¿Por qué hay que leer su libro?
Porque relata experiencias únicas e inolvidables de la realidad colombiana.
¿Qué hay en él que no tengan los otros del mismo género?
Tal vez más profundidad y poesía.
La historia más absurda que se encontró en Bogotá.
Qué más absurdo que los casos de los falsos positivos, en los que se da de todo: crimen de Estado contra los más desprotegidos y esperanza de justicia.
La que no ha podido contar.
Tantas. Por ejemplo, la de Gustavo Sastoque, el incriminado por la muerte de Hernando Pizarro Leongómez.
La más complicada de escribir.
La otra emboscada en Miraflores, por los periodistas involucrados.
¿Por qué ‘Crónicas de guerras y guerreros’?
Los guerreros de mi libro se niegan a participar en la guerra, pero los obligan.
¿Qué tan guerrero se considera?
El que más, armado con mi portátil.
Una imagen de la guerra que nunca podrá borrar de su mente.
La de los jóvenes masacrados en Ciudad Bolívar en 1990.
El mejor cronista de Colombia.
Nuestro maestro sigue siendo Germán Castro Caycedo. No hemos sacado todo el jugo a sus lecciones.
El viaje que más recuerda.
Todos los de ‘El viajero’ en 2005 con CM&, desde Aracataca (la tierra del Nobel) hasta Armero (Tolima), con cuyas anécdotas preparo un libro.
Una anécdota de la guerra.
Cuando íbamos con el fotógrafo Meléndez (El Gota) cubriendo para Colprensa el sepelio de Pablo Escobar en Medellín y dos sicarios en moto nos amenazaron. El Gota se tiró al tapete del taxi, llorando. Creí que hasta ahí habíamos llegado.
Su primera crónica.
La de José Urrego, un zanquero y titiritero en mi barrio, publicada en la revista El Tizón en 1985.
La mejor que ha leído.
La guerra del fútbol, de Kapuscinsky, que cuenta la historia de una guerra que enfrentó a El Salvador y Honduras porque uno de los dos había perdido 1-0 la eliminatoria al Mundial de 1970.
De las que usted ha escrito, ¿cuál ha sido la que más le ha gustado?
Radiografía del Divino Niño, porque en esa parroquia sigue oliendo a chocolate y encontré las palabras justas que hablaran de ese olor.
La que tiene en mente.
La de las emisoras comunitarias en Bogotá, que al fin van a estar en el dial.
Lo mejor de enseñar.
Entusiasmar a los pupilos con la crónica y luego descubrir verdaderos talentos.
¿Por qué se le escapó el Simón Bolívar?
Una vez nos lo ganamos con Andrés Nieto Serpa cuando trabajábamos en “Panorama” de Producciones JES, en 1997, pero la estatuilla la tiene Julio Sánchez Cristo. Antes y después, he estado entre los nominados. No obstante, seguiré participando.
Una buena escuela de periodismo.
La reportería en la calle y en los campos.
El mejor periodista del país.
Varios, por fortuna: Javier Darío Restrepo, Guillermo González Uribe, Hollman Morris, Daniel Coronel.
Su mentor.
Javier Darío Restrepo, si mentor es alguien que es un modelo de periodista.
¿Prensa o televisión?
Prensa y televisión, indistintamente. Cuando escribo para prensa trabajo escenas, cuando lo hago para la televisión también.
Un proyecto.
Dirigir un programa de crónicas en la televisión colombiana.
¿Cómo despertar el amor por la crónica en los jóvenes?
Leyendo a los mejores: Germán Castro Caycedo, Carlos Monsiváis, Juan José Hoyos, Ryszard Kapuscinsky, Jhon Lee Anderson.
Las cualidades de un buen periodista.
Honestidad con su propia conciencia y con sus fuentes, cultura, enfoque, tono, sensibilidad, saber investigar y saber narrar.
¿Grabadora o memoria?
La grabadora, por si las moscas el entrevistado se echa para atrás. Pero si la grabadora falla, una buena memoria.
Su pasión escondida.
El cine. Sueño con que cada crónica pueda ser el guión de una película, como lo logró póstumamente Felipe González Toledo.
Si no fuera periodista ¿Qué le hubiera gustado ser?
Leerles cuentos a los sordos, a los niños y a los abuelos.
Su pasatiempo.
jugar baloncesto para desestresarme.
Defina vanidad.
La peor de las enfermedades del periodismo colombiano.
Política.
La del Polo, con Gaviria y con Petro.
Realidad.
Alimento diario de periodistas y escritores, por más dura que sea.
Violencia.
Barro derretido en el que patinamos hasta que los usurpadores de la paz nos lo permitan.
Ryszard Kapuciski.
Un reportero nato, un narrador eficaz, faltó que le dieran el Nobel.
¿Qué le da guerra?
Historias.
¿Para qué sirve la guerra?
Para repudiarla.
¿Por qué dicen que usted es un especialista del dolor?
¿Eso dicen? Quiero ver a mis personajes desde el dolor, el amor y la ternura.
¿Y no le dan miedo las balas?
¿Cómo no? Me escondo y salgo al rato, cuando hayan cesado los disparos.
¿En qué se inspira para escribir?
En un compromiso con los colombianos de hoy y del futuro.
Su rutina para escribir.
Primero sumergirme hasta el cogote en el pedacito de realidad que quiero narrar. Luego escribir como un desaforado. Después corregir.
Lo más difícil a la hora de escribir.
Encontrar las palabras que correspondan a la vitalidad de los colombianos.
¿Qué es mejor estar cerca o lejos de la realidad?
Primero respirar la realidad, luego transformarla en relatos, con potencia y musicalidad.
Aparte de la crónica ¿qué otro género periodístico le gusta?
El reportaje, el perfil.
¿Crónicas, cuentos o poemas?
Crónicas, cuentos, poemas y novelas.
¿Qué le ha dejado su labor de cronista?
Las ganas de convertir las crónicas en un género estético y leal a la realidad.
¿De verdad que los medios informan desinformando?
Los medios informan lo que han convenido con el poder, salvo excepciones.
¿Por quién se haría poeta?
Por ti.
¿Por qué dice que los militares no devuelven un favor?
Hay que leer la crónica que lleva ese título. Ocurrió en La Palma, Cundinamarca, donde los militares no devolvieron un favor que les hizo una médica.
¿Qué no le puede faltar en un viaje?
Llevar todos los sentidos abiertos: escuchar, ver, sentir, comprender, como lo pedía Kapuscinsky.
¿Periodista, escritor o profesor?
Todo a la vez, así nos toca a muchos, o si no pregúntele a Jorge Cardona.
Lo mejor y lo peor de trabajar con Pirry.
Lo mejor, que es muy ilustrado… en los brazos; lo peor, que no haya estudiado periodismo.
¿La libertad de expresión existe en Colombia?
Cada periodista debe construirla día a día, como una vez le escuché a Javier Darío Restrepo.
¿Y qué tan bien paga esa la labor de escritor en Colombia?
Mi libro de crónicas se agotó en dos años. Estoy buscando una reedición.
Un amanecer inolvidable.
Los de Bogotá cuando son despejados y se ven los tres nevados del sur de Colombia.