Está ‘entusado’ todavía y lo mejor es que, contrario a ciertas actitudes típicamente machistas, lo confiesa. Sin embargo, no está obnubilado porque le ‘robaron’ su gran amor. Le insistí y volví a insistirle para que formulara una crítica sobre el segundo alcalde polista de la capital y, salvo su posición conocida de sobra en cuanto a la prioridad del sistema Transmilenio, no dijo una palabra personal contra Samuel Moreno y fue cauteloso, aunque mordaz, en las únicas dos o tres respuestas que dio acerca del gobierno distrital. Por eso no es descabellado pensar que más que la Presidencia que hoy obsesiona a por lo menos 24 colombianos, el interés de Enrique Peñalosa parece seguir concentrado en Bogotá.
No acepta de plano el tema de una nueva aspiración por la Alcaldía, pero tampoco la descarta, lo cual es significativo en momentos en que se reune con cuatro candidatos presidenciales para tomarse una foto antirreeleccionista, foto que, hay que admitirlo, fue impactante. En efecto, de los denominados “quíntuples”, es el único que no parece tener interés, al menos inmediato, en la Primera Magistratura. También descarta su ingreso al Senado. ¿Cuál es, entonces, su plan político futuro? No lo dirá ahora, pero en esta entrevista queda implícito que será la Alcaldía de la capital, excepto que algo extraño se atraviese en su camino.
El Peñalosa de hoy es, en todo caso, diferente del anterior. Se nota que el golpe electoral de la última ocasión lo ha ido madurando en términos políticos. Es más ‘aterrizado’, aun cuando persiste en su visión de proyecto urbano que a algunos les parece tan irreal; procura elogiar a sus futuros aliados y no atacar a sus contradictores, excepción hecha de uno que otro personaje. Matiza las afirmaciones, incluso si habla del Partido Liberal, del que salió dando un portazo hace un tiempo. Y reitera su aprobación a la labor del Presidente, pero no tiene problema en criticar su segundo intento reeleccionista. Ante todo, el Peñalosa 2009 no muestra afán de ganar. Tampoco de competir. Raro en un político: si puede, bien; si no, también. Probablemente el gran reconocimiento internacional del que goza, lo curó de espantos locales.
Cecilia Orozco Tascón.- Más allá de la foto que impactó a Colombia, ¿qué posibilidades reales hay de que los cinco líderes independientes coincidan en temas políticos?
Enrique Peñalosa.- Los llamados quíntuples hemos hecho una política distinta a aquella en la que se compran los apoyos de ediles, concejales, diputados, se nombran incompetentes o corruptos por razones políticas, o se dicen mentiras en las campañas. Tener como factor común una política transparente, como en nuestro caso, es importante. Pero no somos marcianos, sino políticos que hemos hecho campañas, perdido y ganado elecciones, y hecho gestiones exitosas. Y aunque compartimos la apreciación de que una nueva reelección presidencial es inconveniente para nuestra democracia, ninguno es antiuribista.
C.O.T.- ¿Existen o no existen las posibilidades de unirse en un solo proyecto?
E.P.- No es poca cosa compartir principios en relación con la manera de hacer política. Siento que también hay un compromiso importante en todos nosotros con la igualdad, aunque no hemos hablado aún de definiciones ideológicas, y sólo muy preliminarmente de una posible unión.
C.O.T.- Lo primero que se ha mencionado como un obstáculo para el proyecto de los quíntuples es el ‘ego’ de cada uno. ¿Es cierto que la vanidad personal impediría adelantar la unión? Y si es así, ¿cómo califica su propio ego?
E.P.- En el pasado he apoyado a Fajardo, a Francisco Lloreda, al presidente Uribe y, nuestro grupo, la reelección de Mockus. Algunos han ganado, otros han perdido. Aunque haya riesgos, no me preocupa si apuesto por buenas causas. Me sentiría cómodo en un movimiento político promovido por los llamados quíntuples. En lo que a nosotros respecta, el único requisito para una unión es que haya igualdad y respeto. Yo no tengo problemas de ego, sino de posiciones ideológicas y programáticas.
C.O.T.- Le pregunto por su vanidad personal porque, con frecuencia, sus críticos dicen que usted es soberbio y que eso impide que la gente se sienta cercana a usted.
E.P.- Estar dispuesto a participar en un proyecto político cuando son bajas mis posibilidades de liderarlo como candidato, no me parece vanidoso. En cuanto a que la gente no se sienta cercana a mí, creo, por el contrario, que quienes han trabajado conmigo lo han disfrutado y hemos hecho un verdadero equipo.
C.O.T.- Un sondeo realizado por la revista Cambio hace un par de días indica que usted tendría el menor apoyo electoral entre los quíntuples. ¿Lo desilusiona el resultado?
