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Alicia vestida para las maravillas

La diseñadora colombiana Amelia Toro convierte la famosa obra de Lewis Carroll en vestidos cortos y complejos abrigos.

19 de febrero de 2010 - 08:59 p. m.
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Son tiempos de crisis económica y muchos diseñadores de modas han respondido a la alta dosis de incertidumbre con austeridad. En las pasarelas internacionales se han visto desfilar telas menos ostentosas, vestidos cortos que requieren de tan solo unos cuantos metros de material y estilos que dejan claro que la sentencia es: ¡cualquier exceso será condenado! Sin embargo, este gesto, que podría ser leído como uno de los pocos avistamientos de racionalidad en el artificioso mundo de la moda, ha terminado por traer, de mano de la prudencia, pasarelas aburridas y faltas de creatividad.

Ha habido, por el contrario, unos contados diseñadores que han decidido responderle a la tan temida recesión y a la crisis de paradigmas con una bofetada de fantasía, gritando con vestidos ensoñados, complicados y novedosos que hay que regalarle sueños a una sociedad que se agrieta por dentro.

Por suerte, Colombia cuenta con una diseñadora que, aunque estuvo detrás de que alguien le patrocinara su proyecto durante año y medio, creyó en su intuición creadora y se empecinó en dar a la luz una colección salida de todo lo esperado. Amelia Toro regresa a las pasarelas colombianas después de un par de intensos años, mostrando sus vestidos en Los Ángeles y México, y vuelve para regalarles a sus compradoras ensoñación pura.

La afamada historia de Lewis Carrol llevada al cine infantil por Disney, Alicia en el país de las maravillas, se convierte en manos de Amelia Toro en vestidos negros y blancos —como el juego de ajedrez—, en jardineras con flores bordadas, que cobran volumen como origami, o en vestidos azules que juegan con las pintas de la baraja de la tiránica Reina de corazones. “Trabajamos con una fábrica en Italia y desarrollamos una tela que he bautizado ‘Alicia’. Ella, que se pierde entre bosques y jardines, dio origen a un estampado muy interesante que lo imprimo en diferentes calidades de material”, comenta la diseñadora, que confiesa que esta colección fue la oportunidad para explorar otras siluetas capaces de rescatar esa niña curiosa, inquieta, casi molesta que las mujeres llevan por dentro. “Uno no sabe de dónde vienen las cosas, pero cuando miras en retrospectiva recuerdas que en tu casa se tomaba el té, se jugaba ajedrez y los horarios eran estrictos y entonces te das cuenta de que Alicia irrumpe en tus creaciones porque de alguna manera has sido ella siempre”, añade Amelia.

El Sombrerero loco y el Conejo han aportado, por su parte, todos los cortes estructurados, la geometría, las chaquetas de cinturas finas y cuellos refinados que llevadas al mundo hiperfemenino de Alicia han terminado por dar origen a abrigos con cinturas afinadas por cinturones anchos, a vestidos con cuellos voluminosos que simulan lechuguillas y mangas cortesanas.

Como ha sido costumbre en el trabajo de esta diseñadora, en medio de lanas finas y cortes vanguardistas aparecerán bordados artesanales y algunos tejidos tradicionales como las molas de los cunas, elementos étnicos que se acercan a la fantasía de Alicia de forma imperceptible, como si siempre hubieran hecho parte de ese mundo irreal. Estarán ahí porque después de un arduo trabajo la diseñadora encontró, en algunos trabajos genuinos de los indígenas, tejidos y bordados que se acoplaban perfectamente a su apuesta por traer a la realidad a la pequeña rubiecita.

Esta colección, en la que la lycra será reina y los corazones rojos se harán visibles , se presentará el próximo martes en los jardines de la Embajada de Francia.

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