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«Nunca pedí que Colombia presentara mi nombre»: José Antonio Ocampo

El economista, hasta hace unos días candidato a presidir el Banco Mundial, habla del rechazo que su aspiración produjo en el gobierno colombiano.

22 de abril de 2012 - 07:24 a. m.
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Cecilia Orozco Tascón.- ¿Por qué retiró usted su candidatura a la presidencia del Banco Mundial antes de la elección y su par en esa contienda, la candidata nigeriana, cuya aspiración era también del mundo en desarrollo, no hizo lo mismo?

José Antonio Ocampo.- Me retiré cuando Estados Unidos se dedicó a conseguir votos para su candidato. Era evidente que las reglas de juego habían cambiado, que la evaluación inicial por méritos se había transformado en un proceso estrictamente político a favor del Jim Yong Kim, y que los aspirantes del mundo en desarrollo íbamos a ser aplastados, como evidentemente pasó. Le propuse a la ministra nigeriana en dos ocasiones que nos retiráramos en señal de protesta. Ella no estuvo de acuerdo porque el apoyo que tenía de la Unión Africana la comprometía a seguir adelante, según dijo.

C.O.T.- Pero ¿cuáles hechos inmediatos desencadenaron su decisión?

J.A.O.- Antes de la elección se dieron dos sucesos que definieron mi renuncia: en primer lugar, varios países en desarrollo terminaron por ceder a la presión de Estados Unidos a favor de Kim. En segundo término, esa presión condujo a que el grupo de los 11 (directores del mundo en desarrollo) se dividiera.

C.O.T.- De usted hubiera podido decirse lo mismo que de la ministra nigeriana: que tenía un compromiso con quienes ya habían creado un movimiento para promover su candidatura.

J.A.O.- No, era distinto porque la ministra Okonjo contaba con el respaldo de su gobierno y del resto de la Unión. En cambio mi candidatura adolecía del apoyo del Estado colombiano. Este hecho me puso en inferioridad de condiciones frente a los otros dos aspirantes.

C.O.T.- Precisamente quería saber qué incidencia tuvo en su candidatura, la negativa del gobierno colombiano a acompañarla.

J.A.O.- No tuvo efecto importante mientras el proceso estuvo basado en la evaluación de méritos. Si se hubieran seguido las reglas y los directores (del Banco Mundial) hubieran hecho una calificación real de los candidatos, hubiera estado en buena posición. De hecho, varios directores europeos (del banco) habían planteado su simpatía con mi aspiración, además de los dos de Argentina y Brasil. Es imposible saber cuántos hubieran votado por mí al final. Sin embargo, cuando los directores empezaron a recibir órdenes de sus capitales, la incidencia del veto del presidente Santos, sí inclinó la ecuación en mi contra.

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C.O.T.- Santos siempre dijo que era imposible ser elegido sin el aval de Estados Unidos ¿Usted realmente tuvo la ilusión de que hubiera apertura en la elección del nuevo presidente del Banco?

J.A.O.- Cuando decidí entrar al proceso, obviamente era consciente de que ése era el mayor riesgo. Pero al mismo tiempo, y como era la primera vez que se abría una posibilidad de este tipo, la ministra Okonjo y yo teníamos en mente, en último caso, dejar sentado el precedente de que los países en desarrollo debían ser tenidos en cuenta para presidir el BM y que había candidatos con méritos para asumir esa tarea.

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C.O.T.- Valiente esa posición pero ¿no carecía de realismo?

J.A.O.- En estricto sentido, el proceso nunca se planteó tal como terminó. Esto no me lo inventé yo, ni la ministra de Nigeria. Hubo una convocatoria de la que salieron nuestros nombres y si uno revisaba con atención, había criterios objetivos de evaluación de los candidatos a quienes se les exigía cumplir unos requisitos y tener unos méritos. Nunca se habló de acumulación de votos bajo presión. En todo caso, no me arrepiento porque pienso que la forma de elección del presidente del banco tendrá que cambiar con base en las lecciones que dejó esta experiencia.