E.P.- Yo quisiera, por supuesto, estar mejor en las encuestas, pero mi disposición a participar en un proyecto común tiene como objetivo impulsar programas fundamentales para nuestra sociedad, independientemente de que sea en cabeza de otra persona.
C.O.T.- De los quíntuples, ¿cuál es más afín a usted y por qué?
E.P.- Los respeto a todos por diversas razones, pero fundamentalmente por su integridad, su trabajo de toda una vida y los riesgos que han tomado.
C.O.T.- ¿Por qué no invitaron a Gustavo Petro a participar de la famosa foto?
E.P.- Personalmente, no me gusta la manera de hacer política de Gustavo Petro, porque hace sugerencias calumniosas sobre la honra de las personas. Rechazo profundamente eso de jugar con el buen nombre de los demás.
C.O.T.- A mí tampoco me gusta Petro, por su falta de coherencia ideológica. Pero no hay que desconocer que se ha anotado grandes éxitos en sus debates, por sus investigaciones.
E.P.- A mí, en cambio, lo que más me llama la atención de los debates de Petro es su habilidad para inculpar inocentes.
C.O.T.- Así como ustedes cuentan con buena imagen, también tienen debilidades como la de no tener partido que los respalde. ¿Es cierto que se oponen a la reforma política por eso?
E.P.- Es falso. No criticamos las medidas por motivos egoístas. Nosotros estamos posicionados y muy seguramente nos recibirían en varios partidos. El problema de la reforma política es para la democracia y el país. Los umbrales deben existir para la creación y la subsistencia de los partidos, pero no para impedir que ciudadanos independientes puedan ser elegidos. ¿Desde el comienzo de su carrera política deben los jóvenes aprender a ‘lagartear’ para que los incluyan en las listas? ¿O pueden entrar a la lista sólo quienes tengan una palanca o quienes tengan un papá amigo de un senador?
C.O.T.- ¿Usted se siente un poco víctima de ese sistema? ¿Cómo le parece que personas con una votación inferior a la suya hayan llegado al Congreso?
E.P.- Ese es uno de los problemas que no soluciona la reforma. Resulta que hay gente que hizo política limpiamente, a la que dejaron por fuera del Congreso por la manera ilegal como llegaron otros.
C.O.T.- Los demás integrantes del grupo de los cinco han manifestado su intención de aspirar a la Presidencia. Usted es el único que no lo ha hecho. ¿Será o no será candidato?
E.P.- No seré candidato presidencial, salvo que la conformación y posicionamiento del grupo lo requiriera.
C.O.T.- También se ha dicho que ustedes podrían integrar listas conjuntas al Congreso. ¿Estaría dispuesto a ir al Senado?
E.P.- No es de mi interés ir al Congreso.
C.O.T.- ¿Por qué? ¿No ha dicho que le gusta influir en las políticas nacionales?
E.P.- Hay muchas maneras de influir en la sociedad. No tiene que ser desde el Senado.
C.O.T.- ¿Ha pensado volver a aspirar a la Alcaldía de Bogotá?
E.P.- No descarto esa posibilidad. Me apasiona todo lo que podría mejorar nuestra ciudad.
C.O.T.- Como usted no tiene maquinaria electoral, ¿cuántos votos cree que reuniría hoy?
E.P.- Lo de los votos depende de circunstancias coyunturales. Pero les agradezco a Dios y a los ciudadanos el gran respaldo que me han brindado.
C.O.T.- ¿Ha considerado volver al seno del Partido Liberal?
E.P.- Sigo sintiéndome liberal de corazón y de ideología y creo que hay excelentes líderes en el Partido. Pero me parece que serían más efectivos si hablaran más de programas y proyectos e hicieran menos énfasis en el antiuribismo. Aprovecho para señalar que hay excelentes precandidatos liberales a la consulta, como Aníbal Gaviria, Héctor Helí Rojas, Rafael Pardo, Alfonso Gómez. Ellos son líderes que admiro.
C.O.T.- ¿Y qué pasa con Cecilia López o Piedad Córdoba?
E.P.- Respeto mucho la inteligencia apasionada de Cecilia López. Sobre la manera de hacer política de Piedad Córdoba, recuerdo un debate en que atacaba a un colega suyo del Congreso durante un largo rato, con base en un mensaje anónimo que había recibido.
C.O.T.- Usted se ha definido a sí mismo como un uribista no reeleccionista. ¿Uribe terminará de enemigo suyo?
E.P.- Seguiré creyendo que Uribe ha hecho un gran gobierno y apoyaré las políticas que considere convenientes para Colombia, señalando las que considere inconvenientes. En lo personal, el Presidente ha sido amable y generoso conmigo, y aun si hubiere diferencias en algún momento, no creo que serían de orden personal.
C.O.T.- ¿Qué lo une y qué lo separa a usted de Uribe más allá del tema de la reelección?
