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El drama desde la matriz

Iniciativas suyas, como el Teatro Itinerante del Sur, el Bioteatro y el Biodrama-Biodharma, han hecho que la maestra colombiana encuentre una forma auténtica de hacer arte a partir de la conexión con la naturaleza y el respeto por los saberes ancestrales.

23 de mayo de 2014 - 10:53 p. m.
Beatriz Camargo dice que en Colombia hay un florecimiento importante en las artes escénicas. / Liz Durán – El Espectador
Foto: Liz Duran
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Beatriz Camargo dice que una actriz es un tris de actor y por eso siempre cambia la expresión por otra que la llena completamente: hace referencia a las actoras, mujeres, completas, dedicadas y generosas, que ejercen el oficio de interpretar diversos roles sobre las tablas.

No es un asunto feminista, aunque podría serlo, pero así como se habla de actores, se debería aludir a actoras, y eso es lo que ha sido Beatriz Camargo toda la vida. La directora y la dramaturga surgieron después y fueron apareciendo gracias al espíritu pleno de la actora, que con absoluto conocimiento de la situación pudo pensar, reflexionar, crear y recrear el arte a su acomodo.

“El Teatro Itinerante del Sur, el Bioteatro y el Biodrama-Biodharma, así como todas las demás experiencias mías, atraviesan un tema de género, pero para encontrar un equilibrio entre lo masculino y lo femenino dentro del ser humano. Milenariamente se silenció a lo femenino, así como en la película de Pedro Almodóvar Hable con ella. Nosotras mismas, en los hogares que conformamos, nos volvemos mudas, porque el hombre no habla con la mujer y ella tampoco. En el teatro que hago intento recuperar el carácter sagrado de la vagina y del falo”, cuenta la maestra colombiana que lleva más de tres décadas entregada por completo a la creación artística.

Beatriz Camargo vivió en Bogotá hasta 1982, cuando tomó la decisión de radicarse en Europa. A su regreso, cinco años después, tenía los elementos suficientes para iniciar la construcción de su maloca, un lugar sagrado para el arte y la meditación en Villa de Leyva, donde la maestra realiza buena parte de sus iniciativas escénicas.

Trabajó bajo las indicaciones de Santiago García en el Teatro La Candelaria durante más de un lustro y allí adquirió los conocimientos necesarios para hacer que la investigación sociológica arrojara resultados artísticos. Sin embargo, el ejercicio se suscribía de forma radical al escenario bogotano y eso le impedía conectarse con el teatro milenario y con aquellos experimentos naturales que tanto le llamaban la atención.

“Cuando yo estaba en La Candelaria, al mismo tiempo era profesora en la Escuela de Arte Dramático, donde hice investigaciones geniales con mis alumnos buscando lo femenino y tratando de encontrar elementos vinculantes con la naturaleza. En ese entonces quería que la tierra se expresara a través de mí. A comienzos de la década de los 80 hice con La Candelaria un teatro social y político, pero con mis alumnos experimentaba y hacía salidas a las montañas para adquirir otro tipo de conocimiento”, dice Camargo, quien vive en Villa de Leyva desde hace varios años porque considera que las ciudades, las de América y Europa, son la muestra más clara de la decadencia del planeta.

La maestra se retiró de La Candelaria en 1982 para fundar el Teatro Itinerante del Sol, pero también obtuvo una beca para estudiar en París. Entró en conflicto porque no quería desperdiciar la oportunidad de ir a Europa (¿cómo no ir a Europa?), pero al mismo tiempo tenía contemplada la gestación de su maloca, un sueño vital, artístico y genuino. Por presiones de la sociedad de consumo aceptó el viaje al Viejo Continente y allí reafirmó su propósito de desvincularse de las grandes urbes de por vida.

“Estando en la beca me obsequiaron una ida a Bali, Indonesia. Recuerdo que fue Tony Cots, un actor del Odín Teatro, y él me invitó a hacer parte de un colectivo en el que yo tenía el rol de actriz (de actora, mejor) en medio de un grupo de bailarines. Allí descubrí el teatro que quería hacer, una propuesta llena de máscaras, de corte milenario y ligado necesariamente a la mitología”, asegura la artista.

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Beatriz Camargo se apartó, eso sí, de las tragedias griegas. Lo que tenía que aprender de ellas ya lo hizo y hoy se siente incómoda con el rigor de la culpa y lo drástico del castigo, sobre todo para las mujeres. Pronto estrenará Orígenes, su más reciente creación, y espera que la Medalla al Mérito Cultural que le otorgó esta semana el Ministerio de Cultura le sirva para estimular la creación, para darles poder a las iniciativas femeninas y para proponer dramas desde la matriz.

 

jpiedrahita@elespectador.com

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