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Vinos para camaleones

Jean Bousquet lo dejó todo en su natal Francia por empezar de nuevo en Argentina.

19 de septiembre de 2008 - 08:51 p. m.
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Cambiar de rumbo cuando se ha recorrido más de la mitad de la vida puede suponer rasgos de locura, porque es clavarse en aguas inciertas y atribuirse los poderes de la rebeldía en la juventud.

Este es el caso de Jean Bousquet, un francés del sur de 60 años, proveniente de una familia vinicultora, que hace 10 años decidió girar a babor. Desde pequeño mostró un carácter recio y contestatario y a los 23 años se peleó con su padre y se fue definitivamente de la casa. Compró una finca abandonada y la trabajó laboriosamente durante 25 años. Producía vinos de calidad limitada, comunes y para el diario, porque al lado del mar no había una temperatura óptima.

Las vacaciones de verano las pasaba en el mar y las de invierno las dedicaba a visitar viñedos por el mundo para aprender. En una de ellas visitó los viñedos en Argentina por primera vez y fue como recibir un golpe de Cupido, directo y fulminante. Quedó enamorado de este país y al final del viaje resolvió vender su finca en Carcasonne, Francia, y radicarse en Argentina.

 No era de extrañarse que fuera tildado de loco en los dos países. Bousquet compró, en plena crisis argentina, una tierra en el pueblito de Tupungato, casi desértico y con alacranes, y vendió su casa y su viñedo francés a un precio inferior. Como buen visionario, sintió que en esa tierra de nadie podía crear un viñedo. En Francia su familia estaba en contra y no entendían por qué después de tener un castillo con ocho habitaciones, vivía en una habitación de 3×4 metros.

“Fue como empezar de cero. Luchar, pelear da fuerza, da vida y jovialidad”, asegura Bousquet.

Hoy en día, esa tierra baldía es la casa de Camaleón, una bodega artesanal que produce un millón de botellas entre Chardonnay, champaña, cosecha tardía de Malbec, entre otros.

A Bousquet no le gusta funcionar como un típico hombre de negocios distante. Sus clientes suelen ser sus socios y hasta se convierten en sus amigos. Lo visitan en su bodega para crear vinos a medida que resulten de las expectativas de cada país. Sus elucubraciones nocturnas, así como las de un matemático por resolver una fórmula, son globos echados al aire de cómo hará su próxima creación. Bousquet hace honor al nombre de sus vinos por tener las características de un Camaleón.

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