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Superhéroes de El Espectador

Perfiles de los ganadores del Deportista del Año de El Espectador y Telefónica: la atleta Caterine Ibargüen, el nadador Ómar Pinzón, la bicicrossista Mariana Pajón, el gimnasta Jossimar Calvo, el técnico Jaime Cuervo, el ciclista Edwin Ávila, el dirigente Julio Roberto Gómez y el futbolista Radamel Falcao García.

10 de diciembre de 2011 - 05:10 p. m.
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Caterine Ibargüen: la reina del salto triple

La Deportista del Año El Espectador 2011 debe saltar al menos 15,20 metros para ser medallista olímpica en Londres.

Caterine Ibargüen Mena Palacios, una morena de 27 años, 1,80 metros de estatura, 69 kilos de peso y dotada con unas poderosas superpiernas que parecieran tener un kilómetro de largo, se ha quedado sin rivales en América y hoy es una de las mejores triplistas del mundo.

Ante la escultural figura de ébano cayeron doblegadas saltadoras que antes parecían no tener contrincantes en el Nuevo Continente. Tragos amargos de derrota bebieron, a la fuerza, atletas prodigiosas como las cubanas Yargelis Savigne y Mabel Gay, o la brasileña Keila da Silva Costa, un poderoso trío que quedó postrado a los pies de la colombiana.

Las dos primeras entendieron en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, en octubre pasado, que en Caterine tienen una rival de peso. Ella ganó la presea dorada con un salto de 14,92 metros (nuevo récord panamericano) contra los 14,36 de Savigne (quien ostentaba la marca regional con 14,80) y los 14,28 de Gay.

Un mes antes, en el Mundial de Atletismo de Daegu (Corea), Caterine comenzó a inyectarles a las isleñas las primeras dosis de la derrota, al ser la única americana en subirse al podio con un salto de 14,84 (medalla de bronce), a cinco centímetros de la segunda, Olga Rypakova (Kazajistán), y a 10 de la campeona, la ucraniana Olha Saladuha. Gay fue cuarta y Savigne, sexta.

No hay duda, es una ganadora nata. ¿Cómo lo logra?

“La clave es entrenar todos los días y cada día dejo lo mejor de mí en la pista. No dejo nada para el otro día y me esmero por ser la mejor”.

Y como detrás de una gran atleta hay un gran entrenador, Caterine tiene en el cubano Ubaldo Duany parte de la fórmula de su éxito. Con su ojo de viejo zorro, hace tres años este curtido entrenador tomó una decisión que para algunos de sus colegas fue una locura: que su diamante en bruto se cambiara del salto alto, donde también triunfaba, al salto triple. Y ya ven los resultados.

Ese talento, sacrificio e inteligencia de Caterine, sumados a la sabiduría de Duany, tienen a la colombiana en el curubito de la élite mundial del salto triple. Por eso, muchos colombianos ya la candidatizan para el podio olímpico en Londres 2012. Pareciera que no bastara con su hazaña en el mundial de Corea. ¿Lo logrará?

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Con cautela, y siempre con una amplia sonrisa que deja al descubierto dos perfectas filas de finas perlas, Caterine responde como suele hacerlo: “Espero dar lo mejor de mí, y si es posible una medalla, pues orgullosamente será de mi país, pero no me comprometo. Voy a dar lo mejor y daré hasta mi última gota de sudor para hacer una buena presentación en Londres”.

Entonces, la inquietud es para Duany. ¿Cuánto debe saltar Caterine si quiere colgarse una medalla olímpica? Y el viejo zorro contesta sin dudarlo: “Debe estar entre 15,20 y 15,30 metros”.

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Como verán, Caterine no la tiene fácil. Si nos atenemos a los cálculos del asesor técnico, le faltan 21 centímetros (su mejor marca es de 14,99) para llenarse de gloria en agosto de 2012. Pero hay tiempo. Apenas quince días después de terminados los Panamericanos comenzó sus entrenamientos, que intensificará a medida que se acerque la cita londinense, teniendo en cuenta el alto nivel de la competencia.

Por estos días su entrenamiento va en la etapa física, que es la preparación general. Después entrará a la etapa técnica, para terminar con la competitiva, en la que aprovechará para dar los últimos retoques a la prueba en presentaciones como los Iberoamericanos, en mayo del año entrante en Caracas, Venezuela.

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Pero saltar más alto y más lejos que sus antagonistas, tiene su precio: “Lastimosamente mi prueba es muy fuerte y el salto triple me molesta mucho las articulaciones, los tobillos y las rodillas. Cada ocho días me meto en una tina llena de hielo y, con la ayuda de una fisioterapeuta, hago una rutina para evitar esos dolores”.

Caterine no olvida lo desecha que quedó físicamente después de su presentación en los Panamericanos de Guadalajara. “Terminé muy agotada, pero no sé si por la alegría de ganar no sentí el dolor. Ese es el premio”.

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Entonces, ¿el mejor analgésico contra los dolores son las medallas?, le pregunto.

“Siiii”, contesta en medio de una carcajada.

Para esta atleta nacida en Apartadó, Antioquia, el 12 de febrero de 1984, “todas las clasificadas a Londres son rivales fuertes, pero hay que tener mucho cuidado con Yargelis, a pesar de que le gané en los Panamericanos, al igual que con la ucraniana (Olha Saladuha)”.

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La presión surgida por el favoritismo que los colombianos le expresan aún no hace mella en Caterine, una mujer mentalmente muy fuerte, aunque no oculta su malestar porque la rotulen como medallista olímpica. “No me gusta eso y es rico que los colombianos tengan su esperanza en mí y todo esto. Para mí puede ser una presión que trato de evadir y no le doy espacio en mi mente. Hay que esperar a ver qué pasa y que sea lo que Dios quiera”.

Son palabras que dejan ver el carácter de una mujer que prefiere gozársela en las pistas antes que dejarse aplastar por el estrés y la ansiedad que pueda provocar el estar en la mira de miles de personas.

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Por eso, Caterine reflexiona con sabiduría sobre la victoria y la derrota: “Si pierdo y no mejoro mi marca, pero me sentí bien competitiva y físicamente, gano mucha experiencia. Pero cuando ganas con una marca mediocre, es una victoria sin sabor. Entonces, hay derrotas que te dejan grandes experiencias y triunfos que te dejan grandes tristezas”.

Es una reflexión que trae a la memoria la añeja moraleja que Ernest Hemingway nos enseña en El viejo y el mar: “Un hombre puede ser derrotado, pero jamás destruido”.

Por Ricardo Ávila Palacios

Periodista bogotano y abogado en uso de buen retiro. Creador de Tip Legal, con la pretensión de difundir pedagogía jurídica como una forma de servicio a la comunidad de lectores de El Espectador. Autor de los libros “Derecho a la información” (2005) y “La fabulosa historia del atletismo colombiano” (2019). ricardoavilapalaci ravila@elespectador.com
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