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‘No se puede prescindir del arte’

El director del Teatro La Candelaria espera que con su nuevo nombramiento pueda decirle al mundo que "el teatro debe ocupar un mejor lugar en Colombia y en el concierto de las naciones".

23 de marzo de 2012 - 05:00 p. m.
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Este año el Teatro La Candelaria cumplirá 46 años y usted 83. ¿Por qué entregarle la vida al arte?

Porque el arte es esencial para la vida. No es un adorno, no es algo de lo que se pueda prescindir, como creen algunos. Ellos se lo pierden.

¿Cómo era el teatro que se hacía en Colombia hace 50 años?

Era un teatro o costumbrista o vanguardista.

¿De qué hablaba ese teatro?

La gente de teatro siempre estuvo tocada en el alma por la realidad. Lo que pasa es que hace 50 años no éramos movimiento, no había temporadas permanentes, no había salas independientes. Hubo intentos, pero duraban pocos años. Hoy hablamos de un teatro que ha ahondado en el alma del país, en el arquetipo, un teatro que ha transformado la percepción del público.

¿Qué opina sobre el Festival Iberoamericano de Teatro?

Es un festival importante y necesario. Pero ojalá llegara el día, no muy lejano, en que también se considerara importante el Alternativo, al que le dan unos presupuestos residuales. Los dos festivales tienen o deberían tener igual derecho a los presupuestos, y el público derecho a la información sobre los dos eventos.

¿Qué le ha traído el Iberoamericano a Colombia?

La posibilidad de hacer un balance de conjunto del estado del arte del teatro, de que muchos jóvenes vengan al teatro y de que el país no se olvide del teatro colombiano y el movimiento no se olvide de sí mismo.

¿Qué motivó la creación del Festival Alternativo de Teatro hace 18 años?

La Corporación Colombiana de Teatro empezó a hacer festivales antes del Iberoamericano, pero cuando vimos que teníamos criterios distintos, resolvimos hacer rancho aparte, sin pelear.

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¿Cuál es su mejor celebración para el Día del Teatro?

Decirles a los teatreros que no claudiquen, que no se ilusionen con la gestión y con las industrias culturales, que nuestro cuento es la creación, la invención y la dedicación al teatro.

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¿Su teatro, el de La Candelaria, tiene las mismas motivaciones de hace cinco décadas?

Sí, las mismas. Tenemos el entusiasmo del primer día y la experiencia colectiva de 45 años.

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¿Qué encuentra en la meditación?

Un descanso necesario.

¿Qué le significa el público?

Es el mediador entre la obra de arte y la sociedad.

¿Qué obra del Teatro La Candelaria quisiera volver a tener en escena?

Todas. Son como hijas de uno.

¿Qué se hizo su diploma de arquitecto?

No lo sé.

¿Qué tiene de arquitecto?

La composición en los montajes.

¿Cuántas veces el teatro lo ha metido en problemas?

Todos los días. Ese es nuestro oficio, meternos literalmente en problemas.

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¿Qué amenaza hoy al teatro en Colombia?

La falta de reconocimiento. Los políticos se han olvidado del arte. Y eso no es recíproco, porque nosotros no nos hemos olvidado de la política.

¿Qué hace un Embajador Mundial del Teatro?

Invitar al mundo entero para que venga a ver el teatro colombiano.

¿Lo sorprendió este reconocimiento?

Un poco. Yo soy modesto, pero lo agradezco, naturalmente, y se lo dedico a mi grupo.

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¿Qué le significa a usted ser Embajador Mundial del Teatro?

No lo sé, nunca he sido muy diplomático. Mas bien imprudente. Tampoco me visto como embajador. Ojalá sirviera para decir que el teatro debe ocupar un mejor lugar en Colombia y en el concierto de las naciones.

¿Qué conserva de sus raíces santandereanas?

El amor por la comida, el recuerdo de mi padre, de mi familia, de mis tías.

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¿Su pintor preferido?

Leonardo, Obregón y Alcántara.

¿Qué pintura quisiera que adornara una de las paredes de La Candelaria?

No lo sé, tal vez un cuadro de Óscar Muñoz.

¿Qué le significa un lienzo en blanco?

Una posibilidad.

¿Qué encuentra en la pintura?

La creación en solitario, que es necesaria al lado de la creación colectiva.

Su técnica favorita.

La acuarela.

¿Sobre qué pinta Santiago García?

Rostros, perfiles, atmósferas…

¿Cuántas veces se ha enamorado?

Pocas, pero intensamente.

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