatividad y demasiado negocio”, dijo a los diarios italianos sin ningún titubeo antes de dar inicio al último show sobre sus amadas pasarelas francesas.
Tal vez por eso se retira este italiano elegante y de cara enrojecida, porque como ha sido común entre las grandes casas de moda, los emporios económicos, que se han convertido en sus verdaderos dueños, empiezan a demandar nuevos aires, aires con los que diseñadores de vieja usanza, como el conservador Valentino, sin duda ya no están dispuestos a lidiar. Sin embargo, el creador vivo más famoso de Italia se retira al mejor modo inglés “cuando la fiesta está más llena”. El grupo Valentino Fashion, que fue vendido por primera vez en 1998 y recientemente fue adquirido por el fondo de inversiones británico Permira, no ha parado de recibir dividendos, sobre todo por concepto de la venta de los perfumes Vendetta y Very Valentino.
Pero, ¿cuánto afectará a la marca la retirada de su fundador? El conglomerado económico parece estar preparándose para demostrar que entiende tanto de moda como de negocios y por eso ha elegido a la joven y también italiana Alessandra Fachinetti para que sea la nueva dama del glamour.
El reto es grande, porque el estilo Valentino va más allá de vestidos airosos, lazos grandes, medias bordadas y la inicial V en botones y escotes. La heredera tendrá que entender que cada prenda confeccionada por este maestro del dedal tenía que ver con un modo de ser mujer, con “practicar frente al espejo para caminar siempre erguidas” como solía recomendarles a sus clientas, con “sentarse en diagonal y jamás dejarse caer como una piedra sobre el sofá” y sobre todo con la habilidad de reconocer que toda esta parafernalia “no es nada natural, pero ¡funciona!”, como él le confesó a la prensa una y otra vez.
Fachinetti deberá saber además que para seguir asegurando la permanencia de la marca entre las predilecciones de las más bellas y ricas, habrá que recurrir a una extensa baraja de al menos 50 variedades de vestidos para la alfombra roja de Hollywood, tan típicas de las colecciones Valentino, que mutarán entre túnicas de seda, voluptuosos drapeados y cortes en forma de triángulo. Y por supuesto serán infaltable los otros 50 trajes masculinos en cachemir pastel o fino paño para los galanes del espectáculo.
Sin embargo, con cuatro décadas menos que Valentino, la nueva heredera no se muestra como ninguna novata. Pasó por Miu Miu y Prada. También por la casa Gucci, en donde dirigió la línea creativa para mujeres, y aunque su estancia no fue muy prolongada, porque sus creaciones eran mucho más suaves y menos atrevidas que las que venía imponiendo Tom Ford, su siguiente paso por la casa Monder terminó de demostrar que Fachinetti es toda una revelación en las pasarelas.
Valentino Fashinon Group al menos parece estar muy convencido de que es la creadora “que mejor puede interpretar la continuidad e imagen que caracterizan la marca en el mundo”. El diseñador, por su parte, confiesa que aún no ha sostenido una charla profunda con ella y que espera que encuentre el mejor camino para guiar la marca, sin que eso signifique que no se arrepienta “de no haber tenido tiempo, ni ganas, para crear un heredero”. Pero sin un heredero natural igual será muy difícil que esa fascinación tan suya “por ver a una mujer bella bajar una escalinata con un vestido largo”, desaparezca.
Así, vestido de traje y corbata oscuros y con un último majestuoso desfile en el museo Rodin de París que le valió la ovación de más de 800 invitados, el impecable Valentino se retira de las pasarelas con una convicción: “Quise enseñar qué es realmente la alta costura, porque muchos lo hacen, pocos son los que saben hacerlo y muchos deberían intentarlo de nuevo”.
Línea del tiempo
1932. En mayo 11, nació Garavani Valentino en Voghera, Italia
1951-56. Trabaja como asistente de Jean Desses y Guy Laroche
1959. Regresa a Italia y abre su tienda de Alta Costura
1967. Tiene su gran éxito con su colección “todo de blanco”.
1968. Le diseña el vestido de bodas a Jakie Kennedy para su boda con Aristóteles Onassis.
1997. Crea su perfume Very Valentino
1998. Vende su marca
2001. Julia Roberts elige uno de sus vestidos para recoger el Oscar a la mejor actriz, por su papel en Erin Brockovich