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“Podría ser Vice por 10 años y sería feliz”

A pesar de su apretada agenda, la viceministra del Interior, María Isabel Nieto, le abrió a El Espectador la puertas de su despacho y de su casa para develar facetas que su vida política oculta.

05 de septiembre de 2008 - 08:31 p. m.
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Pasa más de 80 horas a la semana en una de esas anónimas oficinas típicas de la administración pública. Sin embargo, entre las sillas de cuero de los años de las bisabuelas, las paredes desteñidas y los tapetes de tráfico pesado del Ministerio del Interior, la viceministra, María Isabel Nieto, no se queja.

Su oficina tiene una ventana que no sólo está hacia la dirección en la que se oculta el sol, sino que además entre las sombras de algunas moles de edificios, del centro de Bogotá, le deja ver a cualquier hora la sonriente mariposa de Negret.

Éste no es un asunto menor, no para una mujer cuya vida política ha estado combinada con una pasión por el arte heredada de su padre, Eduardo Nieto Calderón. Pero sobre todo, no es un asunto menor cuando se tiene que lidiar con reformas a la justicia, con desplazamientos indígenas y casos de trata de personas.

La mariposa de Negret la reconforta, la calma y le recuerda esas tardes de miércoles cuando su padre juntaba a sus seis hermanos en la sala de la casa para presentarles filminas sobre la Tate Gallery de  Londres o el Museo Pompidou de París. “No había plata para llevar a siete hijos de viaje fuera del país”, confiesa jocosamente María Isabel.

Y es que esta mujer, que rinde cuentas todos los lunes por televisión ante lo colombianos sobre los avances de las reformas, que soporta diariamente a los medios con preguntas inquisidoras y trata de atender todos los temas de su agenda, siente una fascinación tal por el arte que, cuando la invitan a una galería, simplemente no va. No porque no tenga tiempo, —excusa que la mayoría de las veces es verdad—, sino porque una galería es a María Isabel Nieto, lo que una joyería era para María Félix. “Me vuelvo loca, me antojo de todo, pero luego me doy cuenta de que no puedo comprar más, las finanzas familiares no alcanzan para tanto”.

Le gusta el arte figurativo y conserva la colección que hizo su padre, un mecenas del arte joven, que para su época estaba liderada por Ariza, Botero y Obregón. Pero además de conservar semejantes tesoros, desde que se casó, ha ido construyendo una colección propia. Así, su biblioteca, su alcoba, su sala están llenas de esculturas de Samudio, de Manuel Hernández, de Maripaz Jaramillo y de Luis Luna, posiblemente al que más admira.

Escogiendo camino

En realidad, no tuvieron que pasar muchas cosas para que la jovencita iniciada en el arte desde niña se volcara hacia la política. Simplemente tuvo que conocer a Luis Carlos Galán.

Después de compartir apartamento en París con Armando Valladares, un ex prisionero político  cubano refugiado con su novio en Francia, y de ser testigo de la creación de la obra que hoy reposa en el comedor de la Casa de Nariño, María Isabel regresó a estudiar a Bogotá. Y fue justamente  una investigación que le pidieron en la Universidad de los Andes sobre el líder político, aún vivo, la que la inyectó para siempre con la inquietud por la política.

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Íntima amiga de Germán Vargas Lleras, por una tradición que venía de familia y de fuerte tendencia liberal, se hizo asesora de la entonces primera dama, Ana Milena Muñoz, luego edil de Chapinero, en donde hizo campaña con Poncho Rentería y sacó más de 5.000 votos por el Partido Liberal. Después se convirtió en  concejal de Bogotá y finalmente Viceministra del Interior. Un puesto en el que, a pesar de perder a muchos amigos y de no tener tiempo, está feliz.

“Me da risa cuando un funcionario público que deja un puesto dice que ya cumplió su ciclo. ¡Mentira! yo podría ser viceministra 10 años y sería feliz”, asegura María Isabel, “porque si te dan un término para hacer las cosas podrías planearlas mejor. No sé cuánto tiempo me voy a quedar, tengo que apurarme a hacer lo que pueda en el menor tiempo posible”.

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Aunque la “Vice”, como le dicen sus compañeros de oficina, parece estar muy convencida de su compromiso con el servicio público, es también consciente de lo desagradecida que es la política. “No sé si me voy a arrepentir”, asegura, “creo que mis hijos están resintiendo mucho la falta de tiempo y me angustia que en el futuro me empiecen a reclamar, porque pasan los días y siempre es lo mismo, nunca sé a qué horas voy a volver a  casa”.

Su tranquilidad está puesta en su marido, quien siempre está muy pendiente de los niños, que ya no son tan niños y empiezan a demandar las atenciones propias de la adolescencia, y de su empleada que es la que cocina y sobre todo la que vela porque nunca falte nada en la despensa. “No sé si se pueda hacer bien los dos papeles”, asegura María Isabel con un tono de sensatez y pesadumbre.

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Su carrera política ha escalado vertiginosamente y, con esa honestidad que la caracteriza y se delata en su amplia sonrisa, admite sin tapujos que el hecho de ser mujer sí le ha traído ventajas. “Como es un medio aún tan masculino, uno puede interlocutar mejor con los políticos”, aunque otras son las cruces que se carguen . “Hay algo muy gracioso  y es que siempre, en el mundo de la política, los hombres creerán que tienes habilidades de ser su secretaria”, explica María Isabel, quien suele recibir sugerencias como: “¡Doctora! por qué no pone el Power Point”, o “¿por qué no escribe usted la relatoría”.

 Menos mal, en general, el trabajo es algo que se le da muy bien a esta mujer que intenta dejar el cigarrillo, que por ese intento ha subido cinco kilos, que admite que el Congreso no es propiamente una pasarela de buen gusto, que le gusta la informalidad en el trato y que los domingos cuando sus hijos se enredan en sus cosas y su marido en las suyas siempre piensa: “¿Será que me voy para la oficina?”.

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En esas tardes de casa, en esas que ahora le resultan escasas, María Isabel Nieto termina por olvidarse de la mariposa de Negret, olvidarse también del pollo ‘radioactivo’ que piden en el Ministerio cuando los fines de semana tienen que trabajar, y más bien se deja cautivar por algún jazz ronco y polísono que emerge de los más de 1.000 discos LP que también heredó de sus padres. Así, mientras oye a Charlie Parker cantar Now is the time, María Isabel Nieto, la viceministra de Justicia, dice en una voz casi imperceptible: “Es que el trabajo no puede convertirse en la vida”, aunque cualquiera que desprevenidamente la oyera creería que más que una verdad, es un intento de convencerse a ella misma.

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