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Horacio Jaramillo, más que un heredero

Murió en Medellín el “El Loco” Jaramillo, un empresario que encarnó el imaginario del hombre paisa.

11 de diciembre de 2015 - 11:28 p. m.
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Cecilia Bustamante nació a inicios del siglo XX, en 1904, en una familia que aunque pobre, hizo que todas sus hijas estudiaran. Quizá pasar por La Normal de Barbosa –donde preparaban a los antiguos docentes– abrió su mente. Conoció la pedagogía de Gabriela Mistral y Ragna Nielsen. Fue secretaria y se casó con Alfonso Jaramillo Vélez en 1932. Aprendió de finanzas, de inventarios y de recetas de postres y tortas. Cecilia Bustamante le hizo frente al negocio gastronómico en Medellín a cuenta de lo que le habían enseñado su mamá y sus tías en una cocina vieja. Construyó una empresa en épocas en las cuales las mujeres no podían construir nada. La rebeldía del conocimiento y el amor siempre brota a través de las grietas que tratan de matarla, siempre.  Santa Clara, fue el  negocio que Bustamante creó y que floreció evocando las actividades y valores femeninos tradicionales por excelencia: la buena cocina, la calidez y el buen servicio. Las mejores tortas y postres de la ciudad se concentraron en un solo sitio.  Dicen que uno hereda casi todo: los gestos, los movimientos y las actitudes. Dicen que de pequeño uno siempre imita a los papás. Dicen, también, que uno es lo que le enseñan. Es verdad, al menos en este caso. Clara Bustamante enseñó a sus hijos la importancia del trabajo. La concepción del negocio familiar: la gastronomía, y se concentró en que el legado pasara de generación en generación. Lo logró.   Horacio Jaramillo entendió bien. Se convirtió en la encarnación del prototipo de empresario paisa: comprometido, sabiondo, echado para delante. Montó restaurantes inolvidables: La bella época, donde  “El Loco” Jaramillo fue, durante 23 años, el anfitrión de artistas, políticos, reinas de belleza y el mundo del espectáculo. El restaurante abrió cuando en Medellín las familias no salían a comer. Convirtió el negocio en una parada obligatoria para quienes visitaran la capital antioqueña.Escribió columnas de economía y libros de finanzas y siguió montando restaurantes.  Jaramillo abrió en 1996 el primer “Del Oeste”, un pequeño local en La Playa, entre Sucre y Junín,  donde vendían comidas rápidas. Una de las primeras hamburgueserías de Medellín. En 2012 Horacio Jaramillo vendió el 90% de las acciones de Del Oeste, pero siguió siendo la imagen de los 14 puntos de venta que ya estaban en toda la ciudad. Este 10 de diciembre, mientras Paula Jaramillo, una de sus hijas, presentaba el libro Nereo. Saber ver en la Biblioteca Nacional de Colombia,  “El Loco” empezó a sentirse mal. Falleció en Medellín después de las diez. Se fue, luego de dejarles a sus tres hijos el legado que él aprendió: calidez y buen servicio.

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