E.P.- Me unen a él tres convicciones: la necesidad de tener seguridad como requisito para la vida civilizada y el progreso material; la importancia de la inversión privada para generar empleo y mejorar el ingreso; y el sincero amor por Colombia. Me diferencia de él, la mayor prioridad que le doy a la igualdad, a la vivienda social, especialmente a la necesidad de intervenir la tierra suburbana; a la seguridad y a la calidad de vida.
C.O.T.- ¿Por qué usted se opone a la segunda reelección de Uribe?
E.P.- No es por tontos que los constituyentes colombianos de 1886 ó 1991 no incluyeron la reelección. En ninguna democracia presidencialista del mundo hay más de una reelección y en muchas ni siquiera existe una. La razón es que el Presidente concentra mucho poder y no es posible que haya una competencia equitativa. El Presidente llega a cualquier parte con sus aviones, helicópteros, con la posibilidad de ordenar inversiones, aumentos en el pie de fuerza, repartir subsidios y toda la atención de los medios. Que un jefe de Estado tenga un gran apoyo popular, no significa que cambie la Constitución para abrirle paso a su reelección. En una democracia seria no se cambian las normas electorales para la elección inmediatamente siguiente. Me preocupa que a los jóvenes con 22 años, en 2014 les interesaría poco ingresar a la política, porque no habrían conocido a nadie distinto a Uribe. Y, claro, seguramente él querría otra reelección también en ese momento.
C.O.T.- Imposible no preguntarle sobre Bogotá: ¿Cómo ve hoy la capital?
E.P.- Prefiero no opinar.
C.O.T.- ¿Por qué? Nunca se ha privado de decir lo que piensa.
E.P.- Nadie creería que soy objetivo. Los ciudadanos podrán imaginar sin que yo diga nada, si estarán mejor dentro de veinte años de continuar como vamos hoy.
C.O.T.- Le reitero: ¿Por qué es tan parco para hablar del Alcalde?
E.P.- ¡Es como si le pidieran a alguien que opine sobre el que le quitó la novia a la que todavía quiere!
Un gurú internacional de urbanismo
Aunque la frase de que “nadie es profeta en su tierra” es muy trillada, aplica para Peñalosa. Sólo una revisión de su actividad del año pasado así lo indica: Ha dictado conferencias en universidades como la Católica de Santiago de Chile; Berkeley y San Diego, en California; New York University; Massachusetts Institute of Technology, Centro de Arquitectura de Dinamarca, London School of Economics, Universidad de Tongjin, en Shanghai y la de Zhongshan, en Guanzhou, entre otras. Ha sido invitado a trabajar proyectos urbanos con el Institute for Transportation and Development Policy de Nueva York; con el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo del Asia, el Urban Land Institute de Estados Unidos, el Cities Development Initiative for Asia y el programa Urban Age del London School of Economics, entre otros.
Y ha ido con generosos honorarios de consultor a Ciudad del Cabo, Perth, Brisbane, Melbourne, Boston, Washington, Denver, Harbin, Lahore, Karachi, Ulán Bator, Manila, Cebú, Culiacán, Ahmedabad, Cochin, Yogyakarta, Surakarta, São Paulo. Finalmente, han publicado artículos sobre su gestión en Bogotá y sobre sus propuestas más de 30 prestigiosas publicaciones con influencia mundial y una entidad pública británica le patrocina un libro sobre urbanismo que se llamará Una manera distinta de vivir, el cual será impreso a finales de este año en Londres.
“Ojalá que el alcalde Moreno termine bien”
C.O.T.- ¿Cómo le parece el Pico y Placa ampliado? Mucha gente dice que se han perjudicado las finanzas de la ciudad.
E.P.- No creo que perjudique las finanzas, pero es más efectivo para la movilidad, por ejemplo, desincentivar el uso del carro restringiendo el estacionamiento en bahías donde debería haber aceras.
C.O.T.- Todavía el metro no se inicia, ¿arrancará?
E.P.- Seguramente, y no pasará a kilómetros de un barrio de estrato uno ni de la mayor parte de la ciudad; no resolverá nada que no resuelva una troncal de Transmilenio, y nos dejará en el trancón, sin recursos para hacer vías en los próximos treinta años. Cuando esta ciudad tenga su línea de metro y esté totalmente trancada por haber dejado de hacer las troncales, que los ciudadanos que hoy respaldan el metro sepan que fue su responsabilidad.
C.O.T.- Cuando usted era alcalde lo quisieron tumbar por el tema de los bolardos y aunque tuvo muy baja popularidad, después se recuperó. Samuel Moreno, ¿será así de exitoso?
E.P.- A mí casi me tumban por dar batallas por la igualdad, por quitar los carros de las aceras y por promover un modelo de ciudad que revolucionó a Bogotá. Ese modelo ha venido transformando, de una u otra manera, a todas las ciudades colombianas y a muchas del mundo. Ojalá que el alcalde Moreno termine bien.