¿Se imagina su vida sin fútbol?
Jamás, porque es más que mi vida propiamente y a él le debo muchísimo.
¿Qué le ha dado aparte de victorias?
Lo más importante de todo, mi señora y mis hijos.
¿Habría sido profesional en otra área?
Me habría gustado estudiar administración de empresas, pero el balón pudo más.
Una alegría fuera de las canchas…
El nacimiento de mis hijos.
¿El gol que más le ha dolido recibir?
Todos duelen, unos más que otros, pero duelen.
¿Quién achica su corazón?
Mis hijos, y por goleada, siempre me golean porque soy muy apegado a ellos.
¿Cuál es el santo de su devoción?
San Agustín, por supuesto; no, mentiras, me encomiendo mucho al Arcángel San Gabriel.
¿El arco es su segundo hogar?
Sí, pero hace frío y calor como un berraco.
¿Es hogareño?
Sí, bastante.
¿Tanto como para cocinar los días que tiene libre?
No, allá no me meto ni loco, juego de visitante, la local es mi señora.
¿Un plato que repita sin hastiarse?
El arroz de plátano y ojalá acompañado de unos camarones al ajillo.
¿Qué no le puede faltar en la nevera?
Yogurt, me gusta mucho.
¿Tiene alguna adicción?
A las películas, me la paso viendo cada vez que puedo.
¿Una que no se cansa de ver?
‘El señor de los anillos’, mi señora ya se la sabe de memoria.
¿En la música también es selecto?
No, soy cross over como dicen, me gusta de toda, desde vallenato hasta música popular.
El día perfecto…
El día del partido.
¿Cartagena, Ibagué o Bogotá?
En las tres dejé un pedacito de mi corazón y cada cual tiene su significado.
¿Cuál es el de Cartagena?
Mi esencia.
¿Bogotá?
Mi consagración.
¿Ibagué?
Mi resurrección.
¿Un lugar para volver?
Cartagena, allá pienso radicarme cuando me retire.
¿Qué le falta a Colombia?
Más comprensión
¿Y qué le sobra?
Mucha paciencia.
¿Qué tanto le debe a sus manos?
Todo y por eso las consiento con un buen manicure.
¿Es demasiado vanidoso?
Lo suficiente para sentirme bien.
¿Cuál fue el último chiste que se aprendió?
Soy malísimo para echar chistes, me gusta es que me los cuenten pa’ reírme.
¿En la selección hay buenos ‘cuentachistes’?
Sí, varios, por eso nos la pasamos riendo a toda hora.
¿Cuál es el ‘cuentahuesos’?
Giovanni (Hernández) puede ser.
Usted ríe fácil, ¿así es también para llorar?
Me cuesta un poco, debo estar muy sentimental o tener algo reprimido para hacerlo.
¿Cuándo fue la última vez que lo hizo?
Cuando salí de Santa Fe, me dio muy duro, no pude evitar las lágrimas y los directivos tampoco.
¿A qué le teme?
A quedarme solo, no concibo la soledad en mi vida.
¿Técnico, empresario o directivo cuando cuelgue los guantes?
No sé todavía, aunque sí quiero devolverle al fútbol algo de todo lo que me ha dado.
¿Pero con cuál se identifica más?
Dicen que tengo carisma, buena lectura y buen manejo para técnico, pero hay que esperar.
¿Sería un entrenador estricto o demasiado comprensivo?
Nada autoritario y amigo de los jugadores.
¿Si lo ponen a escoger entre el Mundial de Suráfrica y salir campeón con Santa Fe, con cuál se queda?
Las dos las negocio como sea, porque son dos sueños que me desvelan desde hace tiempo.