El diseñador John Galliano fue desde su primera colección en 1984 un transgresor, un rebelde que usó la moda no sólo para que “la gente soñara”, sino también para hacer comentarios políticos, provocaciones ideológicas. Lo hizo en la primavera de 2006, cuando en su colección Todo el mundo es bello puso a desfilar a enanos, gordos, travestis y ancianos en una pasarela y lanzó una arenga: “¿Por qué estos cuerpos no pueden vestirse también de Dior?, ¿cuál cuerpo es verdaderamente bello?, ¿por qué no dudamos de las tiranías de la belleza?”.
Lo hizo también en 2005, cuando las políticas sobre los gitanos en Europa arreciaban y se oía en los noticieros contar los grandes éxodos a Rumania y Hungría. Él decidió recuperar sus faldas largas y voluminosas y la estética de sus mujeres para hacer que con su colección las consumidoras de todo el mundo sedujeran con las siluetas de quienes eran condenados como parias. Con sus vestidos, dijo, “yo mismo soy un gitano”.
Usó la moda también para recordar las culturas tradicionales olvidadas. Amante de la historia, buscó en India, China, Turquía, Japón e incluso en Perú nuevas maneras del vestido. E incluso en el año 2000, desde su romántica pasarela, se atrevió a hablar sobre la necesidad de volcar la mirada hacia esos otros de las márgenes, como los indigentes, en donde el banquete excelso de la moda también podría conseguir inspiración.
Esta semana, su provocación artística quedó borrada de un solo tajo por unas palabras insolentes, antisemitas, que dijo, ebrio, en un bar de París y fueron puestas en internet. Después del escándalo mediático, que incluyó las declaraciones de la recién ganadora del Oscar e imagen actual del perfume de Dior, Natalie Portman, diciendo “que los actos de Galliano la asqueaban”, y de que el diseñador tuviera que comparecer en una estación de policía, en donde se careó con los tres acusantes, la casa Dior decidió despedirlo.
Quizá los buenos números y resultados que Galliano le ha traído a la marca desde 1996 no logren contrarrestar tanta mala prensa. Tanta indignación. “John Galliano entró a la casa Dior en un momento en que la marca venía de una dictadura muy estricta con Gianfranco Ferré, que veía a la mujer muy tapada, llena de lazos y moños, envuelta en camisas blancas”, dice Pilar Castaño. “En sus inicios con la marca hizo una ruptura y con su creatividad llenó de imaginación y esplendor la gran casa de modas. Creatividad que se extendió a la línea de perfumes con campañas propositivas y llenas de exuberancia”, añade por su parte la editora del portal de moda Fashion Radicals News, Catherine Villota.
Ante la decisión, que ha sacudido la Semana de la Moda de París, en la que justamente Dior tiene planeada una pasarela para este viernes, algunos de los amigos más cercanos del modisto han hecho masivas declaraciones a diarios como Herald Tribune o el New York Times, en las que ponen de manifiesto que esos son pensamientos que nunca antes le oyeron al diseñador inglés.
Son indignantes las palabras de John Galliano, pero ¿puede la insolencia de unos tragos en un bar ser tomada como verdad sólo porque circulan en internet?, ¿odia realmente Galliano a los judíos?, ¿podemos condenar a todos los borrachos por atreverse a ser políticamente incorrectos cuando creen que nadie los escucha? ¿No tiene este caso visos muy parecidos a los malos comportamientos de otros diseñadores, como Marc Jacobs, Calvin Klein e incluso Alexander McQueen —quien se suicidó hace un año—, en los que siempre se señala a la industria de la moda como una tirana que con su necesidad de creatividad y producción parece enloquecer a sus genios?
Las preguntas ya parecen impertinentes, sobre todo cuando el emporio ha tomado su decisión. No queda más que esperar a que la justicia francesa, que castiga penalmente cualquier acto contra los judíos, resuelva el caso.
Por lo pronto, la moda está huérfana, apenas recuperándose de la ausencia de McQueen, ahora la gran riqueza creativa del siglo XX parece morir con la partida de Galliano. “Todos los calificativos son pocos para este hombre, que deja un vacío imposible de llenar en la moda actual del mundo. Dior sin Galliano seguirá con un Riccardo Tisci o un Giambattista Valli o quién sabe con qué otro gran nombre, pero lo tendrán que reemplazar muy rápido, aunque de ese nivel, imposible”, asegura Pilar Castaño. “Hoy es difícil pensar en un sucesor que tenga la grandeza teatral de hacernos soñar, con esos desfiles fastuosos y espectaculares”, agrega Villota.
Resta esperar a que después de su necesario arrepentimiento Galliano cumpla con eso que alguna vez confesó a la revista I-D: “Incluso en mis momentos más oscuros yo continuaré diseñando, no tengo opción”.