Paola Turbay se estremece cada vez que habla de la enfermedad de su mejor amiga. Tres días después de que Turbay aceptara convertirse en la imagen de la campaña contra el cáncer de seno en Colombia, su amiga la llamó para contarle que padecía la enfermedad.
“Fue un momento muy duro, es por eso que quiero que las mujeres colombianas entiendan que esta enfermedad se puede detectar a tiempo si nos hacemos por lo menos un examen cada seis meses”, afirma.
La ex virreina universal comenta que aceptó este reto porque como personaje público y como celebridad tiene el deber de usar su fama para obras sociales, “uno escoge las campañas con las que se identifica, ésta me afecta directamente y además es un tema de mujer. La popularidad de los artistas no sólo debe beneficiarnos individualmente, sino que debemos devolverle algo al público que nos tiene en el lugar en el que estamos”.
Actualmente Paola Turbay reparte su tiempo entre su vida como madre y esposa, esta nueva campaña y su trabajo como actriz de programas norteamericanos, pues gracias a su actuación en la serie Cane, donde compartía set con el reconocido actor Jimmy Smits, sus ofertas laborales se multiplicaron. En la serie hacía el papel de Isabel Vega, la esposa de un comerciante de ron y azúcar.
Para Turbay, participar en Cane fue algo muy importante como colombiana, porque según ella “los americanos veían la serie como una producción de una familia de ascendencia latina con personas educadas, pudientes, preparadas; contario a lo que se mostraba en muchos programas donde los latinos éramos narcotraficantes, matones o guerrilleros”.
Hace poco grabó un capítulo de la serie Californication, que se emitirá en septiembre, y también realizó un papel como invitada especial en el programa The secret lives of american teenagers.
Precisamente aquellos personajes que no son protagónicos son los que la ex reina quiere desarrollar en Colombia, pues por ahora no piensa volver a radicarse en el país, cuando su carrera profesional pasa por un buen momento en Los Ángeles.
Y aunque su nuevo rol como actriz no le deja mucho tiempo para pensar en su antigua faceta de reina, sí guarda en su mente muchos recuerdos de su paso por este certamen que marcó su vida en 1991.
“El reinado en esa época era algo más ‘casero’, es decir, no había tanto protocolo, yo misma era quien recibía todas las invitaciones que me hacían, ahora todo ha cambiado; para hablar con Miss Colombia hay que mandar cartas, se ha vuelto un poco más empresarial”. Pero hay un aspecto que le molesta de algunas de las nuevas representantes de la belleza colombiana: “Me enfurece que muchas niñas afirmen que van a los reinados para pasarla rico o para vivir una experiencia diferente. No son conscientes de que son las representantes de un departamento y que se invierte mucho dinero para que ellas puedan ‘vivir su experiencia’”.