¿Vive a las carreras?
Lo que de joven fue una pasión, con el tiempo se convirtió en un estilo de vida. Hoy vivo en y de las carreras.
¿Cuál es su límite de velocidad?
Diez por ciento más del límite, eso lo aprendí con los miles de kilómetros recorridos por carreteras de todo el mundo, para ir lo más rápido posible sin que me multen.
¿Usa gasolina corriente o extra?
En Bogotá, a 2.600 metros, no es tan importante, pero para viajar, sobre todo a tierra caliente, es indispensable la extra.
¿Cuál ha sido la ‘Fórmula’ de su éxito?
Creer en mis pálpitos y en la gente.
¿Cuál fue su mejor carrera?
Mi primera victoria en la Copa Renault, en 1977, en el desaparecido autódromo Ricardo Mejía. Hice trompo en la lluvia, quedé último y al final me recuperé y pasé la meta de primero.
¿Y la mejor carrera que vio?
La segunda victoria, de siete que logró en la F-1 Juan Pablo Montoya. Fue por las calles de Mónaco, en mayo de 2003. Fuimos con Diego Fernando Mejía los únicos periodistas colombianos presentes, no lo podíamos creer y hoy me parece un sueño.
¿Cuándo supo que Juan Pablo Montoya llegaría a la F-1?
Cuando le ganaba a mi hijo Diego en los karts.
Después de Juan Pablo, ¿quién?
Los fuera de serie se dan pocos en la vida y en el mundo. Espero vivir para conocer el próximo.
¿Y él sí es tan bravo como dicen?
Es una mezcla de timidez y rechazo a las adulaciones que lo hacen ver rudo. En los equipos siempre lo han querido los mecánicos por su buen humor, pero los malos resultados siempre le dañan el genio.
¿Cuándo ve la bandera a cuadros?
Todo el tiempo para lograr cada una de las metas, por pequeñas que sean.
¿Cuál es su Gran Premio?
Mi esposa y mis cuatro hijos.
¿Qué prefiere, estar frente al timón o frente al micrófono?
Son responsabilidades grandes, donde se afecta a otras personas con nuestras actuaciones.
Su mayor emoción en el automovilismo.
Las primeras victorias de mis hijos como pilotos.
¿Fangio, Senna, Schumacher u otro?
Fangio fue la tarjeta de presentación latina en la historia de la F-1; Senna, el más talentoso; Michael Schumacher, el más profesional; Montoya, el mejor competidor y Alonso, el más inteligente.
Una pista.
Spa-Francorchamps, en Bélgica.
Un lugar para conocer.
En Colombia muchos. En Europa siempre recuerdo Koblenz, Alemania, donde desemboca el río Mosela en el Rhin.
¿Qué personaje lo impactó?
Fernando Alonso cuando le hice la primera entrevista en Australia, en 2001, año en el que debutó en la F-1 de la mano de Briatore, en el equipo Minardi. Tenía 19 años, pero fue impactante su madurez, reposo e inteligencia en las respuestas. Nosotros llegábamos con Montoya, que tenía 25 años.
¿Nascar o F-1?
Dos cuentos muy diferentes, cada uno con su grado de dificultad y encanto.
Defina a… Juan Pablo Montoya.
Fuera de serie frente al timón y un niño abajo del carro.
Michael Schumacher.
El más profesional de todos y el más petulante.
Bernie Ecclestone.
Un fuera de serie para soñar y construir negocios en el automovilismo mundial.
Ron Dennis.
Todo un profesional que sabe ver el negocio más allá de la F-1.
Pablo Montoya.
Un piloto que tuvo la fortuna de engendrar un fuera de serie en lo que conocía.
Una pasión oculta.
Ya no es muy oculta: las bicicletas y el ciclismo.
¿Qué lo emociona?
Preparar todo para salir a montar en bicicleta.
¿Prefiere halar el lote o chupar rueda?
Prefiero siempre estar adelante, halando el lote.
¿Cuántas bicicletas tiene?
Tres.
¿Y cuántas veces entrena a la semana?
Seis días. Fui ciclista desde niño y hubiese disfrutado el haber corrido una Vuelta a Colombia, pero mi papá me pintó dos cuadros futuros y me bajé de la bicicleta por el estudio durante unos años. Él propuso, pero yo decidí.