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C.O.T.- ¿Cuántos directores del banco mostraron disposición a romper la tradición de elegir a un presidente estadounidense?

J.A.O.- Los europeos estaban bastante abiertos a hacer la elección mediante un concurso de méritos. Se notó en la reunión de Bruselas, a donde nos convocaron los ministros de Cooperación para presentar nuestras plataformas. Hablé largamente con el ministro inglés y después individualmente con todos los directores de ese continente. Por todo esto, hasta hace poco, creí que estábamos, en efecto, en un concurso de méritos. Tanto, que se filtró una evaluación sobre cada uno de nosotros (ver evaluaciones, parte superior de la pág.)

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C.O.T.- En este juego ¿usted perdió todo o ganó algo?

J.A.O.- Gané, netamente. Comencé esta carrera con múltiples dificultades durante una semana de difíciles conversaciones con el gobierno de Colombia. Mientras tanto el doctor Kim estaba viajando por el mundo, transportado por el gobierno de Estados Unidos y la candidata de Nigeria había obtenido el apoyo de la Unión Africana. Yo empecé muy atrás. Conté con la fortuna de que el ascenso de mi candidatura fue nítido por el apoyo de muchos colombianos, apoyo que fue aplastante y del todo inesperado. Y después, por las opiniones de mucha gente en varios países.

C.O.T.- ¿Por qué cree que se generó ese movimiento por su nombre?

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J.A.O.- Creo que la gente reaccionó espontáneamente, porque nadie la organizó, a la oposición del gobierno. Como le decía, hubo manifestaciones a través de firmas en varios sitios. Gané mucho más con el reconocimiento de círculos cercanos al banco y también de los académicos.

C.O.T.- Tanto en Colombia como internacionalmente circularon cartas destacando sus méritos profesionales ¿quiénes eran los firmantes?

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J.A.O.- Una carta de apoyo que circuló en varios países fue firmada por más de 350 economistas, entre otros, dos de los chinos más importantes del área, algunos de India, otros de varios países europeos y del propio Estados Unidos. La carta latinoamericana fue firmada por cerca de 200 expertos encabezados por el expresidente Lagos de Chile, además de varios gerentes del Banco Central de ese país. También había argentinos, brasileños, peruanos, mexicanos etc. Y se crearon páginas en Facebook. Fue muy gratificante.

C.O.T.- Los otros dos candidatos ¿recibieron esa especie de respaldo externo al banco?

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J.A.O.- Por la ministra Okonjo circuló una carta de 37 exfuncionarios del Banco Mundial. El doctor Kim, quien fue elegido, estuvo por fuera de los medios y de los foros públicos. Nunca quiso participar en ningún debate. La BBC intentó realizar un encuentro entre los tres aspirantes pero él se negó a participar. Su actitud impidió que hubiera confrontación abierta de ideas. Lo único suyo que se publicó fue la columna de opinión que nos solicitó el Financial Times.

C.O.T.- Tal vez el apoyo más importante y respetable que usted y la ministra nigeriana recibieron fue el del Premio Nobel Joseph Stiglitz ¿Por qué él se interesó en el tema?

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J.A.O.- Bueno, él estuvo vinculado al Banco Mundial y lo conoce muy bien. El profesor publicó una columna en Proyect Syndicate en la que decía que conocía el trabajo de la ministra Okonjo y el mío.

C.O.T.- ¿Qué afirmó sobre usted y por qué lo conoce tanto?

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J.A.O.- Dijo que yo era el candidato con mayor experiencia en diversos temas (hacienda, agricultura, planeación y organismos internacionales de desarrollo) en contraste con el doctor Kim, especializado exclusivamente en asuntos de salud pública. Fue muy generoso conmigo. Stiglitz era mi profesor en Yale. Durante muchos años no tuvimos ningún contacto pero cuando él se desempeñaba, justamente como Economista en Jefe del Banco Mundial, hizo un viaje a Bogotá y nos volvimos a encontrar. Seguimos en contacto y después tuve la oportunidad de empezar a trabajar con él.

C.O.T.- ¿Cuándo?

