Sin duda alguna Clara López Obregón es uno de los personajes del año. Desde que asumió la alcaldía de Bogotá en junio de este año, los habitantes de la ciudad sienten que tienen en el Palacio Liévano a una persona trabajadora, seria, honesta, inteligente, preparada. Los adjetivos calificativos son pocos cuando se trata de describir a un estupendo ser humano con dos carreras profesionales: Derecho y Economía, graduada con honores en la Universidad de Harvard. Y como si eso fuera poco, con dos doctorados.
Proviene Clara López de unas familias prestantes, López y Obregón, que han estado vinculadas a la política y al arte en la reciente historia de Colombia. Y tal vez por eso es que Clara, siendo lo que llaman una niña bien, desde joven se matriculó con causas como protestar en Estados Unidos —en donde se graduó como bachiller— en contra de la guerra de Vietnam. Militó en el Partido Liberal y trabajó de cerca con el líder asesinado Luis Carlos Galán. Actualmente pertenece al Polo Democrático. Pero esas militancias no son nada distinto al reflejo del alma de una persona que cree firmemente en la democracia plena y participativa. Su situación privilegiada le ha hecho ver que solamente mediante la educación las sociedades pueden dejar atrás la pobreza y el atraso. Y eso es lo que la hace una verdadera liberal de espíritu, de pensamiento, de filosofía cotidiana.
Dicen sus colaboradores inmediatos en la Alcaldía que Clara López no deja nada al azar. Que agarra cada tema como propio y que estudia a fondo los asuntos que le competen como alcaldesa. Y claro, algunos sostienen que es “muy controladora”. Pero también señalan que jamás se le oye pegar un grito o soltar una palabra ofensiva. Es calmada, oye con paciencia y constantemente hace las preguntas que toca sobre cualquier asunto que pase por sus manos. “No hay un solo tema que le quede grande”, afirma una persona cercana a ella. Como tampoco le quedó grande en su momento militar activamente en la Unión Patriótica, precisamente cuando todos los líderes de esa colectividad estaban siendo asesinados por el paramilitarismo.
Pese a todas sus ocupaciones, con persistencia y amor, siempre tiene tiempo para estar al lado de su esposo Carlos Romero, un samario “comunista” (como le dicen algunos), que desde que nació ha militado en la izquierda. Clara López sostiene que ella almuerza todos los días con Carlos, porque cuando las esposas no llenan esos espacios, los podrían ocupar otras. Eso lo asegura con muy buen humor, pues ese es otro de los síntomas que la caracterizan. Es tal vez una de las personas más ingeniosas que uno podría conocer. Y dicen que humor e inteligencia van de la mano. Eso sí que resulta cierto cuando hablamos de Clara López Obregón.
Como toda la familia López, adora los vallenatos y los canta melodiosamente al lado de su esposo. Ha logrado con una elegancia única mezclar la cosa cachaca de ella con la costeña de su esposo. Y eso resulta especialmente cierto cuando se trata de temas como la comida, pues en la casa de Clara López bien podría uno encontrarse un pastelito de yuca regiamente servido con un toque de Crème fraîche. Pero como todo ser humano, Clara López tiene un secreto que guarda celosamente: fuma a escondidas.
Muchas cosas más podríamos decir a nuestra alcaldesa, quien sale con una popularidad altísima que la deja lista para aspirar a más altos destinos. Y sí, me refiero a que no sería extraño que Clara López Obregón sea algún día la primera mujer presidenta de Colombia.