¿Cómo nació Casa Marina?
Con mi marido Christian. De tanto hablarle se ha enamorado de la cocina del Pacífico sin conocerla, así que le dije: “Vamos a hacer un proyecto”. Vimos una casa que nos ofreció un amigo y se nos ocurrió inmediatamente, este es el sitio para montar un restaurante con sabor de casa. Cuadramos todo y en menos de un mes ya estábamos dentro arreglando todo.
¿Cómo llegó a ser chef?
En mi familia siempre se ha cocinado, pero lo mío fue casualidad. Le vendía flores a una francesa, Melisa Jeungh. Un día me llevó a su casa y probé su comida. Le dije que quería aprender a cocinar como ella y me contestó que no había problema. Iba todos los sábados a las 12:30, y terminé viviendo con ella seis años. Me llevó a su país para conocer los orígenes de este arte. La cocina no es de escuela, siempre he dicho.
¿Qué hace única a su cocina?
El amor. Desde que entro con esa energía única, las ganas, el sabor que usted prueba en mi cocina sólo lo encuentra ahí, es único para mí y para mucha gente.
Dicen que a los hombres se les enamora por el estómago. ¿Fue el caso de su marido?
Él llegó al restaurante, se asomó con su gorra estilo mochilero, lo miré y fue amor a primera vista, sentí ese corrientazo. Él miró la carta y dijo que eso no era lo que quería. Le contesté que eso no se lo podía hacer. Pero probó y terminó comiéndose un plato que no tenía nada que ver con lo que quería, y dijo: “Tengo que probar todo”, y efectivamente lo hizo. Él dice que no fue la comida, sino mi sonrisa.
¿Cuál es el proceso para la creación de cada plato?
Cada uno tiene su identidad y un proceso. Presumo de mi carpaccio de salmón. Se puede comer en todos los sitios de Colombia y en Europa también, pero el mio es único. Se me ocurrió hacer una salsa para marinarlo y es mi receta. Ha viajado por todo el país. Me lo encargan.
¿Cuál es la historia de uno de sus platos más reconocidos: el mero presidencial?
Es hecho para un gran hombre que quiero mucho. Lo hice mirándolo. Le pregunté: “¿Qué tal el dulce en su plato?”, y me contestó: “Soy arriero, como fríjoles y chicharrones, pero puedo disfrutar de un buen plato chef. Eso fue hace casi ocho años. Es uno de los platos más vendidos.
¿Cuál es su sabor favorito?
Soy amiga de la cocina saladita.
¿Tiene algún pecado gastronómico?
Es no saber todo, quisiera ser una cocinera que supiera hacer de todo. Nosotros nos exigimos. Si no me cuadra un plato, no sale.
¿Qué es lo que más le gusta cocinar?
El pescado. Mi cocina es muy de marisco, es mi fuerte, es lo que más me gusta y en lo que mejor me va.
¿Cuál es su olor favorito?
A casa, alegría, amor. Que no haya tristeza ni lágrimas, sino alegría.
¿Cuál es el ingrediente de la felicidad en su vida?
El vino, es fundamental. Cuando entro a mi cocina a las seis, siete de la noche, lo primero que le digo a mi mesero es darme una buena copa de vino y si mi restaurante está lleno, disfrutarla aún más.
¿Qué no puede faltar en su cocina?
Muchas especias, albahaca, orégano, hierbabuena y aceite de oliva. Siempre he dicho: “Si no hay una buena mantequilla y un buen aceite de oliva la comida no es tan exitosa”.
¿Y en la vida?
La paz en el mundo y, sobre todo, en mi Colombia amada. Mi marido quiere llevarme a Suiza, pero aquí lo tengo todo.
Un ingrediente para el amor.
La hierbabuena es muy sensual. Cuando un plato la tiene, las personas voltean a mirarse, parece mentira, pero se miran y se quieren comer con la mirada.