Fueron 38 fechas confirmadas para su anterior gira y Colombia pudo haber sido la número 39. Paul McCartney comenzó su tour Up and Coming el 28 de marzo de 2010 y apagó el micrófono el 10 de junio del año siguiente. Visitó, como es de esperarse en un recorrido de más de 365 días, escenarios de Norteamérica y Europa, y llegó hasta América del Sur. En ese entonces se planteó, por primera vez en serio, la posibilidad de tener al bajista de los Beatles en este territorio, pero las condiciones técnicas y logísticas de un espacio como el Parque Metropolitano Simón Bolívar no fueron los suficientemente cautivadoras para el grupo de asesores del artista y tocó conformarse con verlo por televisión, portando de lado a lado las banderas de Argentina (10 y 11 de noviembre de 2010); Perú (9 de mayo de 2011); Chile (11 de mayo de 2011) y Brasil (22 y 23 de mayo de 2011). La de Colombia quedaría, como en tantos casos anteriores, bien doblada en un cajón.
La posibilidad de desempolvar el pabellón nacional en una fecha diferente al 20 de julio o al 7 de agosto comenzó a activarse durante los primeros días de marzo. El primer paso fue institucional y lo dio la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de Antonio Navarro Wolff, secretario de Gobierno del distrito, quien dijo que el estadio Nemesio Camacho, El Campín, quedaba totalmente habilitado para recibir, con todas las condiciones técnicas y de seguridad exigidas, a la leyenda musical que de un tiempo para acá se conoce como sir Paul McCartney.
Con el espacio confirmado, a pesar de la oposición de una buena parte de la afición deportiva del país, que no ve con buenos ojos la exposición de la gramilla a los embates de un concierto masivo, algunos empresarios, liderados por Fernán Martínez Mahecha, restablecieron vínculos con el entorno cercano al artista y postularon a Colombia como una de las paradas de su nueva gira de promoción de su más reciente trabajo discográfico, Kisses on the Bottom, que ya está disponible en el mercado nacional.
La aproximación al equipo de producción del artista ha sido más que agresiva. Con una agilidad poco antes vista en negocios de esta categoría, se logró no sólo la respuesta afirmativa de McCartney, sino que se apartó una fecha dentro de su agenda internacional. Fernán Martínez, Juan Pablo Ospina, y otros empresarios interesados en el evento sonoro, tenían la firme intención de realizar el concierto durante mayo, para tener más tiempo de preparar el escenario y ultimar los detalles para una visita tan especial. Sin embargo, por compromisos previos del beatle, se pudo concretar el 19 de abril como única oportunidad para verlo en escena.
En este momento la discusión ya no gira en torno a los daños a la gramilla, pues se adelantaron pruebas muy exigentes exponiendo el pasto a las condiciones más extremas, y con una protección adecuada se mantuvo intacto. Ahora el asunto es igual o más complejo, porque tiene que ver con la consecución de los recursos suficientes para traer a una de las figuras más relevantes del ámbito musical en toda la historia. McCartney supera, y por varios quilates, a la más rutilante estrella que haya pisado el territorio colombiano, por tanto ni los empresarios, ni los patrocinadores han tenido la costumbre, y la confianza tampoco, de llevar a cabo una inversión con tantos ceros en pesos y también en dólares.
Incluso, en este mar de rumores que se han encargado de encender el ambiente y de hacer aún más vertiginosa la zozobra, se ha insinuado que varios empresarios se han retirado del negocio para no poner en riesgo el capital y que lo mismo ha sucedido con dos de los más sólidos patrocinadores. La boletería, de la que se ha especulado que tendrá valores diversos a partir de $75 mil, no es suficiente para amortiguar la inversión y por eso se necesitan, y con urgencia, grandes firmas que se comprometan con la causa de traer al beatle a Colombia. Ésa es la única forma de conseguirlo.
A pesar de que por todos los medios de comunicación se ha dicho que Paul McCartney estará en Colombia el 19 de abril, ni la página web del artista, ni su disquera se han atrevido a confirmar la noticia. Por ahora está el escenario apropiado, el estadio Nemesio Camacho, El Campín, una fecha (fría como la mayoría de los números) y la disponibilidad del artista y de públicos de todas las generaciones que quieren ver al inglés haciendo un recorrido por su trayectoria musical. Lo más importante ahora es que esta historia no sea como el título de una de sus canciones: Hello, Goodbye.