Nació hace 72 años en Medellín, pero lleva en las venas el ritmo del flamenco, como si hubiese nacido en tierra andaluza. De vez en cuando se pone su vestido de sevillana, sus zapatos de tacón… y canta y baila añorando estar algún día sobre un tablado junto a cantaores y bailaores. Esta es quizá la faceta menos conocida por el público de Dora Cadavid, la consagrada actriz, la de cabello rubio siempre recogido y que haciendo cuentas a vuelo de pájaro lleva algo más de 60 años siendo parte de la televisión.
Este sábado en la noche, en la Plaza de la Aduana de Cartagena, subirá al escenario, no a cumplir su sueño del flamenco, pero sí recibirá el Premio especial del director en la vigésimo quinta entrega de los Premios India Catalina, como homenaje a toda una vida en la actuación. Como ella le dice, el Oscar colombiano, que el desaparecido Víctor Nieto había decidido, un mes antes de su muerte, entregarle. La actriz no puede negar la tristeza por no poder recibir el galardón de manos suyas y dedicárselo en vida.
Dora ha estado en la televisión colombiana desde su creación. Ha interpretado a damitas jóvenes sufridas, amigas de las protagonistas, una villana y en los últimos años, abuelas, entre ella la famosa Cecilia de Vallejo en Café con aroma de mujer, todas como actriz de reparto. En estas seis décadas sólo ha tenido un protagónico en la producción Reina de belleza. Sin embargo, esta es la primera vez que pisa el escenario de los India Catalina, pues nunca antes había sido nominada a estos galardones. Y este sábado, ella será el centro de atención, como siempre le ha gustado ser.
Buscando en su memoria, encuentra recuerdos desde los tres años de edad, cuando recitaba, cantaba y hacía locuras que le merecían uno que otro castigo. Como en aquella ocasión cuando se voló del colegio para cantar en un programa radial de aficionados. “Mi hermana Hilda, la mamá de María Cecilia Botero, estaba tejiendo para su primer hijo cuando me escuchó cantando en la radio. Le contó a mi mamá y después de eso vino una pela. Ya luego se acostumbraron a mis locuras”, rememora y suelta una gran carcajada.
Toda una vida actuando
Antes de llegar a la televisión, Dora hizo parte de la radio. Por su voz “aguardientosa”, siempre interpretaba a las villanas de las radionovelas. Pero antes de ser una de las voces más famosas de las emisoras, estuvo en las tablas con Fausto Cabrera. En esos años, estaba muy joven y por ser la menor de cinco hermanos, era la niña mimada, la locata de la casa. Al punto de que fue el mismo Fausto quien pidió permiso a sus padres para que la dejaran entrar a su grupo de teatro experimental. A los ensayos iba con Gonzalo, un joven que hacía las veces de su acompañante, a quien le perdió el rastro hace mucho tiempo y añora hoy reencontrarlo.
Gracias a que los comerciales durante los primeros años de la televisión en Colombia se emitían en directo, Dora pasó a formar parte del elenco del teleteatro bajo la dirección de Bernardo Romero Lozano. Un día, mientras decía las cuñas del programa Los postres royal preguntan, el maestro Romero la vio y la llamó para que actuara con Carlos Lemos y Lolita Villaespesa en la obra Espectros. Ahí empezó oficialmente su carrera como actriz de televisión.
Rebelde de tiempo completo, pero con causa, Dora resume sus años como actriz con la frase de su tío, el poeta Barba Jacob: “He vivido”. Con entonación de declamadora, dice que en esta profesión se vive de verdad, porque en sólo 24 horas se goza, se sufre, se piensa, se hacen planes, se cae y se pone nuevamente en pie. Y esa rebeldía ha sido siempre la batuta en su vida. Cuando dijo, “sólo quiero ser artista” se rebeló ante sus padres. Años más tarde lo hizo para casarse con el padre de su hijo Moisés y cuando ante ella se presenta alguna injusticia, también se rebela.
Este carácter es lo que la ha mantenido vigente en una profesión, en ocasiones tan ingratas con las personas mayores. Pero a diferencia de muchos de sus colegas, Dora da gracias a Dios porque la siguen llamando para hacer lo que le da pasión a su vida. Y mientras sigue soñando con el tablado de flamenco, espera que su mánager le anuncie cuál será su próximo personaje en la televisión.