Don Julio es otro, el del Ley. Julio es simplemente Julio o, para quienes dispongan de más tiempo, Julio E. (E de Enrique) Sánchez Vanegas. A los 82 años ya aprendió a vivir, y aunque ha trabajado en las más importantes empresas audiovisuales de Colombia, incluida JES (de su propiedad), no tiene la menor posibilidad de pensionarse o jubilarse y por eso llega todos los días a las 10 de la mañana para ponerse al frente de sus asuntos sin pensar en los problemas, porque hace mucho tiempo dejaron de ser motivo de preocupación.
“Los problemas sólo tienen dos caminos: se empeoran o se solucionan. Punto”, dice el empresario, nacido en Guaduas, Cundinamarca, que con su propia mano y untándose de tinta escribió las Historias al aire, un lanzamiento en la 25ª Feria Internacional del Libro de Bogotá. En su oficina no hay computadores, ni fijos ni portátiles, y confesó que una persona de su confianza tuvo la misión de levantar cada palabra para que el texto estuviera terminado a tiempo. Tampoco tiene celular. No lo necesita, y aunque lo defiende como elemento de trabajo sostiene que sería poco menos que un encarte en su vida. En cambio, tiene tres teléfonos fijos para que las personas que lo necesiten lo puedan ubicar con facilidad.
Muchos de los que ahí lo encontraban ya no están. Otto Greiffenstein, Enrique París, Julio Nieto Bernal, Carlos Arturo Rueda C., y Gloria Valencia. Otros lo siguen llamando para compartir experiencias y, sobre todo, para oírle la lengua insurrecta que va soltando frases célebres con la misma habilidad con la que pronuncia la palabra ‘chino’ para denominar a cualquier integrante del rango de sus semejantes. Álvaro Castaño Castillo, Alberto Piedrahíta Pacheco y todos los empresarios y políticos han compartido memorables veladas con Julio E. Sánchez Vanegas.
“Creo que soy el único al que llaman las esposas de mis amigos para agradecerme que los mandé a la casa entonados. Ellas me dicen ‘gracias Julito, menos mal lo divertiste porque él lo único que sabe hacer es trabajar’”, dice con una enorme habilidad histriónica que le quedó de los tiempos en los que actuó en México. Nunca quiso ser galán. Su escenario era el negocio, pero partiendo de lo que más le gustaba: el entretenimiento y la cultura en los medios masivos de comunicación.
Puede que en su oficina no existan registros de tecnología de punta, pero en su lugar hay 382 premios nacionales y foráneos de reconocimiento por su labor ante los micrófonos y por su desempeño delante y detrás de cámaras. Ese número es como si Julio E. Sánchez Vanegas hubiera subido a un estrado a recibir un galardón durante todos los días de un año y un poco más de una semana seguidos. Los premios los exhibe. Los quiere y no se mete la mentira de que no han sido importantes. Tal vez son demasiados para pasar inadvertidos, pero no se comparan con el reconocimiento de la gente, una sensación que experimentó, sobre todo, cuando figuraba como centro delantero del equipo conformado por las estrellas de la televisión. “Era increíble, pero la gente pagaba su boleta para ir a vernos jugar, y muchas veces, jugar mal. Claro que eso lo hacíamos para recaudar fondos para obras sociales”, recuerda.
Antes de fundar JES trabajó en RCN y estuvo al frente de la programación de Caracol Radio, incluso antes de que adoptara ese nombre. Fue comentarista de deportes, analista internacional, conductor de espacios culturales, y experto en muchas asignaturas en las que se instruyó menos de cinco minutos antes de salir aire. “Yo me aprendía muy bien lo que tenía que decir para no equivocarme, porque antes tanto la radio como la televisión eran en vivo y en directo. Creo que el día que me dio más ansiedad fue el 13 de junio de 1954, porque fui el primer rostro que apareció en la señal nacional”, dice con algo de nostalgia.
Transmitió los Premios Óscar cuando la globalización del mundo era un eufemismo. Adquirió los derechos de Miss Universo en un momento en el que las comunicaciones entre las propias ciudades de un país eran difíciles. Se inventó Espectaculares JES para colaborar con el desarrollo cultural de Colombia al acercarla a los ídolos de la época. Todos cantaron en su show: Julio Iglesias, Rocío Durcal, José José y Raphael, entre muchas otras estrellas.
Sin embargo, uno de sus mayores orgullos, después de sus cuatro hijos y ocho nietos, es Concéntrese, un formato original, diseñado por él, en el que se premiaba la memoria, la inteligencia y la cultura. “’Para que no se le olvide’, era el lema de este concurso, uno de verdad, no como lo que se inventan ahora que son formatos muy básicos”, dice Sánchez Vanegas, a quien sus amigos llaman Cachas, apodo que degeneró en Cacharilas.
Proyectos ya no tiene muchos. Ideas, por montones. Le gustaría encontrarse con Uribe para decirle: “Chino, usted ya acabó su gobierno. Ya hizo lo que hizo. No sea lambón”. Y, sin duda, se lo diría sin los complejos de la edad, con la seguridad de la experiencia y con la tranquilidad de haber dicho más de mil veces, en vivo y en directo: “Hoy desde aquí, mañana desde cualquier lugar del mundo”.