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El doctor Jack

Desde hace siete años este agraciado pincher forma parte del equipo de la Clínica Mayo, un centro médico de EE.UU., donde asiste y acompaña a los pacientes en sus terapias físicas o de lenguaje y en el proceso de recuperación.

13 de junio de 2010 - 09:00 p. m.
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El médico internista Brent Bauer reconoce que la vinculación de animales en el proceso de recuperación de los pacientes es una efectiva alternativa para mejorar su estado anímico, conseguir que su sistema inmune se fortalezca y así lograr una mayor y pronta respuesta al tratamiento. Desde que se conocen las bondades de esta interacción, se han implementado alrededor del mundo terapias con caballos y burros.

Sin embargo, un centro médico en Estados Unidos es el primero en entrenar a un perro para que asista y acompañe a los pacientes en su programa de recuperación, los ayude, especialmente en el caso de los niños, a distraer los temores que generan las cirugías y se convierta en una compañía para quienes deben permanecer mucho tiempo hospitalizados.

El doctor Jack, como le dicen cariñosamente quienes lo conocen, es un pincher de nueve años, que durante los últimos siete se la ha pasado recorriendo los pasillos y habitaciones de la Clínica Mayo, ubicada en el estado de Minnesota. Cuando era apenas un cachorro fue entregado por sus dueños a un centro para mascotas, y allí lo encontró su entrenadora, Marcia Fritzmeier, quien le enseñó a moldear su carácter, a obedecer órdenes verbales y de señas, a percibir el estado anímico de las personas y a realizar ciertos movimientos que se incluyen en la rutina de las terapias físicas de rehabilitación.

En el 2003, luego de haber recibido una certificación que daba constancia de sus habilidades para vincularse con programas de salud, ingresó a la Clínica Mayo, y desde entonces ha asistido a cerca de 2.000 pacientes, entre ellos a un colombiano. La entrenadora Fritzmeier cuenta que el procedimiento para que Jack interactúe con algún enfermo es muy sencillo. Tanto la persona como los familiares deben firmar una autorización para que comience el programa con el perro y, una vez salen del hospital, Jack los sigue visitando durante un tiempo a fin de terminar el proceso paulatinamente, sin mayores traumatismos.

“El paciente más joven que ha estado con Jack fue un bebé de 11 meses de nacido y el más viejo, un hombre de 92 años”, asegura Fritzmeier, al tiempo que exalta las habilidades del perro, que entrenó durante más de 160 horas, y que, según ella, es ideal para asistir y motivar a los enfermos que sufren de ansiedad o ataques de pánico, que deben recuperar la capacidad para concentrarse después de un accidente cerebrovascular, necesitan reír, dar amor, sentirse queridos y, en algunos casos, recuperar la esperanza.

Además, advierte, Jack es muy bueno con los familiares. “En los momentos difíciles, no sólo los reconforta de una manera que para alguien escéptico resulta difícil de comprender, sino que ayuda a aliviar la carga de estrés que les produce la condición de salud de su ser querido”.

Enfermos con calidad de vida

El doctor Bauer, director del Departamento de Medicina Interna y Complementaria de la Clínica Mayo, explica que la decisión de vincular un canino en los programas de recuperación de sus pacientes la tomaron como parte de una iniciativa para mejorar su calidad de vida durante la enfermedad. “Todos nuestros tratamientos y procedimientos buscan satisfacer las necesidades de los pacientes como seres humanos integrales, es decir, tenemos en cuenta su cuerpo, mente y espíritu”.

Por eso, asegura, así como les ofrecemos acupuntura, masajes y musicoterapia, también tienen la opción de interactuar con Jack. “Y todos los pacientes que lo han hecho han reconocido que se sienten mejor anímicamente y esto, a su vez, lo hemos visto reflejado en una disminución de sus niveles de estrés y en un mejoramiento en el funcionamiento de su sistema inmune”.

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Bauer y la entrenadora Fritzmeier, quien siempre acompaña a Jack en sus recorridos por la clínica, coinciden en que los pacientes del pabellón de pediatría han sido los más beneficiados con la llegada de este can. Generalmente, los niños no comprenden muy bien lo que les sucede cuando se enferman, y se aburren y deprimen fácilmente si tienen que pasar largos períodos de tiempo hospitalizados, sin poder salir de la habitación ni quitarse del cuerpo los cables y agujas que tanto les fastidian.

Así que la presencia de este perro no sólo los distrae, sino que los alegra y les permite, según Bauer, romper con la rutina y “disfrutar de un ambiente tranquilo que por un rato les permite olvidar la ansiedad causada por la enfermedad”. Este mismo efecto tiene Jack en los adultos mayores, quienes gozan más de su compañía y lealtad.

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Ante el éxito que ha tenido la labor de Jack con los pacientes, la entrenadora Fritzmeier concluye que “la energía de su perro les devuelve el ánimo y las ganas de seguir adelante, a pesar de lo difícil que pueda ser la situación que están atravesando; es el motor de su recuperación y lo que llena de esperanza y confianza a sus familiares”.

Terapia asistida por animales

El doctor Brent A. Bauer, director del Departamento de Medicina Interna y Complementaria de la Clínica Mayo, explica que varias investigaciones han demostrado que la terapia asistida por animales, como la que se realiza con Jack, mejora el ánimo de los pacientes, ayuda a que los niños hospitalizados manejen mejor el dolor y contribuye a que los adultos mayores desarrollen habilidades cognitivas perdidas con el paso de los años.

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Con respecto al estado de ánimo, Bauer asegura que se ha comprobado que cuando los pacientes están bien emocionalmente asimilan mejor los medicamentos e incluso se puede acelerar su proceso de recuperación.

Marcia Fritzmeier, la entrenadora

Desde hace varios años, esta estadounidense  se desempeña como secretaria médica de la Unidad de Rehabilitación de la Clínica Mayo, pero además es la persona que entrenó a Jack y lo convirtió en uno de los pocos animales del mundo adiestrados para participar en la terapia de rehabilitación de pacientes hospitalizados.

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Para lograr que Jack fuera certificado en el 2003 por el instituto Hearing and Service Dogs de Minnesota (EE. UU.), Fritzmeier dedicó más de 160 horas a su entrenamiento, y consiguió que este perro pincher miniatura de nueve años entendiera órdenes habladas o a través de lenguaje de señas, fuera dócil, cariñoso y muy hábil para interactuar con niños y adultos mayores.

Uno de los recuerdos más valiosos que guarda Fritzmeier es el de un paciente que tenía un tumor cerebral que había afectado su capacidad para comunicarse verbalmente y cuya familia quiso que Jack compartiera un tiempo con él durante su proceso de rehabilitación, después de la cirugía y la quimioterapia.

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“Me impresionó cuando recibí una carta de uno de sus hijos expresando su gratitud por lo que Jack había hecho por su padre. En ella me decía que este perro había sido capaz de animarlo y sacarle una sonrisa en los momentos más difíciles”, cuenta Fritzmeier.

Y confiesa que haber encontrado a Jack y tenido la oportunidad de trabajar a su lado ha sido un sueño hecho realidad, pues a su deseo cumplido de tener un perro y entrenarlo se suma el de poder ayudar a cientos de personas.

msuarez@elespectador.com 

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