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Cocinando por la paz

El antioqueño adelanta un trabajo de reconciliación entre los soldados heridos en combate y los desmovilizados valiéndose de la fundación que creó con el mismo nombre de su negocio. Dice que la responsabilidad de la paz no está en el político de turno, sino en cada colombiano.

04 de julio de 2014 - 10:15 p. m.
Juan Manuel Barrientos tiene tatuadas 21 estrellas en el cuerpo, que simbolizan a su familia, la muerte y los valores que rigen su vida. / Andrés Torres
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La fundación El Cielo creó el proyecto ‘Cocinando por la paz’, el cual busca el perdón entre las partes del conflicto armado. ¿Cree usted que hay un verdadero deseo de reconciliación?

Es un proceso personal, no se puede estandarizar, es lento porque tienes que hablar con el soldado entre una y diez veces solo para que el decida sentarse a ver si perdona o no perdona, y del otro lado también hay mucho dolor por las vidas que se llevaron y el miedo debido a que la sociedad no los ha logrado aceptar. Cuando se logra hacer realmente se perdona de corazón, porque no hay momento de mentiras, conoces a una persona que representa el mayor dolor de tu vida y uno no puede fingir, o perdona o no.

¿Cómo nace la idea?

Arrancamos con los proyectos sociales capacitando a sordomudos y luego entramos a capacitar soldados heridos en combate y cuando empezó el actual proceso de paz, el onceavo que se adelantaba con las Farc en los 50 años, nos dimos cuenta de que era mucho más importante caer en la cuenta de que la responsabilidad de la paz no está en el gobierno o en los militares de turno, sino en cada colombiano. Cuando uno logra unir los dos extremos, deja sin argumentos a todas las personas que están en el medio que no quieren perdonar.

¿Qué papel juega la cocina en todo el proceso?

Como muchos de los oficios, es de pasión. Eso les permite tener puntos de encuentro y discusión. Es un momento en que el amor por la cocina permite tener comunes denominadores que antes no tenían en la guerra y también factores diferenciadores de manera tranquila que les permitan discutir, dialogar y generar tejido a través de propuestas de nuevos platos. Es una relación de compañero de trabajo, pero esa pasión les permite que el proceso sea auténtico.

¿Cuál es la receta para la paz?

Es hacer la paz consigo mismo, primero cada uno para poder hacerla con el otro.

¿Qué ingrediente no debe tener la paz?

El dolor. Nosotros pagamos el precio de la guerra con dolor, ahora tenemos que pagar el precio de la paz con perdón.

¿Cuál sería el plato que unifique todas las partes del conflicto?

Uno que tenga en cuenta las opiniones de todos. Este es un país que debe tener la capacidad de aceptar las diferencias, cualesquiera que sean.

¿Qué les cocinaría a ‘Timochenko’ y a Mancuso?

A Timochenko le cocinaría algo del campo. A Mancuso le cocinaría algo supremamente sencillo, porque creo que los paramilitares nacieron como una respuesta a la ausencia de Estado y en un inicio, al igual que cuando nació la guerrilla, podían tener la razón, pero se volvieron ambiciosos.

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¿Y a Uribe y a Santos?

A los cuatro les cocinaría algo de perdón, porque los cuatro necesitan perdonar. Uribe es un hombre que despierta en mí pasiones y odios, es una persona tan inteligente y única que más que cocinarle me gustaría sentarme a cocinar con él y haría algo bien paisa, y a Santos le daría un poquito de todo lo que les cocine a todos, porque ha sido un buen líder; ha tenido errores, pero creo que ha sido más malentendido por muchos.

¿Por qué decidió estudiar gastronomía?

Empecé a cocinar hace 11 años, siempre pensando en que era una oportunidad de expresarme desde la parte creativa, y hoy no solo me brinda la oportunidad de generar conceptos y de desplazarme desde la parte creativa, sino de generar tejido social, el tocar la gente, compartir, y sentir este país de verdad.

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¿Qué es lo que más le gusta cocinar?

Hacer una arepa de chócolo en la cocina con mi mamá. Los domingos mi mamá hace chocolate y sacamos todas las arepas que venden en Antioquia, las partimos y las vamos haciendo con diferentes quesos blancos campesinos, mermelada, ají, chocolate, y nos sentamos a hacer arepas y a comerlas hasta que se nos va quitando el hambre.

En su cuenta de Instagram, siempre que presenta un plato lo hace con la mano extendida dejando ver unas estrellas tatuadas en el brazo, ¿qué significan?
Tengo 21 estrellas tatuadas y una frase de Lord Byron, la frase está en inglés y dice “El amor encuentra caminos donde a los lobos les da miedo cazar”. Las estrellas representan a mi familia, una es el amor, hay tres que representan la muerte, cinco que son valores: el coraje, y los otros cuatro, que son los que un romano debía tener para ser emperador, la templanza, la justicia, la prudencia y la paciencia, y la estrella 21 es la que tengo tatuada en la cabeza, que significa eunoia. Es la palabra más corta que contiene las cinco vocales y representa pensamiento de bienestar y conciencia de bienestar. Todas están puestas en una posición en la constelación de Orión.

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