Como en el tango de Gardel, ¿70 años no son nada?
No joda, Gardel sólo habló de 60 años (¿O nada más fueron 20?).
¿Siente nostalgia de haber abandonado el 69? Me refiero a ese año, claro).
Digamos que nunca abandonaré el 69, mientras pueda, claro está.
¿Qué hacía entre el 9 y 10 de junio de 1939 cuando nació?
La CIA no ha querido revelármelo, por respeto a la moral y a las buenas costumbres.
¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de niño en su Huelva natal?
La contera del bastón de mi tío Antonio, de quien yo era ahijado y criatura predilecta, y él me apoyaba el bastón en el pecho para que no me acercara a su cama porque se estaba muriendo de tuberculosis y no quería contagiarme. Tenía dos años, pero nadie me lo ha contado, y mi abuela lo corroboró años después, lo de la contera del bastón; aún la siento a veces.
¿Con qué amigo o amiga de infancia le gustaría reencontrarse?
De la infancia no recuerdo amistades, la amistad es algo muy serio y que no está al alcance de los niños, la amistad requiere conciencia.
¿Está de acuerdo con lo que dice uno de sus maestros, Julio Camba: “Septuagenario, palabra terrible tanto por su forma como por su contenido”?
Hay palabras peores en forma y contenido: blenorragia, por ejemplo.
¿Está preparado para envejecer?
Si no lo estaba, me jodí, porque ya estoy viejo.
Si envejecer es cambiar de médicos y de verbos, ¿qué médicos lo miman ahora? ¿Cómo se siente ennieteciendo?
Me miman un internista, un cardiólogo y una neumóloga, y me siento feliz ennieteciendo porque llevo años diciendo que si envejecer es volver a la infancia, cuando sea mayor quiero ser como mi nieto Oskar.
A propósito de Diny, su admirada y admirable mujer neerlandesa: ¿será verdad que uno se casa para tener con quién hablar?
En mi caso, y creo que en el de ella también, seguro nos casamos para tener con quién callar, que es más importante y necesario. Hablar se puede con cualquiera. Decir que uno se casa para tener con quién hablar es algo inexpresablemente obsceno; te desafío a que le digas a la mujer que amas: “Me casé contigo para tener con quién hablar”.
¿Quién es usted?
Alguien que a los 70 años aún sabe indignarse.
¿Más traidor o más traductor?
Nunca traduje, excepto en el terreno profesional; cuando me acerqué a textos literarios todo lo que he intentado lo bauticé como “aproximaciones”.
¿Es muy distinto a aquel que le habría gustado ser?
No sé muy bien qué me hubiera gustado ser además de lo que fui, y no estoy descontento (excesivamente descontento) con el resultado que estoy siendo.
¿El periodismo y la literatura para qué?
Joder, el periodismo para ganarme la vida, y la literatura para escribir mejor periodismo.
¿Le quedó alguna cuenta por saldar con el periodismo cultural que ha hecho?
Nunca entrevisté a Juan Rulfo, pero tengo la excusa de que él me pidió que no lo hiciera, y siempre he sido bastante respetuoso con gente como él.
¿Objetos que siempre lleva con usted?
Pasaporte, gafas, billetera, monedero, llavero, pastillas antiinfarto, dos pañuelos, la foto de mi tumba.
¿El fracaso más creativo que ha tenido?
Es demasiado íntimo, y el secreto no me pertenece a mí solo. Sorry.
¿Qué día de la semana le gusta más?
Una vez jubilado, prácticamente son todos iguales, pero el que más me alegra es el martes, mi jour fixe para almorzar con mi mejor amigo.
¿Libro que desearía haber escrito?
Joder, libro, libro… Bueno, si tiene que ser uno solo, Orgullo y prejuicio (pero no, para escribirlo se necesitaría ser mujer, y aunque adoro a las mujeres no me gustaría haber nacido fémina, se sufre de más, y la vida es ya bastante jodida sin necesidad de eso. Digamos, entonces, que La isla del tesoro.
¿Sigue a pie juntillas las sugerencias de su horóscopo?
Mí ser mucho bruto, mí no saber griego…
¿La habilidad manual que le gustaría tener?
Masturbarme con la mano zurda.
¿Persona que más admira?
¿Una sola? Gandhi.
¿En quién le gustaría reencarnar?
En mi padre o en mi nieto Oskar.
¿Su plato favorito?
Huevos a la flamenca, si están bien hechos, con tutti. Huuum…
¿Se sale fácilmente de sus casillas?
Tengo poca paciencia con los imbéciles y con las computadoras que deciden hacer huelgas de celo (hijas de puta).
¿Mejor consejo que ha oído?
Hay que inmiscuirse (lo aprendí de Böll, en su Bienvenida, intromisión).
¿Mejor consejo que ha dado?
A una persona, de que no se casara con otra: lo malo es que no me hizo caso y lo pagó bastante caro.
¿Propósito que siempre se ha hecho y que no ha cumplido?
No contestar en serio cuestionarios como este.
¿De qué le gustaría morir?
De qué, no sé, pero sí que me gustaría morir durmiendo.
¿Y tiene listo su epitafio?
Sí, joder, pero ten paciencia para esperar a leerlo. Te prometo no hacerte esperar demasiado, si bien ya sabes que no todo depende de mí. Y sea como fuere te he proporcionado un material boccato di cardinali para la necrológica que me vas a dedicar.