Tribu Baharú es una banda casi distrital. Nació en Bogotá en 2009 y tiene integrantes tanto del Caribe colombiano como de regiones con múltiples influencias sonoras, como Moniquirá. A pesar de que el colectivo se gestó en la capital, sus componentes querían potencializar la champeta alejándose del concepto tradicional y evocando las nostalgias del picó.
La agrupación le dio la vuelta a la champeta picotera, mostró el soukous desde una arista diferente, se bebió la denominada terapia hasta que la transformó en su haber y se preocupó por presentar su producto como si se tratara de un concepto en el que van amarrados los contenidos musicales y las puestas en escena.
“Llegué a Bogotá por un proyecto de rock y los demás integrantes tenían sus propias ocupaciones musicales. Entré cuando la banda dedicaba muchas horas de estudios, pero no se había materializado nada porque Tribu Baharú es la herencia de muchos sueños distintos. Todos estábamos en el mismo viaje de la música, pero con tiquetes diferentes”, dice el baterista César Urueta Figueroa, más conocido en el ámbito champetero como Pocho.
Desde 2010 Tribu Baharú destinó sus esfuerzos a presentar sencillos, hasta que optó por hacerles un regalo a quienes los han seguido con compromiso y sentimiento. Ese obsequio elegante se llama Pal más exigente bailador y es un registro en el que se condensan las ocho canciones más importantes de la banda.
Antes de esta placa, sus integrantes exhibieron dos EP con los que mostraron que su intención era convertirse en un conjunto afrochampetúo del Caribe colombiano. Para ellos, champetúo no es sólo quien le quita las escamas al pescado, es también un buen tipo y, sobre todo, un personaje que se pone impecable para saltar a escena.
“Tratamos de hacer música con conciencia y por eso le cambiamos la vestimenta a la champeta, porque quisimos subirle el nivel al sonido. Para que el folclor evolucione hay que tratarlo bonito y hacer lo posible por sacar un buen sonido para el oyente. En este estilo las cosas se hacían a la ligera, y para nosotros sí era muy claro que no podíamos salir con una mala práctica”, cuenta Urueta, un barranquillero con toda una dinastía musical detrás y a quien le queda imposible disimular que el género que lo mueve de un lado para otro es el rock.
El proceso de grabación del álbum comenzó en 2012 y desde entonces las mezclas, los elementos novedosos en el sonido y la urgencia de convocar nuevos aires africanos coparon sus agendas, casi tanto como la posibilidad de ser invitados a festivales internacionales.
El camino para sonar por fuera tuvo como punto de partido Santiago de Compostela, en España. Luego Tribu Baharú fue invitada a participar en Womex (The World Music Expo), evento al que llegó gracias al poder de tres de sus creaciones emblemáticas: El negro del Caribe, Íngrid y Made in Tribu Baharú.
“A las personas que escogen los grupos en el Womex las llaman los “samuráis”, así que el samurái de turno nos dijo que nuestra música estaba muy ligada al continente africano, que eso que llamábamos champeta, él lo conocía con otro nombre y que le había encantado lo que hacíamos con nuestro formato instrumental”, comenta el músico que se encarga de mantener actualizado el poder del ritmo.
Después del Womex aparecieron otras figuraciones internacionales, como el concierto en el marco del Festival de Jazz de Montreal y su debut masivo en los Panamericanos de Toronto, en Canadá. Esa vitrina tiene a Tribu Baharú en la mira de una disquera inglesa que se encargaría de ampliar las redes de conectividad para la banda.
“El Global Fest es la meta. Queremos catapultarnos hacia el territorio norteamericano. Soñamos con movernos estratégicamente en África, Asia y Europa, donde tenemos personas que nos conocen y que quieren que aterricemos allá con fuerza”, concluye César Urueta.
Mientras las definiciones llegan, Tribu Baharú sigue, como dice una de sus canciones, “sacando roncha y bien montao”.
Tribu Baharú en Bogotá. Jueves 3 de diciembre en Armando Music Hall.