¿Recuerda la imagen suya, lejana, frente a un radio oyendo un programa?
Todos los días las tengo presentes. Son muchas.
¿Qué la enamora de la radio?
La inmediatez, el hecho de poder estar en medio de la realidad, para unos y otros.
¿Qué es lo bueno de un amanecer?
Ver el nacimiento de la luz.
¿En qué lugar del planeta le gustaría amanecer?
Donde pueda ver una aurora boreal.
¿Es bueno amanecer con un compañero, un libro, un recuerdo, un aroma o una sonrisa?
Amanecer ya es bueno, lo demás es bienvenido y negociable, pero a eso le falta música.
¿Con quién no le gustaría?
¿Un amanecer no W? Con Uribe (ríe).
¿Qué es lo que más le ha gustado del programa?
Desde que empecé, hace tres años y cinco meses, que sana, alegra y enseña.
¿Son muchas las personas a las que les gusta “amanecer” con usted?
(Ríe) En radio, ¡ojalá el país entero!
¿Ha pensado alguna vez “tirar la toalla” y no seguir con el programa que le roba sus noches?
Sí. Pero cuando llegué a la emisora y abrí el micrófono, volví a sentir nervios y supe que aún no era el momento.
¿Tiene algún secreto no revelado de ‘Amanecer W’?
No te puedo contar.
¿Los oyentes tienen muchas fantasías oyéndola al otro lado de la radio?
Hmmm, no sé. Yo con ellos sí.
¿Recuerda una llamada o un mensaje de un país lejano?
Si, los he recibido desde China hasta Turquía.
¿Alguna vez alguien la hizo llorar?
En el programa sí, muchos. En mi vida, tres.
¿Daría un pedazo de su vida por entrevistar a alguien?
Si, a muchos: Federer, Bono, Madonna, Aung San Suu Kyi, Sebastián Vettel, y Uribe, pero sólo preguntas cerradas de sí/no.
¿Su mayor alegría en el programa?
Cuando Julio me anunció a los tres meses que la audiencia había crecido. ¡Lloraba sonriendo!