Durante dos días el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo de Santa Marta fue testigo del encuentro de varios artistas latinos que comparten la misma pasión: la acuarela, aquella técnica de pintura que se mezcla con el agua.
La Trienal Internacional de la Acuarela que se realizó entre el 27 y 28 de mayo sirvió para que los pintores reflexionaran sobre un arte que con el paso de los siglos ha quedado relegado por culpa de la tecnología, pero que como ellos mismos dicen, "no morirá".
Para Hannia Ruin Céspedes, artista de Costa Rica, el haber asistido al encuentro le dio la oportunidad de evaluar cómo se practica la técnica en lugares tan distantes como Rusia o Alemania, "pues los colores que utilizan son más oscuros", complementa su amiga y colega Sonia Vargas.
También, los participantes escucharon las ponencias de Zarita Abelló y Ricardo Angulo, quienes dieron un recorrido por la técnica a nivel nacional e histórico; y de Patricia Ullauri, asistente cultural de la dirección de educación y cultura de Cuenca, Ecuador, país invitado de honor en esta tercera versión.
Tal vez, uno de los momentos más especiales fue tener la posibilidad de ver pintar en vivo a Roberto Angulo, considerado por los críticos el mejor acuarelista del país. Angulo creó ‘Reflexión’, una obra de colores quebrados -grisáceos- en donde la acuarela es víctima de algunos trucos.
Por su parte, el samario Huberth Guardiola demostró que el papel puede desplazar al pincel cuando de pintar se trata.
Hannia Ruin, Sonia Vargas y Heberth Bolaños -premio a la excelencia en esta trienal- dieron a conocer el nivel de la acuarela en Costa Rica mediante a una ponencia en la que presentaron obras representativas del país.
Aunque ya terminó la trienal internacional, en las salas del Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo de Santa Marta reposarán hasta el próximo 31 de julio más de 160 acuarelas de Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Cuba, Francia, Honduras, Italia, México, Perú, Puerto Rico, Rusia, Uruguay, Venezuela, entre otros.
Y no se confunda. Puede que su mente no sepa de memoria el nombre de los artistas exponentes (Alice Salazar, Clemencia Vásquez, Miguel Betancourt, Matías Sansó y Luigi Zucchero, entre otros) pero eso no impide que aprecie el trabajo de una técnica que desde la época de Renacimiento, gracias a Alberto Durero, es equiparable al óleo.