Luis Guillermo Velásquez es un hombre de negocios que vive entre tablas de Excel, reuniones, asesorías, corbatas y un pensamiento cartesiano. Hace 20 años el vino lo cautivó y desde entonces se dedicó a estudiarlo y sobre todo a gozárselo. El primer contacto realmente relevante que tuvo con esta bebida fue asesorando una empresa importadora de vinos, en el tiempo en que sólo se conocían cuatro marcas en Colombia.
Este fue el comienzo de una carrera comparada a la que un sommelier puede hacer, sólo que la hizo de manera autodidacta, leyendo mucho, recorriendo las rutas del vino, visitando bodegas y asistiendo a ferias internacionales. El otro aspecto que le interesaba del vino es toda la historia, la diversidad y la cultura que lo acompañan. Era el hobby que había estado esperando y finalmente lo descubrió.
Como buen economista, le gusta organizar los datos, sacar estadísticas y sacar tablas y gráficas. Sus notas de cata no podían escapar a este orden y poco a poco empezó a ingeniarse un software interactivo que las registrara y que le permitiera tener una cava virtual con los vinos clasificados por fecha, etiqueta, procedencia, entre muchos otros aspectos.
Para Velásquez, destapar una botella de vino es todo un ritual que requiere de un cierto tipo de objetos especializados y de una preparación para realizar la ceremonia. Por ejemplo, se puede empezar con un buen decantador, que es el recipiente de vidrio que anticipa la copa para que el vino se abra, respire y suelte todos sus aromas. “Al vino hay que trabajarle, coquetearle y seguirle coqueteando para que entregue todo lo que tiene en su interior”.
De una manera práctica, sencilla y sin palabras complicadas, va llevando a sus lectores a entender y a acercarse al fascinante mundo del vino, que puede ser de todos. Desde las estaciones que influyen en el ciclo biológico de la vid, la elaboración del vino, las características de algunas variedades, hasta lograr diferenciar la textura, los olores y los diferentes sabores que se encuentran en una copa. Asimismo, el libro viene con un código que permite el acceso a una cata de vinos en línea.
Y así, a pesar de tener todo computarizado, de tener todo entre números, de organizar las etiquetas y tener las clasificaciones ordenadas, lo que prima es que es ante todo un romántico empedernido del vino.