Lo que más le gusta a Inbal Segev del chelo es el contraste. Su instrumento tiene la suficiente profundidad para soportar cualquier intervención encima, pero a su vez, y dependiendo del ejecutante, adquiere la sutileza para romper con el sonido de una orquesta sinfónica, y esa cualidad es realmente escasa en las sesiones de vientos y maderas en grandes formatos musicales.
Muchos años de racionamientos y de procesos mentales le representaron a la artista israelí determinar qué era lo que la apasionaba tanto de su instrumento desde que, cuando niña, lo escuchaba en jornadas completas bajo la asesoría de su mamá, quien quiso dedicarse al chelo y por cuestiones accidentales terminó involucrada con las blancas y negras del piano.
Horas enteras dedicaba Inbal Segev a los álbumes de los más destacados chelistas del mundo, y gracias a su consagración pudo establecer que su instrumento no suena, más bien canta. Durante su debut con la Filarmónica de Israel y luego de su presentación con la Filarmónica de Berlín, antes de cumplir 17 años, llegó a la conclusión de que la magia del chelo estaba relacionada con su similitud a la voz humana.
“Tocar con estas orquestas fue una experiencia que me llenó de humildad porque eran formaciones fantásticas. Los músicos podrían ser solistas cada uno. Desde entonces no me he sentido tan cómoda con una orquesta. No tenía que hacer nada para facilitarle el trabajo a la orquesta, sino que ésta hizo que todo fuera más sencillo para mí. Y Zubin Mehta es el director más fabuloso que uno se pueda encontrar en el camino. Yo era joven, tal vez demasiado, pero ahí pude establecer mil cosas”, comenta Inbal Segev, quien confiesa que le debe mucho al violinista ucraniano Isaac Stern, a pesar de nunca haber sido su discípula. Él la escuchó en una oportunidad y sin pensarlo dos veces tomó el teléfono y llamó a la Universidad de Yale, Estados Unidos, para que la tuvieran en cuenta para una de sus becas.
Ya en América la chelista en formación tuvo que afrontar un duro choque cultural. Vivió un año en la casa de su maestro para perfeccionar el inglés. Allí se acordó de que en su país los alumnos llaman a los profesores por su primer nombre porque se trata de una sociedad muy igualitaria. En Estados Unidos, en cambio, no sucedía lo mismo y era hasta mal visto que una joven de 16 años se relacionara de manera espontánea con sus docentes. A pesar de las adversidades, su talento se destacó y la chelista se presentó en el Carnegie Hall, de Nueva York, interpretando una obra del compositor francés Henri Dutilleux.
“Desde que debuté en América pienso que como solista hay una mayor libertad. Pero al mismo tiempo hay que ayudar a que la orquesta vaya con uno o a ir a donde los demás se dirijan. Y generalmente hay sólo un par de ensayos antes de cada presentación. En cambio en el formato de cámara uno logra conocer mucho más a la gente; no se trata tanto de uno solo, sino también de los demás. Y esto resulta muy satisfactorio y enriquecedor para el músico”, cuenta Inbal Segev, quien hace unos años fundó el Trío Amerigo y a raíz de esta experiencia ha descubierto que lo que más le gusta es hacer parte de conjuntos de cámara.
La israelí toca un chelo elaborado por Francesco Rugeri en 1673. Persiguió el instrumento por más de dos años en lugares como Londres y Nueva York. Finalmente llegó a Chicago, en donde se enteró de que un músico de la Sinfónica de esa ciudad lo estaba vendiendo y se lo compró sin tener en cuenta el valor de esta joya sonora.
“Lo que me parece más atractivo de este chelo que tengo ahora es el color del sonido que provoca. Es increíble, pero este instrumento tiene el poder de acompañar una orquesta y sabe muy bien cuándo tiene la misión de figurar y cuándo le corresponde la dura labor del respaldo. Además, no es muy grande, pero tampoco muy pequeño, y eso es magnífico”, dice Inbal Segev, quien agrega que le gusta llevar de la mano a todo aquel que quiere ausentarse del mundo por el tiempo que dura una canción o una sinfonía.
Viernes 26 de julio, 8:00 p.m., Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, calle 170 Nº 67-51. Información y boletería: www.primerafila.com.co.
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