J.A.O.- El profesor había creado La Iniciativa para el Diálogo Político (tanque de pensamiento) en Columbia University. Empecé a participar con él en algunos de sus proyectos cuando todavía yo trabajaba en Naciones Unidas. Una vez me retiré, y como en ese momento ya realizábamos varias actividades, me vinculé con su ayuda a Columbia University y empecé a codirigir la Iniciativa.

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C.O.T.- ¿Cuántos libros han escrito o editado conjuntamente?

J.A.O.- Cuatro o cinco (ver parte superior de la pág.). El profesor Stiglitz es una de las personas con las que por fortuna trabajo más estrechamente en la universidad.

C.O.T.- ¿Cuantos años hace que trabaja con él?

J.A.O.- En Columbia, cinco años, pero asociado a la Iniciativa, unos diez.

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C.O.T.- ¿Hay algún otro economista colombiano que tenga tanta cercanía con él?

J.A.O.- (risas) Realmente no. Con el profesor también ingresé a la llamada Comisión Stglitz que fue un centro de análisis de la crisis monetaria y financiera internacional, convocado por el presidente de la Asamblea General de la ONU. Tuve la fortuna de ser uno de los redactores del Informe Stiglitz, resultado de ese análisis.

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C.O.T.- Si bien el profesor es el economista más importante del mundo, se sabe que sus duras críticas contra la globalización, los neoliberales, el Fondo Monetario y el propio Banco Mundial, lo hacen indeseable en muchos sectores. El apoyo abierto del profesor, siendo muy honroso ¿No habrá acabado de enterrar su candidatura?

J.A.O.- Hay que recordar que el profesor Stiglitz fue alto funcionario del banco y que por eso se involucra en sus movimientos y decisiones. En cualquier caso, las cartas de apoyo a mi candidatura tenían firmas de economistas de derecha y de izquierda. No obstante las interpretaciones de la prensa, para mí fue un gran honor que él me hubiera respaldado.

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C.O.T.- En contraste el presidente fue reacio con su candidatura ¿Por qué cree que con su brillante historial, el jefe de Estado se refirió a usted y a su candidatura en términos tan peyorativos como lo hizo casi sugiriendo que usted siempre buscaba candidaturas?

J.A.O.- Francamente no lo entendí. Tenía simpatías por el presidente Santos hasta cuando sucedió esto. Que yo sepa, no ha pasado nada que lo lleve a actuar como lo hizo. Este es el momento en que no he podido entender lo que ocurrió.

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C.O.T.- ¿No cree factible que los economistas que rodean al presidente, hubieran tenido que ver con la oposición a usted por rivalidad o por tendencias ideológicas?

J.A.O.- No lo sé. El presidente sabe que yo estoy a la izquierda de él pero aun así, él tenía buena comunicación conmigo: me invitó a Palacio en unas dos ocasiones y yo no tuve inconveniente en viajar a Colombia a participar en los debates que él organizó. Pensé que era una persona pragmática que quería escuchar todas las posiciones pues en esas reuniones había personas de diferentes ideologías. Por eso nunca he creído que ésa sea la causa de su oposición a mí.

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C.O.T.- El mandatario también adujo que el Estado colombiano no podía apoyar su candidatura para no entorpecer la del vicepresidente Angelino Garzón a la OIT) ¿Le parece razonable esta explicación?

J.A.O.- Nunca pedí que Colombia presentara mi nombre. Estaba solicitando que el gobierno no se opusiera. La mía nunca fue una candidatura colombiana. Era la candidatura de un colombiano, que es distinto. Eso fue, exactamente, lo que el director brasileño Rogério Studart le planteó al ministro de Hacienda. Tampoco pedí que el gobierno pusiera su maquinaria a mi servicio y, para ser sincero, ni siquiera le solicité un centavo.

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C.O.T.- Y la tesis de que dos colombianos compitiendo para organismos internacionales simultáneamente, se anulan entre sí ¿tampoco le suena?

