En 1992 fue señorita Bogotá y virreina nacional, pero no quería serlo. ¿Por qué?
No lo contemplaba. Estaba en la universidad y para mí era más importante eso que el reinado, y me parecía como un mundo muy fuerte de enfrentar. Mis papás eran muy amigos del alcalde, Jaime Castro, entonces dije que iba, y resulta que a las doce de la noche tenía una banda y una corona que decía señorita Bogotá, aunque en realidad no era lo que estaba buscando. Pero ya no podía hacer nada, entonces me tocó asumirlo. Después me pareció una experiencia muy linda y me adapté.
Luego del reinado fue presentadora del programa “Panorama”. ¿Eso también fue un experimento en su vida?
Sí, todo en mi vida ha sido así: como que lo que planeo nunca sale, entonces decidí dejarme llevar por la voluntad divina para lo que tengo que hacer. Cuando salí del reinado me llamó Julio Sánchez Cristo y me dijo que quería trabajar conmigo. Trabajé dos años con él en muchas cosas. Después de eso me propuso un papel en la novela La maldición del paraíso, y me negué porque no era actriz, pero me dijo que no importaba, que hablara con Víctor Mallarino. Nunca lo planeé y ahora es con lo que mejor me siento, y me fascina.
¿Cuál fue su preparación actoral?
La verdad, todo en la actuación ha sido espontáneo, porque cuando dije “listo” debía irme a los dos días para Jamaica, entonces no tuve chance de nada. Hablé con Víctor y me dijo que había visto cómo era yo y cómo hacía las cosas y por eso sabía que me iba a ir bien. Así fueron saliendo las cosas.
Conoció a Sebastián Martínez en “Juegos prohibidos”. ¿Cómo se dio la relación?
Cuando hice el casting estaba embarazada de Shenoah. Tuve a mi hija y a los tres meses comencé a grabar la novela, y ahí me impactó mucho Sebastián como ser humano. Vi un brillo en sus ojos que no había visto en ninguna otra persona y me pareció un ser muy impactante. Él era pequeño pero muy maduro, supermaduro para la edad que tenía, y me empecé a enamorar de esa belleza. Al final de la novela se dieron las cosas y los dos nos pudimos expresar, porque yo no sabía que a él le pasaba lo mismo. Fue como el encuentro de dos almas, un sentimiento demasiado grande que te desborda.
¿Ha tenido algún problema en la relación por la edad?
No. Yo reparo en la edad de Sebastián cuando tomo conciencia de que para la gente es importante decir que él es menor que yo, porque lo nuestro es un amor de dos almas que se encuentran y viven la relación a ese nivel, no si me salió una arruga o una cana. Asimismo, yo nunca reparo en la edad de él.
¿Cómo afrontaron la situación, en especial con su esposo anterior?
Al comienzo fue muy difícil. La relación fue un escándalo nacional porque hace once años no se veía bien que el hombre fuera menor que la mujer. Fue muy impactante a nivel social, porque hay mucha gente que critica mucho, pero hay otra que dice: a mí me pasa lo mismo, yo también me enamoré de un hombre menor que yo. Con Sammy (Bessudo), el papá de mis hijas, siempre hemos mantenido una relación muy linda, a pesar de las circunstancias.
¿Por qué se volvió vegetariana?
Pienso que eso viene desde pequeña, porque mi papá era ganadero y siempre me ponía muy triste cuando llegaban los camiones por las vaquitas para llevárselas al matadero. En el fondo siempre quise serlo, pero era muy carnívora, hasta que llegó un momento en el que la carne me sentó muy mal y la dejé, y eso coincidió con un viaje de Sebastián a Nueva York en el que conocí a una gente vegana que me enseñó que en el mundo hay mucha gente así. Agarré la onda y ya, me volví vegetariana.
Este año es la embajadora de la Carrera Cartoon. ¿Cómo llegó a ella?
Para mí es muy bonito ser la embajadora de la carrera, que es un poco lo que vivo: afianzar los lazos familiares en unos ambientes saludables y muy sanos. Para Sebastián y para mí lo más importante son nuestros hijos; tenemos trabajos muy pesados, por lo que el poco tiempo que nos queda es para ellos. Creemos que es importante formar niños valientes que aporten a la sociedad, y esa es nuestra responsabilidad: que sean niños felices y crezcan en un ambiente familiar amoroso.