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Dejando huella por el mundo

Jorge Rodríguez, galardonado en el proyecto innovador que cada año elige los cien ciudadanos que son ejemplo de éxito en el exterior, es un ingeniero geólogo que llegó hace 15 años a Nueva Zelanda y trabaja en el otorgamiento de licencias ambientales.

23 de marzo de 2015 - 08:46 p. m.
Jorge Rodríguez está en Colombia para recibir de manos del presidente Juan Manuel Santos el reconocimiento que impulsa la Asociación Fusionarte. / Cristian Garavito
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¿Cuáles fueron las razones por las que decidió viajar a Nueva Zelanda hace 15 años?

En realidad no me sentía seguro con la situación que vivía en Colombia en esa época ni que el Estado pudiera garantizar la integridad de mi familia y la mía. Fue una decisión muy dura, porque llegaba a un país extraño sin hablar inglés, con un hijo de dos años de edad y mi esposa con cinco meses de embarazo.

¿Cómo fue el proceso para aprender el idioma?

Tenía que combinar el estudio con el trabajo, asistía a academias que en ese entonces eran subsidiadas por el Estado, y después de mucho estudiar, cuando presenté el examen Ielts (International English Language Test System), obtuve un puntaje de 7 sobre 9. Eso me permitió estudiar una especialización en la Universidad de Auckland.

¿Con qué otras barreras se encontraron?

Muchísimas. Por ejemplo, la falta de una representación diplomática de Colombia a la cual pudiéramos acudir. Además, el choque cultural es fuerte, a pesar de que los neozelandeses son gente muy amable y solidaria.

¿De qué manera transformó la geología su vida y su forma de pensar?

Me enseñó a apreciar la naturaleza y a entenderla un poco.

¿Cómo ha sido su trabajo con las comunidades maoríes desde el Waikato Regional Council?

Los procesos de obtención de licencias ambientales de minería en Nueva Zelanda requieren una consulta amplia con las comunidades indígenas maoríes. Ellos tienen su propia filosofía de vida y exigen que los proyectos de desarrollo no vayan en contravía de sus valores y creencias.

¿Cuál ha sido el trabajo más importante que ha realizado hasta el momento?

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El otorgamiento de las licencias ambientales para una mina de carbón de Glencoal Energy en 2013. Tenía que establecer cuáles eran los efectos ambientales de esa mina que está ubicada cerca de una comunidad y un humedal protegido por la convención Ramsar.

¿Qué significa para usted llevarse el reconocimiento de “100 colombianos”?

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Es el resultado del trabajo silencioso que hacemos muchas personas en el exterior que sólo esperamos que nos den la oportunidad de dar lo mejor y aportar de una manera honesta al desarrollo de la economía del país que nos adoptó.

Desde Nueva Zelanda, ¿ha pensado en impulsar algún proyecto en Colombia?

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Sí, me gustaría aportar mi experiencia en la mitigación de efectos ambientales en la minería y ayudar a implementar los sistemas que se utilizan en Nueva Zelanda.

¿Bajo qué circunstancias regresaría a Colombia?

Pienso que la firma de la paz sería el primer paso si en alguna ocasión considero mi regreso definitivo a Colombia.

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¿Cuáles son los lugares que más extraña?

Mi pueblo, Firavitoba (Boyacá). Allí viví toda mi infancia y sus praderas y atardeceres son hermosos. Además extraño a toda mi familia.

¿A qué santo le tiene más devoción?

Me inspira mucho Juan Bautista, cuando dice: “Oigan la voz del que grita en el desierto, enderecen sus caminos, escuchen el llamado del Señor”.

El plato que más extraña de Colombia.

El cocido boyacense.

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