La Constitución Política, ¿para qué?
Para someter el poder al Derecho.
Un articulito…
El que significó todo un enredo: el de la reelección.
Los artículos de prensa que más lee…
Los editoriales.
La Constitución ideal…
La original de 1991.
¿Y cómo está su constitución?
Fuerte.
Reelección, ¿sí o no?
Definitivamente, NO.
¿La cortes están politizadas?
Sí. Infortunadamente.
¿Pero hay magistrados de bolsillo?
Duele decirlo, pero hay algunos.
¿Qué les cambiaría a las altas cortes?
Algunos de sus integrantes.
Una injusticia…
Pagarle recompensa a un asesino, mientras miles de niños mueren de hambre.
¿Para qué sirve el Derecho?
Tendría que servir para defender al pueblo de sus verdugos, pero a veces lo hacen servir para lo contrario.
¿A qué jurista admira?
Al fallecido Norberto Bobbio.
Su equipo de fútbol…
Para permanentes dolores de cabeza, Millonarios.
¿Qué deporte practica?
Tengo que correr mucho.
Un recuerdo de su oficio de locutor…
Los amores con las oyentes que llamaban.
Su libro de cabecera…
El criterio, de Jaime Balmes.
El último consejo que les dio a sus hijos…
Jamás cometan injusticias. Siempre se pagan.
Y el último que le dieron…
Más ejercicio.
¿Cómo le gustaría morir?
En mi cama, rodeado de mi familia.
Un recuerdo de su niñez…
El cariño de mis padres.
Una decepción…
La sentencia de la Corte sobre las Convivir.
¿Qué lo pone de mal genio?
La mentira disfrazada de verdad.
Un sueño…
Dedicarme solamente a escribir.
Su mejor caso como abogado…
La tutela concedida a una niña muy pobre, que fue salvada de la muerte.
El más difícil…
Uno en que el juez no entendía nada, porque no leía.
¿Le jalaría a una aspiración presidencial?
Sí, pero más tarde.
Un presidente…
Alfonso López Michelsen.
El presidente que merece Colombia…
Uno parecido a Barack Obama.
Una anécdota como periodista…
Cuando me equivoqué al transmitir por radio una noticia, siendo estudiante, y por estar leyendo a la vez el libro de Derecho Laboral —tenía examen al día siguiente—, dije exactamente lo contrario de lo que había ocurrido.
Y otra como abogado…
Tuve que argumentar, y cuando, al hacerlo, observé que contrariaba sentencias mías, fue necesario declinar el caso.
¿Quién pone las normas en su casa?
Se hacen reuniones y se adoptan decisiones en grupo.
¿Y usted las modifica con jurisprudencia?
Casi siempre…
¿De niño qué soñaba hacer?
Lo que después hice: locución.
Una metida de pata…
No haber corregido una columna. Y se fue un horror ortográfico.
Un adefesio jurídico…
Que por conmoción interior deroguen normas.