Write-A-House es una fundación de Detroit (EE.UU.) que busca impulsar la actividad literaria. Entre sus actividades más comunes están la lectura de textos en público y la publicación de una revista y un blog. A esta serie de actos se suma uno más, uno muy singular: entregar una casa a medio derruir a escritores que deseen dedicarse a la escritura. La condición es sencilla: los escritores deben encargarse del arreglo de la casa y vivir en ella por lo menos dos años.
“No será Beverly Hills, pero quizá esté muy bien”, escriben en su página web. Esa afirmación es consecuencia de la intensa crisis que vive Detroit desde julio del año pasado, cuando la ciudad se declaró en bancarrota. En otro tiempo, Detroit fue incluso más que Beverly Hills; durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudad se convirtió en uno de los motores de fabricación de aviones, camiones y barcazas. Desde los años cincuenta, sin embargo, ha perdido cerca del 50% de su población y poco a poco ha devenido en una ciudad fantasma. Ahora Write-A-House quiere renovarla: crear una cimentada sociedad de escritores que den un nuevo aire a la ciudad.
Por eso propone a los escritores de EE.UU. y del mundo esta idea por completo alejada de los parámetros comunes de las residencias de escritores, que permiten a los artistas permanecer en una ciudad, con todos los gastos pagos y por un tiempo determinado, para que se dediquen a su actividad. Su propuesta es todo lo contrario: no les pagarán por nada (de hecho, deberán poner de su propio bolsillo para pagar los impuestos anuales y los seguros), pero a cambio poseerán una casa y residirán en la ciudad cuanto deseen.
“La ciudad podría utilizar un poco más de su energía para la escritura”, le dijo Toby Barlow, fundador de Write-A-House, a Los Angeles Times. Con este objeto, la fundación pone a disposición tres casas de casi 100 metros cuadrados bautizadas The Apple (la Manzana), The Blossom (la Flor) y The Peach (el Durazno). Si todo sale como debería, cada año se entregarán tres casas.
De ese modo, dice la fundación, los escritores aportarán en dos vías: por un lado se integrarán al entorno literario de Detroit (asistiendo a lecturas públicas y dando a la imprenta sus escritos) y, por otro, liderarán la reconstrucción de la casa con el grupo Young Detroit Builders, una asociación sin ánimo de lucro que desde 1996 enseña a los jóvenes habilidades profesionales en construcción y educación.
Esta zona, de hecho, tiene ya un precedente artístico: en 1997, Gina Reichert (arquitecta) y Mitch Cope (artista) fundaron Design 99, una fundación dedicada a crear experiencias arquitectónicas y estéticas que involucran a los ciudadanos. Establecida primero en una tienda no muy amplia, la sociedad se trasladó hace algunos años muy cerca de las residencias de Write-A-House. De modo que este sector, al norte de Detroit, ha buscado en el arte una cura a la fuga de ciudadanos.
¿Qué requisitos presupone la residencia en Detroit? Los interesados deben enviar tres páginas con material de escritura, una biografía y un texto de dos párrafos donde argumenten su deseo de estar en la ciudad. De ser elegidos, deberán acreditar sus pagos de impuestos y también cierta flexibilidad crediticia. Los escogidos deberán vivir en la casa por dos años; después de ese período, la casa pasará a su nombre y podrán residir en la ciudad. Write-A-House se encargará, también, de presentar a los elegidos en las redes de trabajo de la ciudad y publicar sus textos en la revista literaria de la fundación dos veces al año. Esperan que, de este modo, la literatura, como las casas, se asiente sobre esa tierra.
Para conocer todo el programa de residencia, visite www.writeahouse.org.