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‘Cuando no haga falta el tiempo’

La obra, escrita y dirigida por Juan Luna, espera presentarse próximamente en Colombia.

02 de agosto de 2013 - 10:00 p. m.
Colombiano presenta su obra en Buenos Aires
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A las 11 de la noche Buenos Aires todavía no duerme. Caminas por Corrientes y no puedes moverte con facilidad. Las calles son anchas pero hay tanta gente que tienes que cuidar los codos, los pasos, los cuerpos que te arrollan. Todos caminan, entrando y saliendo de obras de teatro o comiendo una pizza en alguna de las pizzerías de paso. Son casi las 10.

A las 11 de la noche Buenos Aires todavía no duerme. Y más allá de Corrientes, si tomas un bus, después de unos 40 minutos o más, llegas a Remedios de Escalada, un barrio que sí parece dormir. Pero no duerme. Está oscuro mientras caminas desde la estación de bus hasta el lugar que te habían indicado. Sólo brillan un par de luces apagadas dentro de casas cerradas. Todo está en silencio. Es invierno y hace frío. Se te cuela por los guantes y las medias. Caminas un par de cuadras y luego doblas a la derecha, ahí está la puerta de madera de la que te habían hablado. Tiene un aviso: “Por favor no golpee, estamos en función”. Miras el reloj, aún son las 10:30. Esperas. A las 11 de la noche Buenos Aires todavía no duerme.

Cuando abren la puerta estás hecha hielo, te dejan pasar mientras salen los asistentes de la función anterior. La casa es vieja y lúgubre. Te llevan hasta el fondo y te presentan al director: Juan Luna. Hola tu eres Juan, sí, hola, qué tal. Es colombiano, de Bogotá. El escritor y director de la obra que te dispones a ver. Su historia te la cuenta después. Por ahora tiene que correr. Arregla luces y escenografía también. Lo ves pasar de un lado a otro con mesas y sillas. Hace frío y los demás empiezan a llegar. Son sólo cuatro o cinco, no más, ese será el público de hoy. La boleta te cuesta 30 pesos (10.500 pesos colombianos). Te hacen seguir a la sala, la función va a empezar. Miras el reloj. Son las 11 . A las 11 de la noche Buenos Aires todavía no duerme.

Es un cuarto amplio, en el fondo, al lado de un baño que no funciona. Las paredes están agrietadas y te da la sensación de que la casa, en algún momento, se va a derrumbar sobre tu cabeza. Es una casa abandonada que se usa ahora para hacer teatro. El famoso Teatro Off, ese que no se presenta en Corrientes. Te sientas en tu silla de espectador y miras hacia el frente, al escenario. A tu derecha hay una mesa con el marco de un espejo. A tu izquierda, un sofá, blanco, gastado. Hay cintas de filmación regadas por todo el lugar. Un hombre camina por la sala, en bata y en medias, con una cámara de cine . Busca ángulos para hacer tomas.

Una mujer sale, en baby doll, y se sienta en la silla. Se mira en el espejo, se arregla el pelo, se contempla. Sonríe con malicia. Entonces empieza la obsesión del hombre, Fernando, así se llama. Que por qué no estás lista, que ya vamos a empezar a grabar. Él se quita la bata y se pone pantalones y zapatos. Ella se viste sobre su baby doll, una falda y una blusa, y se prepara para seguir grabando una película. Están esperando a un segundo actor. Esta vez sí va a llegar. Tiene que llegar.

Y la obra transcurre ahí, en ese espacio, con esos personajes. Se llama Cuando no haga falta el tiempo. Son las 11 :15 de la noche y Buenos Aires todavía no duerme. Ellos graban. Eso, sí, muévete el pelo así, haz esta expresión, gira sobre tu eje. Imágenes rápidas con luz roja, luz blanca, intermitente. Así se va construyendo la película. Y luego te vas dando cuenta de lo que ocurre. El actor que estaban esperando nunca llega, no hay financiación, no hay moral para continuar. La ilusión de hacer una película exitosa, alabada en los círculos más selectos, parece frustrarse, cada vez más. Desespera el director, desespera la actriz. No va a funcionar la película, el cine, no va a funcionar.

En medio de sus obsesiones, de sus miedos y de sus problemas de pareja, van develando ese mundo, el del cine, con todo su lenguaje. Mira esta toma, no me gusta este otro ángulo, ¡Siempre te sales del cuadro y no tenemos más cintas!, eres tú el que quiere comprar esas cintas, que son caras. No tenemos qué comer. La situación cada vez es más tensa y ellos, encerrados en ese cuarto, discuten y se contentan, se besan y se golpean, descubren lo que no se habían contado, lo que no debían contarse. Y mientras ellos, como personajes, se alejan cada vez más del cine y de sí mismos, la obra parece absorber el lenguaje cinematográfico. Juegos de luces, de tiempos, repeticiones. Es una cinta que se reproduce.

Son las 12:30 y Buenos Aires todavía no duerme. La función se ha terminado y te encuentras con Juan Luna, lo felicitas. Te acompaña a tomar el bus, de vuelta, por las calles oscuras y calladas de Remedios de Escalada. Te cuenta un poco de la obra. Nació de una escena que hicieron los dos actores, Eva Benito y Agustín Romero, en el Sportivo Teatral de Ricardo Bartís, en Buenos Aires, donde los tres estudiaban. Ellos le pidieron que los dirigiera. Y fue de improvisación en improvisación que se fue construyendo la obra, de ahí surgieron los textos, los temas, las ideas. Y quedó el producto que se presentó, por primera vez, en el Festival Escena 2012, en la capital argentina. Ahora está en temporada nuevamente, hasta que alcance el público, que hace falta, aún en Buenos Aires, para el teatro independiente. Quieren traerla a Colombia y están haciendo las gestiones para que eso ocurra. Eso es lo que quiere Juan Luna ahora: mostrar la obra en su país.

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Son las 12:45 y Buenos Aires todavía no duerme. El bus se aproxima a la estación y Juan Luna se despide. Debe ir a desmontar la escenografía. Tú te subes a un bus lleno de adolescentes que van de fiesta, que se reparten Fernet con Coca-Cola. El bus retoma la marcha y por el cristal de la puerta contra la que te empujan, alcanzas a ver a un par de personas que se quedan en la estación. Las calles por las que pasas siguen atestadas de gente. Buenos Aires todavía no duerme. Seguirá despierta, muchas horas más, hasta cuando no haga falta el tiempo.

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