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Álvaro Tirado Mejía: “No hemos investigado bien la historia del siglo XX”

El reconocido abogado y defensor de los derechos humanos habla de la nueva edición de su libro “Aspectos políticos del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo 1934-1938”, una obra clave para comprender la política colombiana.

12 de diciembre de 2018 - 09:00 p. m.
Álvaro Tirado Mejía dice que en los 70 se metió de lleno a hacer una investigación sobre Alfonso López Pumarejo. / Luis Benavides
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¿Quién era Alfonso López Pumarejo?

Un personaje con un conocimiento extraordinario del país y con una ventaja sobre muchos otros políticos contemporáneos; por circunstancias de nacimiento, conoció la vida internacional. Se educó en los Estados Unidos y en Inglaterra. Además, recorrió el país como negociante de café y dirigió un banco estadounidense en Colombia, que como él mismo decía, a través de esa relación comercial “trajo más dinero a Colombia que la indemnización que le dieron al país por Panamá”. López era un hombre con una gran sensibilidad social, creía que al país había que descubrirlo, modernizarlo y democratizarlo.

¿Cuál es el origen del libro?

El libro fue resultado de una investigación que hice en los años setenta para ser profesor titular en la Universidad Nacional. Investigué este tema, precisamente, porque hay un gran interés en la historia colonial, pero creo que no hemos investigado bien la historia del siglo XX en el país. Conocemos muchos trabajos importantes sobre la violencia, pero se han descuidado las primeras décadas. El libro, Aspectos políticos del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo 1934-1938 en su primera edición fue publicado por Procultura, y la cuarta fue publicada por la Universidad Nacional.

¿Cómo fue el proceso de creación de esta obra?

En el ambiente académico de los años setenta, la figura de Alfonso López no era tan apreciada, se decía que había retrasado la llegada del comunismo a Colombia y se hablaba de él como si fuera un mito. Como a mí no me gustan los mitos, me metí dos años, con ayuda de dos estudiantes, en los archivos de la Biblioteca Nacional. Me leí toda la prensa de esa época, entre ellos los periódicos El Espectador, El Siglo, El Tiempo, el periódico de la UNIR, los Anales del Congreso, entre otros documentos que mostraban el accionar de López durante su primer periodo.

¿A qué se refiere?

El Gobierno de López, como la denominada Revolución en Marcha, representó un proceso que revolucionó las instituciones en el país, entrando en choque con una visión sumamente arcaica de la política que había aquí. Fue una modernización revolucionaria, no al estilo ruso o mexicano, sino con sello propio, en el marco de los idearios liberales, porque supo interpretar los cambios necesarios en el país.

¿Qué temas fueron claves durante este periodo del primer gobierno de López?

Muchos de los temas que fueron centrales para su administración en dicha época continúan siendo claves hoy, aunque no sean los mismos, porque la historia no se repite, pero siguen latentes, como el tema agrario, que fue central en los acuerdos que se firmaron en La Habana. El problema del centro periferia, que se había intentado resolver con el federalismo, seguía latente, entonces López buscó impulsar la cultura y el acercamiento entre las capitales y las regiones y el tema de la educación, una de sus grandes apuestas .

¿Háblenos más acerca de la visión de López sobre la educación en el país?

Para López Pumarejo, la educación era un tema de vital importancia y por ello fue que dotó a la Universidad Nacional de una verdadera ciudad universitaria. López concebía a la educación pública como un tema de obligación constitucional, fundamental e integradora de la sociedad y del país, por eso la apoyó decididamente. Fíjese usted, muchas décadas después, nos encontramos en un paro estudiantil que todavía piden compromiso del Gobierno con la educación pública.

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Pero fue una tarea muy ardua, porque la educación estaba mayoritariamente en manos de los religiosos….

Sí. Alfonso López Pumarejo revolucionó las instituciones, pero tuvo que luchar contra muchos prejuicios, logrando así promover el ingreso de la mujer a la universidad, que, aunque fueron pocas, abrieron el camino para las jóvenes de hoy. Pensemos en el rol del Estado laico, no antirreligioso, que tuvo que delimitar la intromisión de la iglesia católica frente a la educación. Esta labor se debería repetir hoy frente a los nuevos movimientos religiosos que quieren inmiscuirse en la educación y tienen una amplia influencia política; mire lo que sucedió en Brasil, con el poder, estos grupos ultramontanos que eligieron a Bolsonaro.

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¿Encontrará el lector novedades en esta cuarta edición de su libro?

Sí, por supuesto. En esta cuarta edición, editada por la Universidad Nacional, dirigida por Gustavo Silva Carrero, pusimos mucho énfasis en ofrecerles a los lectores herramientas pedagógicas que permitan interpretar mucho mejor el periodo. Se trata de una nueva edición en pasta dura, con muy buen papel y letra muy legible, en la que se incluye como prólogo un amplio concepto proferido por el historiador Germán Colmenares y además, tiene tres apéndices, un índice biográfico que tiene más de 150 referencias de personajes de la época, un índice onomástico y un índice temático.

 

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