Las imágenes abrieron noticieros en esos días de febrero de 1998. Centenares de padres furiosos se alineaban en interminables filas esperando inscribir a sus hijos en los colegios distritales de Bogotá. Aunque los funcionarios le advirtieron no anunciar públicamente el inicio de matrículas porque no había suficientes cupos, la entonces secretaria distrital Cecilia María Vélez no hizo caso.
Al final, aunque no pudieron suplir toda la demanda, aprendieron que muchos niños viajaban horas para estudiar y que había necesidad de cupos en Bogotá. Hoy desde el Ministerio de Educación, recuerda esos días casi como una locura. “Era la única manera en ese momento de saber dónde estaban los niños en Bogotá y en qué condiciones estudiaban”.
Vélez completa este año una década en el sector de la educación. Con seis años en la cartera, es la Ministra que más tiempo ha permanecido en un cargo que tenía un promedio histórico de seis meses de gestión por ministro. Y aunque hoy no levanta tanto revuelo como al principio de su administración, todavía es percibida como una mujer recia que ha dado batallas necesarias.
Diez años atrás, cuando Enrique Peñalosa estaba en vísperas de posesionarse como alcalde de Bogotá, la hoja de ruta de su vida marcaba otro destino. Cecilia María Vélez había trabajado algún tiempo en la embajada británica junto a Noemí Sanín, estaba casada y su vida parecía estar enfocada al estudio macroeconómico.
Todo indicaba que viajaría a Ecuador para radicarse allá. Pero el 31 de diciembre de 1997 recibió una llamada del alcalde electo, Enrique Peñalosa, para que aceptara la Secretaría de Educación. La invitación combinó dos elementos que la convencieron de salir por un momento de las curvas y planeaciones, a una tarea más ejecutiva. Por una parte, la curiosidad de experimentar los cambios que había implementado desde Planeación Nacional. “Entre el 90 y el 94 trabajé, junto a Juan Luis Londoño en la descentralización administrativa para los sectores salud y educación. Por eso, me encantó la idea de ver cómo había quedado desde la Secretaría lo que nosotros habíamos reglamentado”. Por otro lado, la influencia que recibió de su madre, educadora y líder del sector en Antioquia, convirtió la propuesta en un llamado.
Cuando mira para atrás reconoce que la labor no ha sido fácil. Las cifras de cobertura para la educación básica y media hablan a su favor, pues pasó del 82% en 2002 al 94% en 2007. En educación superior aumentó un 10% en este mismo lapso, aunque para los expertos en el sector, el énfasis de su administración ha estado más en la cobertura que en la calidad. “Así como la Ministra tiene un carácter fuerte y habla duro, no casa peleas en las universidades. No hay figuras en el Ministerio que cuestionen el desempeño académico de las universidades”, afirma Carlos Mario Lopera, experto en educación superior.
Cuando Vélez habla de su visión de la educación, en la que el niño es el centro y en la que la calidad y eficiencia no sólo académica sino también humana son la prioridad, no se puede obviar que a pesar de ser economista, la educación marcó la vida de la familia Vélez White.
Doña Gabriela White de Vélez fue educadora, maestra en Frontino, Antioquia, y su hermana Mercedes se dedica a la docencia en la Universidad Nacional. Entonces, aunque la actual Ministra haya llegado “por coincidencia” a este sector, en realidad, este destino pudo haber sido parte de las leyes de compensación del Universo, según las cuales las labores que una persona deja pendientes, sus descendientes las culminan: Doña Gabriela fue arrancada de su familia, secuestrada y asesinada en 1991 por las Farc que actuaban en Antioquia, al igual que sus dos hijos varones algunos años más tarde.
Entre Medellín y Frontino pasó su infancia. En las largas jornadas de viaje hacia la finca, su madre usaba la música para tranquilizarla a ella y a sus hermanos, y evitar el mareo. “Yo me sé todas las canciones del mundo, pero en versión de mi mamá. Ella nos hacía cantar las siete horas de viaje hacia la finca. Por eso salí tan bohemia”. Ese gusto por la fiesta lo disfrutan sus amigos de siempre, pues a pesar de su ocupada agenda, saca un rato para ellos, y guitarra en mano hace gala de su memoria musical, “aunque María Consuelo Araújo, su compañera de canto, se queja de que a Cecilia sólo le gustan las viejeras”, afirma Jorge Orlando Melo, amigo cercano de Vélez.
“Es una mujer muy leal. Sus amistades no tienen restricciones ideológicas, continúa Melo, quien vivió muy de cerca la incondicionalidad de Cecilia María cuando su esposa cayó gravemente enferma. “Ya Cecilia estaba trabajando a ese ritmo frenético, pero hasta el final vino diariamente a visitar a Clarita”.
Así, incondicional y abierta, es su relación con su hija Paula, quien desde hace algunos años vive fuera del país. De ella, en Bogotá hay un gato gringo que con muchas dificultades se deja consentir, pero que recuerda el espíritu libre y alegre que le inculcó Vélez a su única hija.
Su faceta personal hace parte de un mundo que guarda con recelo. No hace alarde de nada relacionado con su familia, por más relevante, conmovedor o mediático que sea. Salvo por asuntos que tengan que ver con su cartera, no habla de su vida ni de su hija públicamente. “Paula y yo tenemos un acuerdo tácito. Ella no aparece en medios”, por eso sólo aceptó que se publicara una foto muy vieja de las dos, de hace casi 20 años. Su discreción mediática ha sido, sin duda, uno de los elementos que mejor hablan de su visión del poder.
Lograr un tiempo para encontrarla en su casa no fue fácil. Ni los sábados tiene tiempo porque no se pierde los consejos comunales, según afirma: “Es clave, pues es cuando trabajo con los secretarios de educación, quienes tienen mucha autonomía gracias al proceso de descentralización”.
En su apartamento en el centro de Bogotá, casi incrustado en el verde cerro de Monserrate, habla de su afición por la lectura a pesar de la falta de tiempo. Entre viaje y viaje ha ido leyendo la obra de Doris Lessing, que la tiene atrapada. “Leo en los aviones y en los aeropuertos. Aunque ahora estoy armando mi biblioteca para cuando esto se acabe y me pueda dedicar a leer”. ¿Y una segunda reelección? (la pregunta es casi obligada). “¡Huy!, yo sigo armando mi biblioteca para el tiempo libre”, Así, con su sentido del humor, cierra el tema sin decir si el presidente Uribe sí pero ella no. Ni todo lo contrario.