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La nostalgia de Horacio Serpa

Lejos del agite bogotano, disfruta su vida de abuelo y gobierna en su tierra natal. Dice que nunca se quitará el bigote.

10 de enero de 2010 - 03:01 p. m.
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¿Quién gobierna al gobernador?

Rosita, siempre, y ahora último Sebastián.

¿Cada cuánto se desgobierna?

Ya no, pero tengo buenos recuerdos.

¿Ya reaprendió el acento?

¡Dííígame!

Lo más santandereano que tiene.

Una gran capacidad de querer, pero no lo demuestro fácilmente.

¿Cada cuánto se le sale el santandereano?

Cuando me levantan la voz o tratan de imponerme algo a las malas.

¿Cuándo se quitará el bigote?

Ya no, me voy al otro mundo con bigote para que San Pedro me reconozca.

Su peor dolor de cabeza.

La corrupción.

La noche más larga de su vida como político.

Siendo ministro del Interior creí que nos iban a dar un golpe de Estado. Amanecí de pistola en la mano.

¿De qué se arrepiente?

De no haber roto con el proceso de paz de Pastrana el día que las Farc me impidieron  llegar con la marcha al Caguán.

¿A quién le cantaría la tabla?

A las Farc precisamente, de nuevo.

¿Un sueño frustrado?

Tres sueños frustrados, pero ninguna amargura.

¿Qué le quita el sueño?

La pobreza de tanta gente.

¿Qué tal su vida de abuelo?

Es la experiencia más grata de la vida. Con Rosita estamos dichosos.

¿Lo más difícil de ser gobernador?

Hacer una administración transparente. Increíble, es más trabajoso ser honrado que bribón.

Después de la Gobernación, ¿qué?

Nada programado, pero en política nunca se sabe.

¿A quién le fue mejor en 2009, al gobernador de Santander o al Atlético Bucaramanga?

Al gobernador, porque está en primera división, con buen puntaje.

¿Cómo anda la salud del Partido Liberal?

En plena recuperación y con muchas vitaminas.

¿Qué le produce nostalgia?

La campaña política. Me gustaría estar empujando el carro rojo.

¿Ya se acabó el paramilitarismo en su departamento?

Algunos jefes siguen sueltos.

¿Cuál es su pasión oculta?

Manejar carro, pero vivo reprimido.

¿Por qué a los políticos nadie les cree?

En parte es gratuito, en parte por corrupción y “promeserismo”.

¿Para qué es negado?

Para cantar y para fingir.

Un mensaje para Hugo Chávez.

Que venga a Santander a comer mute con Uribe.

Uno para Álvaro Uribe.

Que no meta a Dios en vainas, porque es infinitamente demócrata.

Uno para las Farc.

Que aún es tiempo de renunciar a la lucha armada.

Lo que más extraña de Bogotá.

El agite de noticias y comentarios entre 6 y 9 de la mañana.

¿A qué le teme?

A las inyecciones y al ridículo.

¿Serpa cojea pero llega?

Sí, pero me voy a mandar a operar la rodilla.

¿A quién se le cambiaría de acera?

A un jefe paramilitar.

Su gran defecto.

En medio de tanta frivolidad son defectos la seriedad y la franqueza.

¿Qué libro recomienda?

Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, tremendo.

¿Prefiere ir al teatro o hacer teatro?

Me encanta verlo, pero a veces en política toca hacerlo.

¿Qué le trajo el Niño Dios?

Una piyama, como hace 30 años.

Su propósito para 2010.

Cuidar bien a los nietos y a Santander.

¿Y cumplió el de 2009?

Sí, nos fue bien en la familia, y le dimos un gran impulso en desarrollo y bienestar al departamento.

¿Qué tal sus últimas vacaciones?

Chéveres, en Washington, con nuestra hija Rosita, quien vive allá.

¿Qué colecciona?

Ahora, relojes baratos. Antes armas, pero ya no me trasnochan. Dejé de ser pingo, por fortuna.

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¿La broma más pesada que le han hecho?

De las recientes, cuando me dijeron que el Consejo de Estado había fallado favorablemente una demanda contra mi elección como gobernador. Salí volado a dar una rueda de prensa, y esa noche supe que era mentira. Todavía me da pena y piedra con ese oso polar.

¿También invirtió en DMG?

Ni un solo peso. Nunca he creído” en los huevos del gallo”.

¿Cómo quiere que lo recuerden los santandereanos?

Como un Papá bueno de todos, Siempre luchando.

¿La última película que vio?

La Vida es Bella. Hace mucho no voy a cine. Voy a volver.

¿Canta en la ducha?

Nó, pienso. Tengo las mejores ideas a las seis de la mañana.

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