Usted se hizo famoso interpretando a Suso. ¿Cómo se siente ahora ante las cámaras haciendo de sí mismo?
Bien. La gente con la que he hablado dice que les gusta el programa Tu cara me suena. Esto ha sido un reto. Vine a aprender, aportar y disfrutar.
¿Y qué tanto lo regaña su personaje al ver que ahora es usted el que se está haciendo famoso?
No me regaña, porque yo soy el que le da esas cosas. Hay gente que me dice en la calle que tengo cosas de Suso, pero no es así. El que me conoce de toda la vida sabe que yo soy así. Aunque ahora Suso está ofendidísimo porque ya no lo llaman a entrevistas.
¿Y cómo lo ha tratado Bogotá?
Muy bien. Sin embargo, todavía me cuesta un poco el tráfico, que es algo pesado. Los bogotanos me parecen unos berracos, porque duran dentro de un bus hora y media para llegar a su trabajo o su casa, y llegan de buen genio.
El caos vehicular lo molesta, pero no le saca el mal genio. Usted siempre está sonriendo o contando chistes. ¿Qué lo emberraca?
La injusticia y el clasismo me molestan mucho, inclusive por esto me he retirado de muchas mesas. Creo que no importa dónde se nació, lo importante es el ser humano que somos.
¿Ha sufrido ese clasismo?
Claro. Me han mirado cómo estoy vestido o me preguntan sobre el colegio. Yo no niego de dónde vengo ni cómo soy. Yo soy como soy.
¿Y qué tal son esos recuerdos del sitio de donde usted viene? ¿De esa Medellín de su infancia?
Aunque había todo ese asunto de los sicarios, de niño jugué mucho fútbol, eran partidos de tres o cuatro horas en la calle.
Jugaba mucho, pero era regular tres cuartos con el balón…
Nooo. Yo era clasudo. Como buen zurdo me iba bien. Inclusive, jugué un año en las inferiores del Medellín. Era la época en la que vivía en los barrios Santa Cruz y Buenos Aires. Creo que la pobreza es algo que genera creatividad y unión.
¿En qué momento fue consciente de la ola de violencia que vivía Medellín?
Como esos eran barrios populares, la muerte era algo común y uno aprende a vivir con eso. A uno de mis buenos amigos, Néstor Augusto Villegas, lo mataron unos grupos de limpieza y ahí me di cuenta de que también podrían matarme.
Con la madurez de los años y la transformación que ha tenido la capital antioqueña, ¿ahora cómo ve su ciudad?
Esta es una Medellín con gente muy valiente y creo que la alcaldía de Sergio Fajardo hizo una ciudad distinta y abierta al mundo, aunque aún nos falta mucho por hacer. Estoy convencido de que Medellín es la mejor ciudad para vivir en este país, y eso que conozco la mayoría de las capitales de Colombia.
Dicen que usted es melómano y que lo priva la salsa.
Toda la música vieja que pueda haber. La salsa, como buen paisa el tango y todo lo que les gusta a los viejitos. Mi canción favorita es El cantante, de Héctor Lavoe, y en otra vida me gustaría tener el sabor de Óscar D’León.
Además toca el piano. ¿Enamora con la música?
No lo creo, porque nunca he pensado con qué enamoro, simplemente llevo lo que soy y mi sentido del humor.
¿Cuál fue su metida de pata más grande?
He tenido muchas metidas de pata, en televisión he tenido salidas de tono, he juzgado gente sin conocer y eso es un error gravísimo.
¿Cómo se relaja?
Practico yoga.
¿Por qué no come carnes rojas?
Desde niño recuerdo el sonido de la muerte de los cerdos, es algo que me parece muy doloroso y me hizo reflexionar sobre el tema.
Es un aficionado a la literatura, ¿cuál es el escritor más grande del país?
Gabriel García Márquez.
¿Y el político?
Hay gente muy buena y hoy respeto mucho a Jorge Robledo. Me parece que este país no está preparado por ejemplo para Antanas Mockus y creo mucho en Sergio Fajardo.
¿Y Álvaro Uribe?
No me gusta. Respeto a todos los uribistas, pero siento que ha radicalizado un pensamiento en el país en donde aman a Uribe o lo odian. No voy con las ideas del ser humano, lo respeto y a la gente que esté con él, pero no es de mis afectos, aunque tampoco lo odio.