¿Qué la cautivó de Beatriz?
Es un personaje con muchos matices. Tiene una personalidad frágil e insegura y me pareció bonito poder trabajarlo.
¿Cómo concibe este personaje?
Me tocó toda la parte trágica de la novela. Es un personaje que sufre mucho y que tiene los altibajos de la bondad y la maldad cruzados.
¿Qué tiene de ella?
Supongo que todo. Los seres humanos tenemos todo, pero es nuestra decisión en qué niveles desarrollamos ciertas facetas. Me agarro de mi propia inseguridad para hacer la de Betty.
¿De qué manera esta novela atrapa la atención de los colombianos?
Tiene situaciones y personajes para todos los gustos. Además está el elemento de la suegra, que le incumbe a muchos, porque en algún momento todos tendremos suegra.
¿Qué fue lo mejor de realizar este proyecto?
Pude conocer personas con las que no había trabajado, como Jacqueline Arenal, y fue bonito reencontrarme con Danilo Santos después de 30 años. Fue una experiencia placentera.
¿Cómo ve a la nueva generación de actores en Colombia?
Como siempre, hay de todo. Están los que realmente quieren ser actores y no sólo figuras públicas. Los que quieren ser famosos pasarán. Llevo 40 años en este negocio y he visto pasar a muchos y muy pocos se han quedado.
¿Cómo ha vivido la transformación de la televisión colombiana?
He visto cambios fuertes, como la llegada del video y del color. Colombia tuvo los primeros estudios de grabación a color de Latinoamérica. Es una revolución. Si miramos para atrás, el salto ha sido enorme.
¿Qué le falta a la televisión colombiana?
En principio, le falta diversificarse y abrirse más. Estamos estancados con dos canales privados y unos pocos estatales que tratan de sobrevivir lánguidamente. Hay cosas en las que el país está adelantado, pero en la televisión le falta mucho.
Comenzó a estudiar antropología. ¿Qué la hizo dejar sus estudios para dedicarse a la actuación?
Coincidió con una situación económica familiar difícil. Tenía la suerte de ganar plata para ayudarle a mi familia. Dejé la universidad pensando que después retomaría mis estudios.
¿La antropología le aportó algo a su carrera actoral?
Entender que el ser humano hace parte de un universo completo y que tiene la posibilidad de ser lo que quiera me ha sido útil para poder armar mis personajes y para mi vida en general.
¿Qué es lo que más disfruta como actriz?
La posibilidad de explorar dentro de mí misma facetas que en la vida real sería incapaz de desarrollar. Es la posibilidad de conocerme de otra manera.
¿Cuál fue su apuesta por el teatro musical?
Lamentablemente me retiré porque las quiebras económicas fueron grandes. Eran otros momentos y creo que hoy en día sería diferente. Me arriesgué a abrirles la puerta a otros. Arriesgarme a hacer comedias musicales fue tener que enseñar una manera diferente de hacer teatro.
¿Cómo recuerda su faceta como presentadora?
Me encantó. Agradezco a quienes me empujaron porque yo misma no creía en mí. Enfrentarme a eso fue complicado. Haber aprendido con Yamid Amat fue una suerte increíble. Trabajando en CM& aprendí a respetar mucho el oficio periodístico.
¿Volvería a hacerlo?
Me gustaría. Lo que pasa es que en eso somos infantiles en Colombia. Lo hice hace 22 años y ahora ya soy vieja para lo que buscan acá. En otros países la experiencia y la seguridad de una persona mayor valen. Pero acá es al revés: les gustan bonitas y jóvenes.
¿Un reto?
Retirarme pronto de la televisión. La decisión no es fácil por factores emocionales y económicos.
¿Y a qué se dedicaría después?
A vivir. A leer, oír música, escribir. He trabajado desde mis 15 años y no he tenido tiempo para otra vida. Me gustaría retirarme a una montaña para dedicarme a la tierra y al campo, que me encanta. No quiero morir sin haber vivido.
¿Lo más difícil de ser actriz?
Parar de trabajar.
¿Qué le cuesta trabajo?
Vencer la pereza, pero la vida me ha obligado a hacerlo.