¿Cómo llegó al mundo de la actuación?
Se me dio muy fácilmente. Estudiaba periodismo y radiodifusión en la Universidad Javeriana. Allí conocí a Enrique de la Hoz, con quien monté varias obras de teatro. Mi padre, que trabajaba en publicidad, algún día nos mandó para un comercial de televisión y me gustó. Empecé como modelo, luego, como extra.
¿Qué representa para usted ganar el premio Víctor Nieto a toda una vida?
Es muy importante porque el doctor Víctor Nieto es una persona que se ha encargado de estimular muchísimo al actor y a los artistas. Este premio significa que es un gran reconocimiento a mi trabajo de estos 50 años.
¿Qué debe aprender un actor?
Hay frases que dicen que el actor nace y que el actor se hace; yo pienso las dos cosas. Hay que aprender muchas cosas para ser un buen actor, hay que entender los personajes, hay que saber escuchar. Este estudio no se debe tomar a la ligera.
¿Qué personajes de los que ha interpretado la han marcado?
Todos, en el fondo, te marcan un poquito. La vieja Sara, de Escalona, fue un personaje que se convirtió en un reto para mí, un personaje muy difícil. Luego la señora Isabel, una mujer de 50 años que se enamora de un joven. Y doña Doña, de Las Juanas, una mujer con la que por primera vez interpreté a un personaje maloso, porque los personajes que hice siempre fueron muy protagónicos, muy buenos, pero a esta doña Doña todo le salía mal.
¿Cómo se desliga de sus personajes para ser usted misma?
Hay que interpretar, y apenas terminas el personaje, volver a ser tú misma, por que si no te convertirías en miles de personajes. Intento hacerlo para evitar quedarme en el personaje y no volver a ser Judy Henríquez. Es la única forma de poder volver a interpretar otro personaje: deshaciéndote del anterior.
¿A qué le huele y le sabe Barranquilla?
(Risas) Me huele a familia, a mi abuela francesa que aprendió a preparar un delicioso bocachico. Me sabe a arepa de huevo, a mar, a Puerto Colombia, a mis ancestros. Extraño todos esos sabores y todos esos colores, los extraño muchísimo.
¿Cree que la belleza pesa más que el talento hoy en el medio?
Sí. Hoy en día es muy importante ser bonita porque antes no lo era tanto. Hace muchos años lo importante era que se tuviera muy buena voz y que se pudiera interpretar muy bien.
¿Cómo recuerda su etapa como modelo de comerciales y cantante?
La recuerdo con risa, pero era aterrador porque los comerciales se hacía en vivo, al aire. Había susto y nervios que debí aprender a dominar y que hoy en día controlo muy bien. Como cantante fue una época muy bonita. Todo era al aire, también.
Una canción.
Te busco. Con ella tengo la oportunidad de recordar siempre a Bernardo (Romero Pereiro).
Un director de cine.
Martin Scorsese, y de Colombia, Sergio Cabrera.
Un poema.
Neruda, todo lo de Neruda.
Su telenovela preferida.
Las mías, porque hoy en día son diferentes; en nuestra época hacíamos cosas muy importantes. Mi favorita es Destino: la ciudad, que fue mi primer protagónico y la primera novela colombiana.
Un refrán que diga mucho.
No hay mal que por bien no venga.
¿Qué manías tiene a la hora de actuar?
Soy muy puntual, repito casi al pie de la letra lo que dice el autor. También soy muy cumplida, demasiado cumplida, y eso hoy en día se ha convertido en un problema.
Lo mejor de ser mamá.
El cariño y el amor de las hijas, y lo mejor: ser abuela. Ahora que tengo dos nietas ha sido como volver a ser mamá otra vez, pero sin el compromiso.
Si tuviera que definir a Bernardo Romero Pereiro en una palabra, ¿cuál sería?
Genio.
Un sueño.
Me gustaría vivir 10 o 12 años más para ver a mis nietos casados y a mis nietas crecidas.
¿Qué es la actuación?
Es el arte de interpretar un personaje, de transformarse en un alguien diferente, del habla, del idioma, de hablar y de interpretar a un escritor y a un autor.