¿Por qué ‘Ni reinas ni cenicientas’?
Una reina está por encima de la sociedad que gobierna, tiene súbditos y un poder heredado, no representa a la democracia; no es a esto a lo que le apostamos.
¿Con qué nos sorprenderá este programa?
Con las heroínas de carne y hueso que dan ejemplo de tenacidad, de búsqueda, de autonomía. Son ellas las protagonistas. Los hombres con apertura y conocimiento nos acompañarán. El Estado, el Gobierno, los expertos nos dirán qué hacen.
¿Y usted no era de esas que cuando niña quería ser reina?
No. Nunca se me ocurrió.
¿Alguna vez le fue vulnerado un derecho?
Como mujer no he tenido una vida libre de violencias. En las salas de redacción se viven violencias de las que no se quiere hablar o no se quieren reconocer.
¿No habrá trucos de belleza, de esos para bajar kilitos?
No, pero pensar en clave de derechos humanos para las mujeres ayuda a la salud mental y espiritual. Y si te miras al espejo, te verás con tu propia belleza, así se te vea un kilito más aquí o allá.
¿Qué tanto hemos avanzado en materia de políticas públicas?
Vamos a paso de tortuga, queda mucho camino por recorrer. Para las políticas públicas no es suficiente con el enunciado, es preciso dedicarles un buen presupuesto.
¿A qué le apuesta la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género con este programa?
A narrar en primera persona la vulneración de los derechos de las mujeres; hacer visibles a esas mujeres que nos enseñan el camino y la capacidad para lograr esos derechos, y difundir la normativa nacional e internacional, con la certeza de presentar un programa con calidad y buen contenido.
En un país con múltiples conflictos, ¿por qué se escogió esta temática?
Los derechos de las mujeres, el enfoque de género, una mirada desde el feminismo como movimiento filosófico y humanista, son una necesidad y una urgencia para construir una auténtica democracia.
¿Cree que aún estamos en un país machista?
El cambio cultural es lento, quienes ejercen el poder en sus tres ramas podrían acelerar el curso.
Una mujer de admirar.
¿Sólo una? Dame el chancecito, que sean dos: Isadora Duncan y Chavela Vargas.
¿Y en la política?
Michelle Bachelet.
Una heroína.
La Pola.
De las historias contadas, ¿cuál fue la que más le impactó?
La de Gladys, La Guajira, que ha sufrido todas las vulneraciones a sus derechos y sigue con la capacidad de reírse de sí misma y un cigarrillo entre sus dedos, de seguir “guerreando la calle” con momentos para la ternura.
Lo mejor y más difícil durante la realización del programa.
Lo mejor: enterarme de que con cada entrevista conozco más la condición humana. Lo más difícil: hacer pedagogía con la palabra y la imagen para que cada paso, desde el cabezote, las promos, las entrevistas… hasta el final, tengan enfoque de género y no sea un programa acartonado y aburrido.
¿La mujer colombiana aún teme denunciar?
Por supuesto. El peso cultural es muy grande, los miedos, la presión económica y la falta de posibilidades pueden frenar su autonomía para la toma de decisiones.
¿Todavía “el hombre propone la mujer dispone”?
Hoy proponemos y disponemos; ellos lo hacen hace siglos. Podemos hacerlo hombro a hombro.