J.A.O.- Tampoco. Hay países más pequeños que Colombia, por ejemplo Chile, que cuentan con varios nacionales suyos en organismos internacionales: el Director General saliente de la OIT, la Directora Ejecutiva de la ONU Mujeres, y el Secretario General de la OEA. Y todos éstos son organismos de Naciones Unidas. La OIT es de la ONU pero el Banco Mundial no tiene nada que ver con ese organismo. Pero además, con la lógica del gobierno colombiano, el candidato de Estados Unidos al Banco Mundial no hubiera podido ser elegido porque tiene origen coreano y el Secretario General de la ONU también nació en Corea.

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C.O.T.- ¿No será que el mandatario terminó siendo más realista que usted?

J.A.O.- Todo el mundo entendió, salvo la administración Santos, que independientemente del resultado éste era un proceso histórico porque era la primera vez que la elección de presidente del Banco Mundial se abría a la competencia. El gobierno, que ha debido sentirse orgulloso de que un nacional hubiera sido uno de los escogidos por los directores latinoamericanos, no parece haberlo comprendido aún.

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C.O.T.- ¿Por qué, tal como el presidente lo reveló en un discurso, los industriales colombianos se oponían a su candidatura?

J.A.O.- Los industriales colombianos no se oponían a mi aspiración. Por el contrario, varios mandaron mensajes de felicitación. El presidente de la Andi, a quien el jefe de Estado mencionó diciendo que éste opinaba que mi candidatura “un desastre” para la de Angelino Garzón, tiene que aprender sobre temas internacionales. Demostró no conocer nada sobre este tipo de procesos.

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Ocampo, el de mejor imagen

Dos encuestas de opinión en influyentes medios de comunicación, dieron como resultado que el excandidato colombiano a presidir el Banco Mundial, el economista José Antonio Ocampo quien se retiró, era el mejor aspirante de los tres posibles, y que estaba muy lejos en imagen favorable de quien finalmente fue elegido hace unos días, el candidato de Estados Unidos Jim Yong Kim (82 votos contra 18 de la nigeriana Okonjo). A la pregunta “quién debe ser el próximo presidente del Banco Mundial”, los lectores del diario londinense The Guardian contestaron: José A. Ocampo, 45.1%; Ngozi Okonjo-Iweala, 29.7%. Jim Yong Kim, 25.2%. En el website worldbankpresident.org dijeron: Ocampo, 50%; Kim, 25%; Okonjo, 25%. Para el exministro de Hacienda fue un gran logro la promoción internacional de su nombre porque no contó con el apoyo oficial del gobierno de Colombia. El Banco Mundial es un organismo controlado tradicionalmente por el Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado norteamericanos pero esta vez se había abierto la posibilidad de que el presidente de la entidad fuera escogido del mundo en desarrollo.

Del elogio al rechazo

Entre los apoyos internacionales que logró J. A. Ocampo para la presidencia del BM, el más notorio fue el del Nobel Stiglitz, quien escribió un artículo junto con el economista Nicholas Stern (asesor de Gordon Brown) y con el profesor Francois Bourguignon (director de Estudios Económicos de París) para elogiar las calidades del colombiano. Aquí, la discusión era otra:

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Cecilia Orozco.- El presidente Santos dijo que usted le había pedido, a través del embajador en Londres, quien es cuñado del mandatario, el aval para su candidatura a la presidencia del banco ¿Eso es cierto?

José A. Ocampo. – El embajador en Londres Mauricio Rodríguez se ofreció, gentilmente, a hacer una consulta con Juan Manuel Santos sobre mí. Me contó que el presidente le había dicho que el país no podía presentarme pero que él veía con buenos ojos que otros gobiernos me promovieran.

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C.O.T.- Sin embargo, el ministro de Hacienda rechazó esa posibilidad.

J.A.O.- Al ministro le hablé sobre la candidatura y él dijo que siguiera adelante. Después, salió a rechazarla. Cuando lo llamé de nuevo, me reclamó por no haberle contado mi conversación con el embajador. Le contesté que no me había parecido relevante porque solo estaba pidiendo que Colombia no se opusiera.

C.O.T.- ¿Mala interpretación?

J.A.O.- No lo sé. Para mí, siempre estuvo muy claro.

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