La romería de veintinueve peregrinos hacia el santuario de santo Thomas de Canterbury se hizo menos ardua con una jornada de cuentos de ida y vuelta que alivió los pasos, alimentó la imaginación y, en algunos casos, le dio rienda suelta a la magia del erotismo.
Un caballero, una monja de oratorio, un fraile, un estudiante de Oxford, un carpintero, un cocinero, una mujer de Bath, un marinero y un jurisconsulto hacen parte de la galería de personajes que integran los Cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer.
Pero es quizá la comadre de Bath, casada cinco veces, la que más picante le puso al duro camino.
Los estudiosos de la obra ven en ella una representación de la sátira contra las mujeres cuando la humanidad se acercaba al 1400.
Antes de echar el cuento, la charlatana esgrime argumentos muy osados para dejar entrever que cinco maridos no son necesariamente suficientes para llenar el balde de las pasiones. “Veamos al sabio rey Salomón.
Bien creo que tuvo más de una mujer (ya quisiera yo que Dios me hubiera permitido refocilarme la mitad de veces que ese rey)”.
La vecina de Bath, una ciudad del sudoeste de Inglaterra, celebra sus cinco matrimonios y hasta afirma que está lista para un sexto marido porque “quiero, como casada, emplear mi instrumento tan libremente como Dios me lo ha dado”. Aunque frases como estas parecieran ponerla del lado de la defensa de la institución matrimonial, su discurso está salpicado de mucha crítica, especialmente dirigida a las mujeres que, como ella, provocan tribulaciones a los hombres.
Después del discurso, la mujer entra en materia. Cuenta la historia de un hombre que, para salvar su vida de la pena de muerte a la que ha sido condenado por un grave delito, debe averiguar en un año y un día qué es lo que las mujeres desean más.
Buscando la respuesta encuentra de todo: ser libres y hacer lo que les plazca, hacerse ricas, la honra, tener buenos vestidos, los placeres del lecho, enviudar una y otra vez para volverse a casar, y un largo etcétera. Al final, la respuesta se la da una anciana mujer y puede salvar su vida.
“Las mujeres desean en todas partes tener autoridad, tanto sobre su marido como sobre su amante, y estar por encima de ellos en poder. Este es vuestro mayor deseo”.
Chaucer, poeta, soldado y caminante, escribió los Cuentos de Canterbury treinta y seis años después de El Decamerón de Boccaccio, y aunque algunos creen que hay mucha imitación en la forma, nadie desdice de la grandeza de su narración.