Está regalando el acceso para ver sus películas “Saluda al diablo de mi parte” y “Al final del espectro”. ¿Por qué las regala y no las cobra?
Porque la idea es hacer este encierro un poco más llevadero, pero también hacerlo de la manera más democrática posible. Tampoco la subimos a las plataformas digitales porque queríamos que el acceso no tuviera intermediarios.
¿En qué países se pueden ver las películas?
En todo el planeta, el acceso es global. Están en Vimeo y la clave de Al final del espectro es tulipan y la de Saluda al diablo de mi parte es sotavento.
¿Ha tenido alguna retroalimentación de la iniciativa?
Sí, ha habido alguna retroalimentación. Mucha gente le tiene cariños a estas dos películas y al verlas de nuevo nos han escrito. Algunos que no las habían visto también nos han contactado. Es chévere que la gente las vea después de tantos años, sobre todo Saluda al diablo de mi parte que toca un tema tan relevante de los últimos cinco años.
¿Es también una oportunidad para que nuevos públicos conozcan las obras?
Las dos son películas que llevan mucho rato por fuera del alcance del público colombiano, y siempre es bueno que la gente conozca la historia del cine que se ha hecho. Saluda al diablo de mi parte, por ejemplo, nunca salió en DVD en Colombia ya que la empresa que compró los derechos nunca estuvo interesada en hacerlo. La única manera de conseguirla en Colombia es pirata.
“Saluda al diablo de mi parte” se estrenó en 2011. Casi una década después, ¿cómo percibe la historia, le cambiaría algo?
Afortunadamente la historia sigue siendo relevante, es más, creo que es más relevante en este momento que hace 10 años. Teniendo en cuenta todo lo que ha pasado con el proceso de paz y la temática de la reinserción. Sobre qué le cambiaría, sólo hay un plano que me gustaría tener más largo, de resto creo que dijimos todo lo que queríamos decir en ese momento. A modo personal, me gusta distanciarme de las películas en la medida en que son representaciones de lo que pensaba o quería en ese momento en particular, así que hoy en día no las veo como una obra en desarrollo a la cual le cambiaría cosas, sino como una ventana a lo que yo era hace unos años, por eso no le cambiaría nada, no es porque las considero perfectas, todo lo contrario, disfruto de esas imperfecciones.
“Al final del espectro” es de 2006. Ya que en Colombia no hay muchas películas de suspenso, ¿cómo cree que se sitúa su filme en la narrativa cinematográfica nacional?
Siempre es bueno recordarnos a nosotros mismos que el cine que hay que hacer es el que uno quiere hacer y no el que el resto está haciendo. En esa medida, Al final del espectro nos ayudó a entender a nosotros (y a algunos espectadores) que el cine de género local también tiene cabida en el mercado cinematográfico nacional e Internacional.
Después de hacer la película me encontré con muchos jóvenes frustrados queriendo hacer cine de género, pero que no encontraban la posibilidad de hacer el cine que les gusta porque es difícil que los fondos públicos financien ese tipo de películas. Por eso es bueno que constantemente salgan películas así, que nos recuerden que existe cine para todos los gustos, y que si uno le va a dedicar energía a algo que sea a algo que a uno le gustaría ver en cine.
¿Cuál es su percepción sobre el consumo digital actual?
Me encanta lo que está pasando porque tenemos acceso a casi cualquier producto a nivel mundial y sin tanto intermediario. Yo crecí en una época en la que si querías ver cine coreano te tocaba quedarte con las ganas. Hoy en día las plataformas digitales ofrecen un contenido diverso, mientras que por otro lado, el contenido que los exhibidores de cine quieren mostrar es cada vez menos diverso. En un multiplex de diez salas pasan sólo dos películas, y no les interesa mostrar más. Sin la distribución digital, prácticamente el cine queda reducido a la nueva gran franquicia.
Para usted el streaming ofrece alternativas…
Mucha gente critica a Netflix como si fuera el causante del fin de los teatros y no es así, el fin de los teatros lo están causando los mismos teatros al darle la espalda a las películas que no son de los grandes estudios. Netflix, Amazon y los otros servicios vinieron a aprovechar el mercado al que los teatros le estaban dando la espalda, o sea, casi todas las películas que se hacen.