Luego de una larga espera, después de ver a Estados Alterados, banda colombiana, a Bat for Lashes, de Inglaterra, y de escuchar el vals Danubio azul, de Strauss, por fin la hora había llegado. 8:38 p.m. y en las pantallas aparece un globo terráqueo, se acerca; América Latina, Colombia, Bogotá, Parque Simón Bolívar y con Life In Technicolor, Coldplay aparece frente a mis ojos dando inicio al primer concierto de la temporada 2010 en Colombia.
Vestidos con sus trajes tipo sargento, llenos de colorido, en el que se identificaban claramente el amarillo, azul y rojo de la bandera colombiana, Chris Martin (voz, teclado, guitarra) saluda, “Buenas noches parceros”, seguido de Jon Buckland (guitarra principal), Guy Berryman (bajo eléctrico) y Will Champion (batería, coros y otros instrumentos), dando inicio a Violet Hill, primer sencillo de Viva la Vida or Death and All His Friends. Allí la emoción era completa, estaba viviendo algo que no podía creer. La sensación era única.
El primer gesto que se dibujó en mi cara fue una gran sonrisa al ver el cuarteto saludando al público y diciendo unas pocas palabras en español. Volteé la mirada y la plaza de eventos del Parque Simón Bolívar estaba llena, sólo había un pequeño espacio en la parte de atrás, que muy pronto se llenó. El llanto de felicidad no se hizo esperar.
La noche avanzaba, y la combinación del juego de luces y las canciones Clocks, In my place, Lost, Viva la vida, entre otras, hacían que el público, no sólo bogotano sino también de otras partes del Latinoamérica, como Venezuela y Chile, disfrutaran de cada interpretación como si fuera la última.
Yellow llego con una explosión de gigantes balones amarillos que saltaban sobre las 40 mil cabezas del público, y luego la emoción creció con Fix you, cuando unos fuegos pirotécnicos sorprendieron a los asistentes. Luces de mil colores salieron del lado derecho del escenario. Martin seguía con su escaso español: “Tenemos que decirles algo muy importante: estamos muy felices de estar acá”.
Los virtuosos solos de piano del vocalista no se hicieron esperar, pues con The Hardest Part dejó a los fanáticos boquiabiertos y a la expectativa de lo que continuaría en el concierto. Y fue en ese momento cuando la agrupación bajó del escenario, inquietando a todos sus seguidores, dirigiéndose a la parte de delante de la localidad platino para ubicarse en una pequeña tarima, donde Will Champion, baterista, dejó ver sus dotes de cantante interpretando Death will never conquer, seguida de la nueva canción de la banda, Don Quixote.
Luego de ese pequeño acústico el grupo hizo un corto receso. Esto me indicaba que ya faltaba poco para finalizar esta particular noche, pero el público comenzó a corear “Oh, oh, oh, oh, oh, oh”, mientras se escuchaba de fondo una versión electrónica de Viva la vida. Algunos minutos más tarde Coldplay volvió y siguió con su presentación, arrojando miles de mariposas de papel que volaron sin parar en Lovers in Japan. Chirs Martin saltaba, se acostaba, sonreía, simplemente estaba feliz.
En ese momento mi dicha era plena, sentía que llevaba a Coldplay en las venas. Ellos agradecieron al público recorriendo las pasarelas del escenario, aplaudiendo y haciendo la venia. Sin embargo, los asistentes no se dieron por vencidos y a gritos pidieron que la banda volviera, y así fue que The Scientist, Life in technicolor II y la segunda tanda de fuegos pirotécnicos amarillos, azules, rojos, verdes y más colores cerraron con broche de oro esta noche inolvidable. 10:30 p.m., Gracias Coldplay. Sueño cumplido.